Pacto PSOE-ERC, ahora empieza lo difícil

ERC sigue en el "no" a Sánchez e insiste en una mesa entre gobiernos

En el pacto que PSOE y ERC han negociado durante semanas, un acuerdo que ataron más pronto y con menos tensiones de lo que los republicanos decían públicamente, se ha buscado un equilibrio que permite a ambas partes subrayar que por primera vez hay dos partidos que intentan explorar una vía de diálogo para encauzar el mal llamado conflicto catalán. Mal llamado porque esta es una crisis constitucional y como tal es un conflicto español.

El acuerdo dado a conocer este jueves ha recibido un apoyo masivo por parte de ERC, en una prueba más del control que Oriol Junqueras y su equipo tienen sobre los cuadros del partido y del ascendente evidente sobre sus bases, nada que ver con las etapas en las que en ERC volaban los cuchillos. Esa unidad interna será imprescindible para hacer frente a la campaña de desprestigio que recibirán por parte de sus todavía socios en el Govern, con un Carles Puigdemont crecido (motivos no le faltan), y una hiperventilación en las redes que en episodios anteriores ya se ha demostrado letal para los intereses de las fuerzas secesionistas.

Los negociadores del acuerdo, tanto los socialistas como los republicanos, han sido hábiles a la hora de encontrar un redactado que les permite explicar el pacto como más les convenga para frenar a los independentistas que tildan a ERC de traidores así como a la derecha política y mediática que acusa a Sánchez de poco menos que de permitir la secesión de Catalunya. Tal vez el problema es que no les gusta roja y menos aún con tintes morados.

El redactado del pacto es lo suficientemente ambiguo para que PSOE y ERC puedan empezar a trabajar, aunque es un arma de doble filo porque a la larga podría convertirse en un escollo si a unos u otros les tiemblan las piernas (o empiezan a aparecer sondeos desfavorables). Una frase resume el espíritu del texto."[La mesa] trabajará sin más límites que el respeto a los instrumentos y a los principios que rigen el ordenamiento democrático". Es decir, el Gobierno de Pedro Sánchez podrá esgrimir los límites constitucionales y negar una consulta que implique preguntar por la independencia mientras que ERC defenderá, como ya ha hecho Pere Aragonés en las últimas horas, que en la mesa se pueda debatir sobre un referéndum de autodeterminación.

Los republicanos, a diferencia de otros sectores del independentismo, consideran que no tiene sentido ir permanentemente contra las rocas y que hay que intentar explorar un acuerdo que tal vez no contente a una parte de su electorado pero que es imprescindible para que Catalunya no siga instalada en el colapso permanente. Tal vez con este acuerdo no se encuentre una solución. Pero la alternativa, unas terceras elecciones, no resolvería el problema y podría agravarlo aún más.

El acuerdo señala también que la mesa empezará a trabajar dos semanas después de la formación del nuevo Ejecutivo. La cuestión es que a estas alturas nadie sabe quién y cómo va a sentarse en nombre de la parte catalana. Para empezar, el presidente de la Generalitat, que no sabe cuánto tiempo le queda en el cargo, no reconoce esa mesa. Tampoco su partido y parte fundamental del Govern. Sí, es un poco la parte contratante de la primera parte.

El Govern agoniza y por sus evidentes contradicciones no está en las mejores condiciones para negociar nada. La alternativa a estas alturas pasaría por adelantar las elecciones aunque está demostrado que eso no es sinónimo de que las cosas mejoren. El último sondeo del Centre d'Estudis d'Opinió, el conocido como CIS catalán, apuntaba a que ERC ganaría claramente los comicios, con un independentismo al alza, y que podría escoger entre repetir una alianza con Junts per Catalunya u optar por un tripartito de izquierdas con PSC y comuns. De optar por la segunda opción, ¿seguiría prometiendo un referéndum de autodeterminación? Tal vez en eso han pensado también los negociadores, al menos los discretos interlocutores del PSC.

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