Vox y Hitler

El presidente de la Xunta y del PP de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, atiende a la prensa en San Cibrao das Viñas (Ourense) a su salida de una visita a la fábrica de Aceites Abril. EFE/ Brais Lorenzo

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Quienes aún creen en la dignidad de la política quedaron estupefactos este miércoles cuando, en sesión parlamentaria, un diputado de Vox equiparó al presidente Sánchez con Hitler y al ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, con el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels. Jaleado por su bancada, el diputado, José María Sánchez, espetó a Bolaños: “Es usted un propagandista que deja en un párvulo alumno al doctor Goebbels. Usted está al servicio de un sujeto que, manteniendo el símil, podemos decir que es como el Führer”. ¿En qué se basaba para hacer ese “símil” entre un presidente de un país democrático y el responsable del mayor genocidio de la historia? En que, según sus palabras, el Gobierno español gasta más de 70 millones de euros anuales de los Presupuestos en “propaganda”.

La pretensión del diputado Sánchez, catedrático de Derecho Canónico y juez en excedencia, era, obviamente, insultar al jefe del Gobierno y al ministro de la Presidencia, en una trasgresión sin precedentes de las formas parlamentarias. Pero sus palabras resultaron también ofensivas para los millones de víctimas del nazismo, entre ellas seis millones de judíos, por la extraordinaria banalización que hacían de un régimen de terror sin parangón que asoló y sembró de luto a Europa. Situar a Hitler en el mismo nivel que el jefe del Ejecutivo constituye una aberración moral que solo contribuye a frivolizar la imagen de un genocida al que las sociedades democráticas deberían mantener celosamente en una categoría aparte, como símbolo supremo del mal, para que las futuras generaciones no tengan dudas sobre lo que está en juego cuando las democracias se tambalean.

Este tipo de reflexiones parecen importar bien poco a Vox.  Al cierre de esta columna, la única reacción de la formación ultra a la intervención del diputado Sánchez había partido de la portavoz en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, quien dijo que hay que ser “cuidadosos” para “no banalizar algo tan grave como ha sido el nazismo”, aunque señaló a renglón seguido, sin el menor pudor, que las palabras de su compañero de filas se habían “malinterpretado” y “exagerado”. 

El día anterior a este incidente, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en una intervención por videoconferencia ante el Congreso de los Diputados, había equiparado la intervención rusa en su país con el bombardeo de Gernika en 1937, en el que la aviación nazi y la fascista italiana, al servicio de Franco en la Guerra Civil, sembraron de terror la ciudad vasca y dejaron un número de muertos que oscila entre los 150 y los 2.000, según las distintas fuentes historiográficas. A los diputados de Vox, que han mantenido hasta ahora una posición de apoyo a Ucrania, no les quedó más remedio que ovacionar de pie a Zelenski, pero posteriormente Santiago Abascal afirmó que habría sido “más acertado” comparar la invasión rusa con la matanza de Paracuellos, con la invasión napoleónica o con ETA. Con cualquier cosa, menos con un vil ataque a la población civil perpetrado por los aviadores de Hitler y Mussolini en un ensayo macabro de lo que harían poco después en la Segunda Guerra Mundial.

Lo realmente grave es que el discurso de Vox va calando en parte de la sociedad y de los medios de comunicación, como se puso de manifiesto en un programa de Tele 5 en que una contertulia, refiriéndose a los sucesos de Gernika, afirmó que “ni el que bombardeaba era malo ni los bombardeados eran tan buenos”. Una barbaridad de la que se desmarcó la cadena a raíz del revuelo causado, pero que evidenció los espacios que está ganando en medios ‘mainstream’ la ultraderecha para difundir sus desquiciados mensajes. A propósito, y ya que al diputado Sánchez le preocupa tanto el gasto del Gobierno central en “propaganda”, debería decir algo sobre las generosas ayudas que recibe desde instituciones controladas por la derecha el portal digital para el que trabaja la periodista, pese a su insignificante difusión.

La Mesa del Congreso ordenó retirar del Diario de Sesiones, por “falta de educación y decoro”, las palabras ofensivas del diputado Sánchez. Lo deseable ahora sería que este se disculpara con el presidente del Gobierno y el ministro de la Presidencia, así como con las víctimas del nazismo, pero difícilmente se va a producir tal acto de contrición, sobre todo cuando Vox ya ha demostrado que desconoce cualquier límite en su estrategia para desestabilizar al Gobierno y caldear el ambiente político con el fin de pescar electores en el río revuelto. A propósito, ¿no tiene nada que decir el flamante presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre el incidente ocurrido en el Congreso? 

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