Sobre este blog

Piedras de papel es un blog en el que un grupo de sociólogos y politólogos tratamos de dar una visión rigurosa sobre las cuestiones de actualidad. Nuestras herramientas son el análisis de datos, los hechos contrastados y los argumentos abiertos a la crítica.

Autores:

Aina Gallego - @ainagallego

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Ferran Martínez i Coma - @fmartinezicoma

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El codiciado voto de los electores de centro izquierda

Siempre que se aproxima la convocatoria de unas elecciones generales, se pone el foco de atención en los votantes que ideológicamente se ubican en el centro y que son más proclives, por su menor identificación partidista, a cambiar de voto entre unos comicios y otros. En términos cuantitativos estos votantes representan hoy en España el 25,6% (más de 9 millones) del electorado. Una cifra que, pese a ser menor que hace seis años, no es nada desdeñable y a la que se une además un escenario de alta fragmentación política en el que cada papeleta cuenta y convierte a este electorado en decisivo para las principales fuerzas políticas.

De acuerdo con el último barómetro político del CIS (correspondiente a octubre), casi un 18% de los ciudadanos mayores de edad en España se sitúan en la posición 5 en una escala en la que el 1 es la casilla que está más a la izquierda y 10, la que está más en la derecha (técnicamente es el centro izquierda, aunque es la posición elegida también por aquellos que quieren ubicarse en el mismo centro). Y cerca del 8% de los votantes se sitúa en la posición 6 (centro derecha) de esa escala ideológica (ver gráfico 1).

Gráfico 1. Auto-ubicación de los electores en la escala ideológica en octubre de 2008 y en octubre de 2014 en España. Escala 1-10 donde 1 es la posición que está más a la izquierda y 10 la posición que está más a la derecha.

Fuente: Barómetros CIS.

Desde la consolidación del Partido Popular, en la primera mitad de los años 90, como una opción de gobierno, la disputa electoral entre los dos grandes partidos se ha situado en el caladero de los votantes de centro izquierda. Son éstos los que unas veces se han decantado de forma predominante por el PP, como ocurrió en las pasadas elecciones generales de 2011, y otras por el PSOE, inclinando, por ende, la victoria electoral hacia un lado u otro. Por el contrario, los electores de centro derecha se han caracterizado por ser potenciales votantes del PP que de forma excepcional, como ocurrió en las elecciones generales de 2004, han optado por el PSOE.

Sabemos, por las encuestas, que desde hace tres años el bipartidismo se halla en retroceso en España, con una significativa pérdida de apoyos de los populares respecto a los resultados logrados en las elecciones generales de 2011 y una falta de recuperación de los socialistas. Una tendencia que quedó confirmada, hace seis meses, en las elecciones europeas en las que la suma de votos del PP y del PSOE se situó por debajo del 50%. Frente al declive de los grandes partidos, el éxito de Podemos, como una fuerza emergente, parece descansar en su gran capacidad para atraer a electores de diferentes perfiles ideológicos desde una estrategia que pasa por situar el eje de la competición política en la división entre “élites” (casta/ los de arriba) y “ciudadanía” (pueblo/los de abajo), frente al eje “izquierda-derecha”.

El mapa demoscópico se encuentra en una fase de cambio, cuyo alcance, no obstante, pocos se atreven a aventurar. A un año de las próximas elecciones generales, el horizonte político sigue siendo muy volátil y quedan muchas piezas por encajar. Una de esas piezas es la que tiene que ver con los votantes de centro izquierda, por lo que resulta de gran interés conocer (y seguir) sus preferencias electorales.

En línea con la tónica demoscópica de esta legislatura, el Partido Popular ha sufrido un fuerte retroceso en este grupo de electores, si bien con importantes fluctuaciones (ver gráfico 2). Un retroceso que no ha sido capaz de capitalizar el PSOE, ni siquiera cuando, bajo el liderazgo de Rubalcaba, este partido se afanaba en ofrecer una imagen de moderación y responsabilidad. De forma recurrente, en los últimos tres años, los votantes de centro izquierda han suspendido la gestión realizada por el gobierno de Rajoy y la labor de oposición del PSOE.

