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¡Papa, quiero ser 'trendy'!

¿Adivinad quién ha salido a la palestra a pronunciar un nuevo discurso de odio contra el colectivo LGTBQ -reducido a su mínima expresión como “gay”-? ¡Premio! La Iglesia, como institución, sigue sin ser capaz de conjugar una espiritualidad que abrace la diversidad sexual.

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El Papa en el balcón de la plaza de San Pedro en una imagen de archivo.

El Papa en el balcón de la plaza de San Pedro en una imagen de archivo. EFE

Lo ha vuelto a hacer. Perdonen la machada de inicio, pero en modo Michael Jackson balanceando a su vástago desde el balcón, el Papa ha vuelto a salir a su palestra del Vaticano no para un urbi et orbi, sino para evangelizar con que la homosexualidad -solo la masculina, claro- está más de moda que nunca.

¡Pero papi, si aún no tenemos camisetas que celebren las mariconeces! Por lo menos con esa otra moda del feminismo sí podemos hablar con propiedad, ya que en la temporada pasada nos hicieron un guiño con prendas que rezaban “I’m feminist” y proclamas del estilo. Pero ni un padrenuestro por lo LGTBQ en la industria textil, pater.

Lo que parece que no pasa de moda en las religiones institucionalizadas es la discriminación hacia la diversidad sexual. ¡Pecadores, fistros! No hubo lavado de cara con el último Papa, pues ya le vimos hasta las legañas. La Iglesia, como entidad, sigue sin ser capaz de reformular la espiritualidad hacia ese respeto a la diversidad que recogen en sus mandamientos esenciales.

Aquí no firma precisamente una hereje, no me sean pícaras. En Pikara Magazine dedicamos uno de nuestros especiales de laboratorio de periodismo a las espiritualidades que permiten cierta disidencia y a las personas disidentes sexuales de género que defienden su espiritualidad pese a quien le pese. También en el cristianismo. Hemos tratado historias de monjas que tienen otro discurso diferenciado al del CEO del cristianismo y hemos recogido lecturas feministas de Santa Teresa de Jesús sin tener que hacerlo entre líneas.

También podemos retrotraernos a otros tiempos y veremos que la diversidad sexual no es millenial. En 1901, sin ir más lejos, dos zagalas también marcaron tendencia por ser las primeras europeas en casarse cuando aún no se había aprobado el matrimonio igualitario. Elisa y Marcela coparon portadas no del papel cuché, sino de la prensa generalista que las acusaba y ridiculizaba a partes iguales. No era una moda al uso, pater, pero siempre ha existido la disidencia sexual.

Resulta que ahora su santidad la tiene delante de sus ojos y entre las sotanas (la masculina, por supuesto, que por mucho que le cuente sé que ese reino de siglas no es de su mundo). Y es una historia que se desconoce en pleno 2018 incluso en A Coruña, escenario de tal moda. Por suerte, como estamos en la cresta de la (decimoquinta) ola (feminista), la compañía de teatro A Panadaría dedicó actividades pedagógicas para poner en valor su historia y la necesidad de generar entornos amables con la diversidad (además de una magnífica obra de teatro que próximamente trascenderá las fronteras gallegas).

Ojalá, papi, algún día la diversidad sexual esté de moda y que nadie tenga el más mínimo reparo para expresarse como la más trendy. Tendré a Amancio entre mis plegarias para ello. ¡Con lo divina que estaría yo con una camiseta arcoíris!

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