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El acoso en la universidad existe, aunque no quieran contarlo

Un trabajo de recopilación de datos de Pikara Magazine demuestra que en las universidades públicas españolas se han registrado, al menos, 236 casos de acoso. 

La resistencia de varios centros de educación superior a ofrecer los datos ha sido uno de los grandes obstáculos de la investigación.

"El acoso sexual en el trabajo es sólo una ampliación, desmesurada, absurda y patética, del machismo generalizado en la sociedad", afirma la profesora de Filosofía Laura Llevadot.

Acoso en la universidad

Acoso en la universidad Emma Gascó.

Compañeros que acosan a sus compañeras. Profesores que agreden sexualmente a alumnas. Trabajadores que lanzan mensajes misóginos por los cuentas de correo universitarias. Discusiones a las puertas de la facultad donde todo el mundo mira y nadie hace nada. Ni uno, ni dos, ni tres casos aislados. Están ahí y tú no lo ves. Y si lo ves, callas porque parece que eso no va contigo. Y si lo sabes, no lo cuentas porque no quieres que salgan a la luz.

A lo largo de la recopilación de información para contar, en un especial de Pikara Magazine, cómo más de la mitad de las universidades públicas españolas registran casos de acoso, nos hemos topado con diferentes obstáculos a vencer.  En esta base de datos puedes ver todos los casos, entre los que destacan la Universidad del País Vasco y la Universidad Autónoma de Barcelona con 23 casos cada una, y los 18 casos computados por la Complutense de Madrid, que son todos de acoso sexual.

Primero el trabajo empezó siendo una recopilación de casos que habían aparecido en los medios para convertirse en algo más ambicioso: contactar con todas las universidades y saber si se han producido más denuncias o no. Después, en decidir si abordar o no el caso de las privadas, que tampoco están libres de acoso y donde las posibles presiones económicas a la hora de denunciar estos casos pueden influir muy directamente en las afectadas y/o testigos. Pero ningún obstáculo ha sido más difícil que el de intentar vencer la resistencia puesta desde las propias universidades públicas.

Los datos son devastadores. Empezaron siendo primero 30 casos, después pasaron a 40. A medida que se iban obteniendo respuestas la cifra iba aumentando: 80, 90, 100… Durante los tres meses de  investigación hemos dejado que los datos se acumulen, que las historias reposen mientras contactábamos con las 50 universidades públicas de España. Con tiempo hemos sabido que se han dado, al menos, 236 casos. La que más ha recopilado ha sido la Universidad de Granada con 65, donde cuentan con un protocolo de actuación ante estos casos aparentemente modélico, pero que sigue sin impedir el acoso. La última actualización llegó ayer desde la Universidad de Vigo. Y esto es la punta del iceberg porque la cifra puede ser más alta: porque no todas las afectadas denuncian por miedo a no ser creídas y porque hay universidades que no están dispuestas a colaborar. “No denunciamos por miedo a represalias”, declara a Pikara Magazine una alumna, testigo de una supuesta agresión física por parte de un profesor a dos compañeras.

No todas las Unidades de Igualdad universitarias, creadas para velar precisamente por una igualdad efectiva entre hombres y mujeres, han querido ayudar a la hora de arrojar luz a esteproblema sistémico. Y aunque se ha preguntado e insistido por diferentes vías (llamadas, correos electrónicos y peticiones de información públicas) ocho de ellas han callado y otras han dado información muy dispar, como la de Vigo o la Pompeu Fabra.

Ambas cosas parecen preocupantes. Porque en ese intento de no dar a conocer las cifras, para que así supuestamente se mantenga una buena imagen pública, tanto la institución como las afectadas salimos perjudicadas. Las primeras, en credibilidad y nosotras, en confianza porque no sabemos ya a quién acudir en caso de acoso.

Ya lo dice Pau Serrano, técnica de la Unidad de Igualdad de la Universidad de Valencia, si las universidades son transparentes en los casos de agresiones o violencia éstas demuestran que están trabajando en erradicarlas.

“El acoso sexual tiene que ver con ‘yo acoso porque yo mando’ y ‘voy de caza porque yo puedo hacerlo’, y así lo percibe la víctima que se siente indefensa y asustada”, explica Esperanza Bosch Fiol, directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad de las Islas Baleares y coordinadora del informe ‘El acoso sexual en las universidades’. La profesora de Filosofía Laura Llevadot afirma, en una entrevista, que: “El acoso sexual me parece ya tan obsceno y barato que sólo habla de la desesperación que produce a los hombres su propia masculinidad. En el fondo son ellos los que están presos de esta posición de autoridad sin la cual creen que se derrumbarían. Es como si hicieran pasar toda sus angustias por la sexualidad y evalúan en términos de éxito o fracaso personal su capacidad para ‘cazar’ mujeres (...). Esto es sin duda mucho peor cuando el hombre tiene una posición profesional superior a la de la mujer y ésta ve que en esa relación su proyección profesional está en juego. El acoso sexual en el trabajo es sólo una ampliación, desmesurada, absurda y patética, del machismo generalizado en la sociedad”.

¿Cómo es posible que la Universidad Castilla La Mancha no hubiese adoptado ninguna medida de prevención cuando una estudiante denunció a quienes querían hacer “una manada” con ella?, ¿cómo es posible que se lancen mensajes misóginos en correos de trabajo en la Universidad de Vigo?, ¿cómo es posible que a un profesor que agredió sexualmente a una alumna se le haya sancionado con una “amonestación por falta leve”? A estas instituciones patriarcales las periodistas debemos mirarlas con lupa y seguir los casos de acoso denunciados muy de cerca porque el acoso en las universidades también existe, aunque no lo sepas, lo veas o lo quieras contar.

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