En este blog publicamos los artículos y cartas más interesantes y relevantes que nos envíen nuestros socios. Si eres socio/a puedes enviar tu opinión desde aquí. Consulta nuestras normas y recomendaciones para participar.
Trampas al solitario en la transición energética
Desde hace tiempo se observa un debate en el ecologismo sobre el despliegue masivo de energías renovables en España. Si bien la discusión es bienvenida, sorprende que voces del ecologismo popular adopten sin cuestionar las posiciones del Ministerio de Transición Ecológica y la industria eléctrica, priorizando la instalación de más capacidad renovable sin debatir sobre los niveles de consumo.
En los años 90, en la costa este de EE. UU., la planificación energética priorizaba el ahorro antes de autorizar nuevas instalaciones. En España, este debate está ausente y parece que todo se resuelve con más potencia instalada. Los defensores del Green New Deal argumentan que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, lo cual es cierto para la generación eléctrica. Sin embargo, hablar de transición energética cuando en realidad sólo se aborda la generación eléctrica es insuficiente. En 2022, la electricidad representó solo el 21,71% de la energía primaria en la UE, mientras que los combustibles fósiles sumaron el 70,88% (EUROSTAT). Además, el sector de transporte y la industria continúan dependiendo de derivados del petróleo.
El despliegue renovable en España ha sido notable, pasando de 55 GW de potencia instalada en 2019 a 77 GW en 2023 (un 40% de crecimiento). Sin embargo, las emisiones de CO2 solo bajaron de 309 millones de toneladas de CO2 equivalente (MtCO2eq) a 275 en ese periodo, una reducción del 11% (Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climática). Esto está lejos de la meta del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) de 221 MtCO2eq para 2030, ya que la electrificación del transporte y la industria avanza lentamente.
Al adoptar sin crítica la narrativa de la industria y los gobiernos, los defensores del Green New Deal normalizan un discurso que desvía el debate clave: la viabilidad del modelo económico y su impacto ambiental y social. Conceptos como “desarrollo sostenible” o “economía verde” perpetúan la idea de que la tecnología resolverá todos los problemas sin cuestionar el crecimiento económico.
Los datos científicos contradicen este optimismo. Investigaciones del grupo GEEDS (Universidad de Valladolid) muestran que la electrificación del transporte ejercería una presión insostenible sobre reservas de cobre, cobalto, litio, manganeso, níquel y grafito, salvo en un escenario de decrecimiento económico. De igual manera, el CIRCE (Universidad de Zaragoza) advierte que trece elementos clave para la transición energética presentan un riesgo de suministro alto o muy alto, superando los recursos conocidos para 2050.
Por tanto, el cambio tecnológico por sí solo no garantizará la transición energética: debemos reducir consumo y producción. Kenneth Boulding ya advertía en 1968 que creer en el crecimiento indefinido en un planeta finito es irracional. Nicholas Georgescu-Roegen, en “La Ley de la Entropía y el Proceso Económico” (1971), y Howard Odum y Tim Jackson más recientemente, han argumentado en favor de una prosperidad sin crecimiento.
Si queremos una sociedad compatible con el medio ambiente, no debemos caer en discursos simplistas sobre la transición energética ni asumir sin cuestionar narrativas corporativas. Es esencial basarnos en el conocimiento científico para una planificación biofísica que garantice un futuro sostenible. De lo contrario, podría materializarse el escenario de “barbarización” descrito por el Stockholm Environment Institute en 1998, donde los países ricos se blindan para mantener su consumo a costa de explotar aún más al Sur Global.
Sobre este blog
En este blog publicamos los artículos y cartas más interesantes y relevantes que nos envíen nuestros socios. Si eres socio/a puedes enviar tu opinión desde aquí. Consulta nuestras normas y recomendaciones para participar.
1