Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

¿Por qué dudo que lo de Vox sea libertad de expresión?

Varios chicos que viven en el centro, caminando por una calle de Hortaleza. / S.P

Violeta Assiego

Lo de Vox no sé si se puede calificar como libertad de expresión. Lo suyo no son exactamente opiniones, lo suyo es la apología de una ideología que señala, sin miramientos, a sus enemigos. Los coloca en el punto de mira diciendo que destruyen la familia, asesinan bebés, manipulan y corrompen niños, violan mujeres, provocan inseguridad, persiguen a los hombres por el hecho de serlo, atacan a las fuerzas de seguridad, quitan el trabajo a los españoles... y, por supuesto, rompen España. Sus enemigos coinciden con los que tiene la extrema derecha: inmigrantes, personas no normativas sexualmente, las racializadas y de otras culturas y religiones, las mujeres rebeldes y libres, las organizaciones que defienden los derechos humanos, los que defienden el Clima, la prensa no afín, los 'objetores' de la familia convencional, aquellos que no lo dan todo por la patria, los rojos, los progres... En definitiva, todos aquellos que tenga, a ojos de Vox, un gen de peligrosidad social.

Estas premisas, y muchas otras, les sirven para argumentar un modelo de comunicación, de convivencia, de política y de sociedad donde las mentiras, la mala educación, el desprecio, la humillación, el insulto y la violencia directa se justifican si van dirigidas contra alguno de esos enemigos. Ellos no lo llaman machismo, ni racismo, ni homofobia, ni transfobia, ni tampoco xenofobia, para ellos se trata de 'enemigos' y antes que personas con derechos son la amenaza a combatir. Sobre esto, precisamente, el nazismo ya teorizó para denominarlo con un eufemismo: 'extraños a la comunidad'.

Ese tipo de retórica usa la posición de poder para justificar la violencia si va dirigida a ese enemigo que, supuestamente, amenaza a la comunidad. Esta ideología (totalitaria) pone en peligro a las personas señaladas por lo que son, dicen, defienden o representan. Es una lástima que la no-memoria nos haga desconocer que este tipo de ideología no es nueva en nuestro país. No fue hasta 1995 cuando se derogó la franquista Ley de Peligrosidad Social, esa que perseguía, castigaba y controlaba a quienes la dictadura calificó como seres antisociales y peligrosos moral y socialmente. Su delito era existir y al hacerlo, interpelaban, contrariaban o cuestionaban la moral del nacionalcatolicismo.

A efectos prácticos, la actual propuesta de Vox es aplicar, desde las instituciones políticas y públicas, “un derecho penal del enemigo” contra quienes no compartan los valores de esa sociedad occidental cristiana que dicen que quieren defender. Valores preconstitucionales, franquistas y negacionistas de los derechos humanos universales. De esta forma, solo defienden los derechos de “la gente honrada”, la que madruga, la del sentido común... Solo su gente 'de orden y de bien' tienen derecho (a ojos de Vox) a un trato justo. Solo hay libertad para aquella que acate sus mandatos de masculinidad, de heterosexualidad, de feminidad, de familia convencional, de la doctrina católica apostólica, de españolismo o defensa de nuestras tradiciones podrá disfrutar de su protección y bendición. El resto amenazamos su modelo de vida.

Para Vox los niños migrantes que llegan a España sin la presencia de sus familias y vienen buscando una vida mejor no tienen derechos. Tanto es así que Abascal propone abandonar la Convención de los Derechos del Niño porque salvaguarda los derechos de los menores extranjeros no acompañados. Tampoco tienen derecho a la reparación las mujeres víctimas de violencia machista y por eso se niegan a sumarse a las declaraciones institucionales de los crímenes que se están produciendo y diciendo que es libertad boicotear los minutos de silencio cuando en realidad todo es violencia simbólica. Ni que decir sobre las personas homosexuales, ¡qué vamos a tener derecho a formar nuestras familias! Cómo mucho, decía el propio Abascal en El Hormiguero, podríamos adoptar a los niños que no quiera nadie. Una afirmación tan lamentable como cruel porque en su menosprecio a una orientación que no sea la heterosexual, ignora el líder de Vox cuál es la finalidad de la adopción y trata de forma clasista y aporófoba a los miles de niñas y niños con distintas dificultades que están esperando ser adoptados.

Pongo en duda que lo de Vox sea libertad de expresión, más bien parece una estrategia de guerra contra quienes señala cómo enemigos, aquellos que a sus ojos ponen (ponemos) en peligro y quieren (queremos) destruir 'su modelo de vida y de sociedad', el suyo, el franquista, el del nacionalcatolicismo, el de la familia tradicional... Esto no es en absoluto cierto, a no ser que sean ellos mismos los que hagan incompatible su modelo de vida con el respeto de los derechos humanos. Entonces sí, en este caso, toca plantearse si es legal o no que la retórica política de un partido pueda hacer apología anti-derechos y criminalice a supuestos “enemigos” con mentiras. Al discurso punitivista ya conocido, y en parte instaurado en alguna de nuestras normas, Vox está dándole una vuelta de tuerca puesto que posibilita la conexión entre prejuicios, estereotipos y conductas violentas contra los colectivos vulnerables y esto, lo sabe bien desde la Fiscalía de Odio, es la antesala de un tipo delictivo que debe frenarse a tiempo: el de la intolerancia que cree legítima su violencia, el de los crímenes desde la hegemonía, los delitos de odio.

Etiquetas
stats