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Feminismos y movimiento 8M

Manifestación el 8M de 2018 en Madrid

Bruxabona

En cuanto me enteré de que Mabel Lozano había publicado un libro, no dudé ni una décima de segundo en comprarlo y leerlo. "El proxeneta" debería ser de obligada lectura para todas las personas adolescentes, con su afectividad y su sexualidad en plena formación, para todas las personas de la judicatura, obligatorio también para todo el personal sanitario, los cuerpos de seguridad del estado, las políticas y los políticos… Cuenta sin tapujos y con absoluta crudeza de crónica realista todos los engranajes que mantienen el sistema de esclavitud y explotación sexual al que están encadenadas las mujeres víctimas de la prostitución en nuestro país (proxenetas, prostituyentes, bancos…).

No cuenta Mabel Lozano nada que yo no sospechara o de lo que no tuviera media idea, pero son muchas las personas que deberían leerlo atentamente para entender la realidad. Estas personas aún hoy se agarran a un gran número de falsedades que disfrazan una de las peores violencias machistas que hay con el fin de defenderla. Su argumentario es fácil de desmontar y, aunque no es mi intención hacerlo aquí y ahora, sí se pueden recuperar ciertos aspectos básicos.

Para empezar, señalemos que la línea que une la violación con la pornografía y la prostitución es bien visible, de ahí que hemos venido a llamarlas negocio de la violación. Estas violencias, como otras muchas, tienen que ver con uno de los pilares básicos del patriarcado: las mujeres somos objetos, no sujetos, con lo cual, nuestros cuerpos no nos pertenecen a nosotras, sino a quien los desea. Con esta premisa, es obvio que nuestros cuerpos pueden ser vendidos o alquilados bien para el disfrute de cualquier hombre que lo pague o bien como vasija para engendrar un nuevo ser.

Como he utilizado el término patriarcado, es el momento de hacer memoria. Hace más de medio siglo que el feminismo se posicionó en lo que se conoce como feminismo radical (o también tercera ola) para avanzar con mayor premura en los logros por la igualdad, movimiento que acuñó el término susodicho. Entre sus infinitos aciertos está el de convertir totalmente a la mujer en sujeto político y sacarnos definitivamente del ostracismo político-social en el que estábamos. Se hace, a partir de entonces, inevitable el rechazo a cualquier tipo de explotación patriarcal de nuestros cuerpos; aborto, prostitución, pornografía, vientres de alquiler irán inevitablemente acompañados de ciertos adjetivos y sustantivos: libre y gratuito, abolición, rechazo, prohibición… respectivamente (puede haber más complementos, no lo dudo, pero ejemplifico con los básicos).

Dicho esto, no es necesario enumerar ahora todos los avances que hemos logrado tras la explosión en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo del radicalismo feminista. Hasta tal punto que las reacciones parecen haberse hecho esperar para surgir como hongos venenosos en los últimos quince años. Verbi gratia: de la misma manera que hace años se nos intentó devolver a la década de los 70 con una reforma de la ley del aborto, que, afortunadamente, no se llevó a cabo de manera integral, asistimos ahora atónitas, en pleno siglo XXI, sesenta años después del despunte del feminismo radical, a cómo se pretende revertir los avances de la tercera ola con mensajes de profundo calado social como que la prostitución es un trabajo o que dejar que utilicen nuestro útero es una muestra de altruismo y caridad… Todo son pataletas machistas de los privilegiados que se agarran a sus prebendas como un cachorro humano a su fuente de alimentación.

Somos conscientes de lo que ocurre, sabemos que los avances feministas provocan una reacción neomachista y neoliberal lógica. Pero lo que algunas feministas nunca hubiéramos creído es que estos exabruptos podían introducirse en nuestras filas como lo están haciendo. Que el movimiento 8M esté excluyendo el discurso abolicionista o contra los vientres de alquiler no solo es preocupante, sino que también es alarmante. A ninguna feminista bien formada puede caberle ninguna duda del hecho de que la prostitución no se debate, se combate. Pero el movimiento 8M ha decidido que es necesario un debate interno (debate que lleva posponiéndose más de un año) antes de posicionarse.

No voy a meterme en desacreditaciones improductivas sobre cómo se trató a las feministas (abolicionistas) en los diferentes congresos estatales y autonómicos. Me basta con mencionar una breve anécdota: cuando en un congreso aparentemente feminista, una mujer supuestamente feminista se refiere a otra mujer como "puta" algo se nos está yendo de las manos. ¿Se imaginan en un congreso antirracista referirse a las personas afrodescendientes como "negratas" o a las personas procedentes de países americanos de habla hispana como "sudacas"? Pues eso.

Si se pretende debatir la prostitución/pornografía/vientres de alquiler es porque no se las considera violencias. Una mirada así lo que implica es que algunas mujeres son "violables" o utilizables como vasijas procreadoras ¿Es eso feminismo? No. Es muy triste comprobar lo que está sucediendo: el movimiento 8M no es feminista. Y, lo que es peor, se nos intenta apartar a las feministas del discurso político de la igualdad de género.

Cuando en la manifestación del 8M aparecen personas que votan PP y Ciudadanos (doy fe de ello), es porque pueden agitar esa bandera, que, si fuera feminista, no las incluiría nunca. En realidad, lo que está ocurriendo es que los guardianes del patriarcado, liberales, neoliberales y fascistas… campan a sus anchas en los movimientos por la igualdad real.

Estamos asistiendo a una infección vírica dentro del feminismo que, si no la paramos a tiempo, puede destruir el movimiento para siempre. Urge un 8M que deje de llamarse 8M y empiece a llamarse de la única manera posible: FEMINISTA.

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Publicado el
27 de febrero de 2019 - 14:50 h

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