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No es trabajo, la prostitución es opresión

Barrio donde se ejerce la prostitución en la calle.

Laura Berja

Portavoz de Igualdad del PSOE en el Congreso —

La Tertulia Feminista Les Comadres daba la voz de alerta. Las compañeras asturianas suelen ser pioneras en la reivindicación y en la denuncia pública y gracias a ellas descubrimos acontecimientos reprobables que atentan contras los derechos de las mujeres. El día 6 de agosto hacían público su absoluto rechazo al curso “Jornadas sobre trabajo sexual”, programado por la Universidade Da Coruña.

El jueves 19 y 20 de septiembre, en la facultad de sociología de la Universidade da Coruña en el Campus de Elviña se celebrarán, si nadie lo impide, unas jornadas que promocionan no el trabajo sexual, sino la prostitución. El trabajo sexual no existe, utilizar terminología laboral para hacer alusión a un sistema de opresión sobre las mujeres es la fórmula que han encontrado los proxenetas y prostituidores de blanquear lo que supone la esclavitud del presente.

Durante siglos, los sindicatos y trabajadores y trabajadoras han reivindicado un trabajo digno y en condiciones saludables. No se puede hablar de trabajo cuando la prostitución es la mercantilización de los cuerpos de las mujeres, la posesión de nuestros cuerpos, y un ejercicio de poder basado en el dominio de las mujeres. La prostitución supone condiciones que atentan contra la salud física, psicológica y social de las mujeres; supone poner en riesgo nuestra seguridad y nuestra propia vida, y supone pobreza extrema, violaciones y esclavitud. Carole Pateman la definió como una práctica por la que los hombres se aseguran el acceso grupal y reglado al cuerpo de las mujeres.

La prostitución es inseparable de la trata con fines de explotación sexual, porque es la propia prostitución la que encubre la trata. Es el escaparate de la prostitución el que utilizan las mafias para tratar a las mujeres y niñas. La ONU nos dice que el 80% de la trata mundial se realiza con fines de explotación sexual y el 90% de este porcentaje tiene como víctimas a mujeres y niñas. Existe poca investigación sobre prostitución y este dato ya en sí es relevante, pero los estudios realizados apuntan que la legalización de la prostitución solo acarrea más redes de trata (Does Legalized Prostitution Increase Human Trafficking, World Development, Volumen 41, January 2013, páginas 67-82).

Y dicho todo esto, ¿es un debate lo que propone la Universidade da Coruña? “Jornadas sobre trabajo sexual” no es un debate universitario, sino una campaña publicitaria sobre la prostitución y toda la trama opresiva que la envuelve. Y no, no hay debate si con el mismo lo que se pretende legitimar son prácticas que vulneran los derechos humanos, con el agravante de que quien lo promueve es una universidad pública.

La terminología que utiliza todo el sistema que prostituye a las mujeres es economicista y, nunca mejor dicho, no es gratis. Amelia Valcárcel nos avisaba, en un Feminario en Córdoba, que utilizar expresiones como “industria del sexo” autoriza el mercadeo de mujeres y absuelve a los responsables de la prostitución: los prostituidores y próxenetas. En el cartel de las Jornadas, una de las ponencias se titula “Inmigración y prostitución: proyectos migratorios e industria de rescate”. Llamar industria de rescate a la prostitución es poco menos que intolerable. No solo por aceptar que la prostitución es una industria, sino por ofrecerla como rescate. Rescate es sinónimo de salida, de oportunidad, de liberación, de salvación. Es indigno que una universidad pública ofrezca como salida a las mujeres migradas la prostitución y que dicho contenido formativo tenga como destinatarias a las universitarias y universitarios.

España tiene un sistema universitario de alta calidad en el que durante décadas se han abierto paso, no sin dificultad, contenidos feministas y estudios de género. El fin es promover una sociedad más igualitaria, que identifique el machismo y rechace la violencia hacia las mujeres. La prostitución es una forma de violencia contra las mujeres, por lo que no tiene cabida entre los contenidos universitarios. La universidad forma a la sociedad, no la deforma.

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