España, la nuestra, la suya y las cajas de cerillas

Carlos Lesmes, durante la jura de su cargo, en 2013.

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Cada día encienden decenas de cerillas junto a bidones de gasolina buscando que prendan. La estrategia siempre dio al clan de la derecha española grandes beneficios. Por sus muchos resultados tangibles e incluso por el humo de distracción que generan. Vivimos un momento crítico: una pandemia que contabiliza este martes un millón de víctimas mortales. El primer confinamiento mundial de la historia para frenar los contagios a falta aún de tratamientos efectivos. Y luego tenemos… España. La suya y la nuestra.

Así me he despertado hoy, oyendo cómo en un informativo de radio mezclaban el millón de muertos por COVID-19 con el independentismo catalán, Torra, el Tribunal Supremo y el Madrid de Ayuso que juega "una partida de ajedrez" con el ministro Salvador Illa. La naturaleza no había encendido todavía las luces del sol y ya ardían algunas cerillas.

Un tribunal administrativo, la Junta Electoral Central, inhabilita al presidente de una Comunidad autónoma. El de Catalunya, Quim Torra, por haber desobedecido sus órdenes de no quitar un cartel pidiendo la libertad de los presos del procés y algunos lazos amarillos. La JEC consideró que era partidista, aunque ese sentimiento y esa petición la compartieran varias formaciones políticas.

Explica Javier Pérez Royo, catedrático de derecho constitucional, que ese órgano no es competente para sentenciar un delito de desobediencia. Opinión que comparte Antonio Martín Pallín, magistrado que fuera precisamente del Supremo. Pero a los cerilleros pirómanos les ha dado igual.

Lanzados en tromba, satisfechos sus rencores, exultantes porque han vencido, celebran la decisión del Supremo. Dice Carlos Alsina en Onda Cero de Quim Torra: "La historia tampoco le absolverá". Confirma pues que no se trataba tanto de una desobediencia puntual y un cartel, sino de condenar toda una trayectoria, de principio a fin, incluso un movimiento colectivo. ABC rebosa felicidad en su sentencia, la de su España. Inhabilitado y amortizado, rotula. Miles de cerillas prendidas compiten informativamente con el millón mundial de muertos por el virus.

Y va prendiendo la indignación. Al escuchar a quienes comentan con altanería y desprecio cualquier cosa que no compatibilice con su España, sin respeto alguno por sus ciudadanos. Catalunya no les gusta en absoluto y, si es independentista, la aborrecen. Desde sus púlpitos son incapaces de entender la dignidad de un pueblo que mantiene sus ideales a través de los siglos incluso y que ha sufrido puño de acero en los últimos tres años. La letra pequeña les sobra en los trazos gruesos y ni esos quieren ver.

Y los hay. La Junta Electoral tuvo de portavoz cualificado durante el año a Pablo Casado, presidente del PP. Él fue quien "consiguió" en enero que la Junta inhabilitará a Torra, dice con razón, y quien informó de la inhabilitación de Oriol Junqueras antes de que terminase la reunión de la Junta Electoral. Ciudadanos por su parte tenia a un vocal de la JEC a sueldo que resolvía sus recursos.

Torra, inhabilitado por desobedecer y no quitar un cartel y Díaz Ayuso, al mando con su equipo que flipaba colorines y decidiendo arriesgadamente sobre la salud de los ciudadanos. No es una partida de ajedrez, es un juego de trileros. Ayuso, Casado, Aguado, no paran de mentir, mientras Arrimadas en la sombra lanza pullas al Gobierno y no mueve un dedo. Ninguna opinión de expertos avala a Ayuso, solo sus correligionarios y asociados en intereses.

En Madrid estamos en peligro. Lo dice el Ministerio, que sigue sin tomar decisiones rotundas para salvarnos y lo sentimos en la propia piel. El principio de acuerdo de a cup of relaxing coffee para todos los municipios de más de 100.000 habitantes al que se ha llegado en la noche de este martes no resulta especialmente tranquilizador. Viene con trampa, dado que las únicas diez ciudades españolas afectadas por los criterios de Sanidad para aplicar restricciones están en Madrid, pero andar con tretas por contentar a Ayuso, Casado y al PP no se entiende, no es serio, cuando Madrid es el problema que más preocupa por su mayor incidencia en toda Europa.

Cunde la inquietud al ver ya la saturación de la Sanidad Pública, las carencias de la Atención Primaria que provocan un sentimiento de indefensión y el caos que dirige en Madrid la pandemia. Si hasta les dimitió el portavoz de consenso en 48 horas y los cómplices políticos y mediáticos apenas han dicho nada. Al ver también con qué desfachatez se miente desde la cúpula. Con verdadera entrega, Ana Pastor, médica de formación que antepone su lugar a la sombra del poder en el PP.  Es incompatible pensar en la salud de las personas y alterar de tal forma la realidad para evitar las soluciones necesarias. No se salva la "economía", como prioriza Ayuso, sin tratar de contener la pandemia. Es una falacia que sea posible. Añadamos que con su gestión no va a mejorar precisamente ni una ni otra. ¿Quién va a venir a invertir a Madrid con Ayuso al frente digan lo que digan sus apoyos? Arden y arden las cerillas con tanto embrollo suelto.

Mientras escribo, salta la noticia de que la Audiencia Nacional absuelve a Rodrigo Rato y al resto de acusados en el juicio por la salida a Bolsa de Bankia. Ese banco que rescatamos y ha adquirido la Caixa en tan ventajosas condiciones. La plataforma 15MpaRato explica que el Tribunal Supremo llegó a ordenar que se devolviese el dinero a todos los estafados por las "graves inexactitudes" del folleto. "La justicia dice ahora que hubo estafa, pero que se hizo sola", aclaran estupefactos. Sigue la investigación de la Kitchen. Villarejo canta: "el barbas" estaba en la fila de trincar sobres; Soraya Sáenz de Santamaría ponía micrófonos para espiar en el Congreso y donde le pareciera y los medios miraban a Torra y a Iglesias. Desde su España a la nuestra. La justicia es igual para todos y, mientras, arden y arden las cerillas.

Tienen su rey también, y el titular debería ser consciente de la poca ayuda que le presta tan sectaria adoración interesada. Sánchez "consiente" los "ataques" de los ministros por su malestar con el rey, soltaba ABC en portada. Ya tiene a periodistas que dirigen el foco de culpabilidad: en RTVE, desde luego. Reiteradamente. Lesmes, el presidente caducado del caducado Consejo General del Poder Judicial, cambiando fechas de su acto en Barcelona a ver si atinaba bien con la cerilla, con la hoguera. Hasta el 1 de octubre barajaron, como contó Esther Palomera. Y Sánchez y Calvo, entretanto, andaban a ver si salvaban de salto en salto al rey de forma discreta, que no se enteraran ni los lenguaraces ministros de Unidas Podemos.

Ya no es una hoguera, es un río caudaloso, una inundación que nos anega. Si algo queda claro es que a todos los responsables no los absolverá la historia, a estos sí que no. Pero ¿de qué nos servirá muertos o enfermos… o tan crispados que nos consumimos? Porque en realidad es eso en lo que trabajan. En lo de su España que no es la nuestra, afortunadamente por lo menos. Aunque esto de querer tener por armas el raciocinio y la conciencia frente a la crispación y la puñalada trapera termina por no ser buen negocio.

 

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29 de septiembre de 2020 - 23:21 h

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