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Trump, el muro, un gráfico

El endurecimiento del control fronterizo en la frontera entre EE.UU. y México convirtió una migración irregular, eminentemente masculina, de ida y vuelta, y que a penas era visible en tres estados, en 12 millones de nuevos residentes repartidos por todo el país

El riesgo de que un mexicano salga de su país irregularmente a Estados Unidos en 2015 era cero 

El muro es politics, no policies

Vivimos en un tiempo en el que muchos se esfuerzan por incrustar la realidad en los pequeños tupper-ware que utilizamos para ordenar nuestros esquemas mentales. Esto tiene dos impactos directos sobre nuestra capacidad discursiva: se simplifica la realidad haciendo lo complejo indebidamente sencillo; y se bloquea nuestra capacidad de conectar fenómenos que almacenamos en distinto recipiente. 

Hacer lo complejo indebidamente sencillo

La inmigración es un terreno muy propicio para este tipo de violencia analítica. Pensar que cuando “se cierra la frontera, se reduce la inmigración” es una tontería comúnmente ilustrada con la metáfora del grifo y el agua corriente. Sin embargo, cerrar el grifo no suele acabar con el goteo (aquí). El control fronterizo es imprescindible. Pero el cierre de las fronteras puede tener efectos no previstos y redirigir, más que eliminar, la presión migratoria. Es más, puede empujar a quienes acaricien la idea de emigrar a planteamientos del tipo “ahora o nunca” e incrementar las llegadas en el corto plazo o convertir la inmigración temporal en permanente. Además, blindar una frontera no impide la llegada regular de inmigrantes por otras vías como la reunificación familiar.

Muchos de los mitos que cultivamos en el terreno de la inmigración han florecido en la frontera entre México y los Estados Unidos. La migración irregular hacia Estados Unidos creció a partir de 1965 tras un cambio legislativo que hizo más difícil la migración regular. Sin embargo, hasta los años setenta, una gran parte de la migración mexicana se movía naturalmente en los dos sentidos a través de la frontera. En los ochenta Ronald Reagan inauguró la batalla contra la migración irregular al calificarla de amenaza nacional y vincularla con múltiples delitos. El endurecimiento del control fronterizo hizo que una migración irregular, eminentemente masculina, de ida y vuelta, y que a penas era visible en tres estados, se convirtiera en 12 millones de nuevos residentes repartidos por todo el país (aquí).

Desde entonces, la narrativa de la amenaza latina agazapada al otro lado de la frontera sur no ha perdido vigor. Y, a la vista de lo que os muestro a continuación, quizás sería oportuno que este post lo continuara un psicólogo social más que un sociólogo. 

El Proyecto de la Migración Mexicana (MMP, Mexican Migration Project) lleva tres décadas desarrollando una encuesta para estudiar los flujos migratorios entre México y Estados Unidos. Con esta herramienta se ha podido calcular el riesgo de que un residente en México se anime a cruzar la frontera del país con los Estados Unidos. El impactante resultado de este esfuerzo se puede ver en la figura, que describe la probabilidad de que se produzca la primera salida de un mexicano hacia los Estados Unidos (de forma documentada o irregular) entre desde 1965 hasta 2013.

Gráfico

El riesgo de que un mexicano se inclinara por cruzar regularmente la frontera se ha mantenido en niveles prácticamente irrelevantes desde 1965. Sin embargo, en aquel año creció de forma especular la intención de salir irregularmente de México a los Estados Unidos. Entre los años 1980 y el 2005, estos niveles se mantuvieron en máximos, y desde entonces, cayeron de forma espectacular hasta llegar a casi cero en 2011 y, según los datos más recientes, a cero en 2015. Todo ello coincide también con las estimaciones del Pew Hispanic (aquí)

¿Qué explica esta caída?... conectar fenómenos, abrir los tupper-ware

Seguramente hay múltiples explicaciones. Y todas ellas merecen una entrada aparte en nuestro blog. Cuando Douglas Massey (uno de los líderes del MMP), presenta este gráfico suele hablar de la caída de la fecundidad en México. Mientras que en 1965 las mexicanas tenían de media 6,75 hijos, en 2015 tuvieron 2,21 (fuente: Banco Mundial). 

Justo en 2015 Donald Trump anunció oficialmente su candidatura y pronunció las siguientes palabras: "Yo construiré un muro, y nadie construye muros mejor que yo, creedme […], construiré un gran muro en nuestra frontera sur y haré a México pagar su coste. Recordad mis palabras”. Como la ficción siempre supera la realidad, hoy Trump es presidente de los Estados Unidos y el muro va haciéndose realidad.

Más allá del destructivo efecto que todo ello tiene en quienes somos optimistas antropológicos, el Proyecto de Migración Mexicana pone en evidencia que el muro es politics, no policy

Es la hora de los psicólogos.

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