Hasta la irrupción de Podemos en la escena política, estos votantes parecían refugiarse en la indecisión (respondían que no sabían qué iban a votar en unas elecciones generales), la abstención, el voto en blanco y el apoyo potencial a otras fuerzas políticas como UPyD.

Gráfico 2. Evolución de la intención directa de voto al PP, PSOE y Podemos en el electorado de centro izquierda a lo largo de la actual legislatura.

Fuente: Barómetros CIS.

Sin embargo, la entrada en el juego de Podemos y, muy especialmente, el contexto político de los últimos meses, marcados por los escándalos de corrupción, han alterado ligeramente las preferencias electorales de estos votantes. Así, y si bien la indecisión y la abstención siguen siendo su principal refugio, Podemos sería hoy la fuerza política más votada por estos electores (seguida del PSOE en el segundo puesto y del PP en el tercero, ver gráfico 3). Entre julio y octubre, Podemos ha visto doblado sus apoyos potenciales en este grupo: pasando de obtener un 8,3 a un 16% de voto directo. Un incremento que se explica por la disminución de los electores de centro izquierda que optarían por la abstención y el voto en blanco, mientras UPyD en los últimos meses ha cotizado a la baja (aunque no Ciudadanos).

Gráfico 3. Intención directa de voto en octubre de 2014 del total de votantes y de los electores de centro izquierda.

Fuente: Barómetro CIS.

Habrá que esperar a ver si en los próximos meses el auge de Podemos en este electorado se consolida o, por el contrario, se desinfla. Hay que tener en cuenta que estos electores son muy fluctuantes y difíciles de fidelizar. Es en este grupo, junto a los que no se ubican en la escala ideológica, donde encontramos un porcentaje más elevado de votantes (43,7% frente al 34,6% del total de electores) que no sienten simpatía por ningún partido y en el que se concentra la mayor bolsa de indecisos (24,3%) y abstencionistas potenciales (17,6%).

Cuantitativamente este electorado es determinante para populares y socialistas que tratarán de conjurar el declive del bipartidismo. Y cualitativamente lo es para Podemos, ya que con su apoyo puede evitar que sea efectiva la estrategia de quienes colocan a esta formación en la extrema izquierda y ponen en duda que se trate de una opción “seria” de gobierno.

Desde la perspectiva de unos electores que se mueven por un voto más racional que emocional y con pocas lealtades partidistas, la clave de la pugna electoral en este grupo girará en torno al llamado “voto útil”. ¿Qué opción política representará mejor el voto útil para estos electores en los próximos comicios generales? El PP tratará de que cale el mensaje del “miedo” materializado en la defensa la estabilidad frente al caos (encarnado en un posible gobierno de coalición de izquierdas con Podemos como árbitro principal). Mientras los socialistas apostarán por el discurso del “cambio” (necesario), frente a la “ruptura” (indeseada de Podemos). Y frente a ambos, Podemos se erigirá como la única alternativa capaz de producir un cambio político real, con el mensaje de la necesidad de empezar de nuevo (y esta vez de abajo a arriba, con la participación de la ciudadanía) para acabar con un orden político injusto e ineficaz. Junto a ellos, y con el temor a ser fagocitados, se colocarán otros partidos como UPyD.

En la medida en el que el tema estrella de la próximas elecciones generales sea la regeneración democrática y los dos grandes partidos no resulten creíbles para llevarla a cabo, más posibilidades tendrá Podemos de ser la fuerza política más votada en este electorado. En este grupo de electores es más acentuada la percepción de la política, los partidos y los políticos como un problema que tiene España. No parece, de momento, que a estos votantes les “asuste” percibir a Podemos en un espacio que se sitúa mucho más a la izquierda (2,7 en la escala ideológica), que ellos (5). Al fin y al cabo, estos electores se caracterizan por el pragmatismo en el voto y el dilema al que se podrían enfrentar es al de elegir entre opciones que no les gustan pero que les dan seguridad o la apuesta por otra formación desconocida, pero que puede resultares convincente como la mejor opción para hacer frente al deterioro político e institucional.

Aún queda un largo camino para las generales y la evolución del contexto político, junto a la combinación de las estrategias que pondrán en marcha los principales partidos para lograr el apoyo de estos votantes, puede modificar sustancialmente las pautas de voto que actualmente observamos en este electorado ¡Veremos!

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