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Encender o apagar la luz, vida o muerte

El sector energético, que sigue en manos masculinas, enriquece a unos pocos mientras empobrece a muchas

Un colectivo de mujeres ha decido crear un grupo de trabajo para abordar alternativas al actual modelo energético

El Plan de C-LM contra la Pobreza Energética concede más de 4.800 ayudas en ocho meses y paraliza 360 cortes de luz

La pobreza energética afecta más a las mujeres.

Una vela. Elemento de ornamentación y decoración, también de erotismo y relajación. Una vela. Sinónimo de luz y, también, de pobreza energética. Una vela puede matar. El recuerdo de Rosa, de 81 años, que el pasado invierno falleció por el incendio que provocó una vela que usaba para alumbrar su dignidad después de que Gas Natural Fenosa le cortara el suministro, duele e irrita demasiado. Por cierto, la Alianza contra la Pobreza Energética denuncia que un año después esta transnacional aún no ha pagado la multa por el corte ilegal de la luz de Rosa.

Llega el frío y los informativos ya han contado casos de hogares incendiados por una vela. Pero la pobreza energética no mata sólo por el frío, no es estacional. Pensad en los veranos y en las olas de calor cada vez más largas y asfixiantes.

La pobreza energética está presente en las dinámicas diarias de miles de personas. Ducharse con agua caliente o no hacerlo, poner la lavadora, o decidir qué medio de transporte se usa son cuestiones que implican relaciones de poder, discriminaciones e injusticias. Estas cuestiones diarias muy alejadas de los análisis de mercado y de las curvas de demanda no entienden de olas (ni de calor ni de frío). Pero sí de género. Es fácil verlo: ¿quién está más en los hogares?, ¿quién se dedica a los cuidados en el entorno familiar? No vamos a hablar aquí de encuestas de uso del tiempo, ni de la brecha salarial, ni de la tasa desempleo, ni de la división sexual del trabajo… No hace falta. Hablemos de energía: ¿quién la controla?, ¿quién decide?, ¿quién la gestiona?

El sector energético, manejado por cinco grandes compañías dirigidas por hombres bajo un claro eje de poder (y de opresión), sigue marcado por lógicas capitalistas y patriarcales. Y sigue guiando la agenda política que afecta a la vida de todas. ¿Un ejemplo? El comité de expertos que ha creado el Gobierno central para abordar la transición energética está compuesto por 14 hombres. Ni una sola mujer. Ni siquiera por pudor o por conseguir un titular. Y muchos de estos 14, ligados a las grandes empresas; porque hablar de energía es hablar oligopolios. Por cierto, y según recuerda Alba del Campo, en España el Ministerio de Energía (tenga el nombre que sea según el Gobierno de turno) nunca ha estado ocupado por una mujer: “El actual modelo energético, centralizado, conservador, oligopólico y patriarcal excluye sistemáticamente a las mujeres de las esferas más altas del poder, así como de la definición de las prioridades de la política energética. En España las personas más influyentes y poderosas en relación con la energía son exclusivamente hombres. Llama la atención que este monopolio del poder político y empresarial en materia energética por parte de un reducido número de hombres sea uno de los fenómenos menos cuestionados del actual modelo energético”. Esa gestión, que enriquece a unos pocos, empobrece a muchas.

Existen pocos datos para hablar de energía y género, pero el estudio ‘Desigualdad de género y pobreza energética. Un factor de riesgo olvidado’, de Ingeniería Sin Fronteras (ESF por las siglas en catalán) de Catalunya y Alianza contra la Pobreza Energética (APE), muestra cómo en Barcelona las ayudas otorgadas por pobreza energética durante 2015 recayeron principalmente en mujeres (más de un 70 por ciento). Por otro lado, un estudio de la Asociación de Ciencias Ambientales, citado por la anterior oenegé, muestra cómo el riesgo de sufrir pobreza energética es claramente superior en el caso de familias monoparentales, de las que más de un 80 por ciento están formadas por mujeres; es decir, que son familias ‘monomarentales’.

“Hemos de entender que, mientras el lucro sea el principal objetivo del modelo energético y no se impongan límites a la obtención de beneficios, habrá pobreza energética”, escribe también Del Campo, en la revista Viento Sur. Es hora de pensar otros modelos y paradigmas. Hablar de energía, clima, ecología o agua, que en muchos casos es hablar de lo mismo, al servicio del bien común no se puede hacer dejando de lado la mirada feminista: no se puede hacer sin cuestionar los diferentes sistemas de poder (y de opresión) que afectan principalmente a las empobrecidas. No se pueden solucionar los problemas de pobreza energética sin cambiar el sistema: ya se ha demostrado que los bonos sociales, las ayudas de servicios sociales o de las oenegés para pagar las facturas no están modificando las reglas de un juego excluyente y depredador de vidas.

 Si por fin el Gobierno se ha decidido a hablar de transición energética (en realidad, no hacerlo era una forma de posición ante una cuestión para nada baladí), hay que trabajar para ofrecer alternativas. Así lo está haciendo un colectivo de mujeres de distintos territorios del Estado que ha decido crear un grupo de trabajo para abordar alternativas al actual modelo energético en las que quepamos todas. De momento, ya se ha organizado un encuentro para el primer fin de semana de febrero en Bilbao. El primero de muchos. Porque las mujeres, día a día, gestionamos la energía, sea alumbrándonos con velas, limpiando la casa, yendo al trabajo en transporte público o  trabajando en la transición energética desde el punto de vista feminista, técnico, social y político.

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