El 'blackface' de 'Baltasar' Moreno en la Cabalgata de Sevilla aviva la polémica con una práctica racista arraigada en España
El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, saludará desde una carroza este lunes 5 de enero a miles de niños y niñas en las calles de Sevilla con la cara pintada de negro. El líder del PP se congratuló al aceptar ser el rey Baltasar en la Cabalgata de los Reyes Magos y, al hacerlo, apuntaló el debate público, desde donde varios sectores pedían acabar con esta práctica racista aunque en su partido tales recriminaciones resultaran “absurdas”. El pasado viernes Moreno dijo “sentirse como un niño” ante su participación en la Cabalgata, y dijo albergar sentimientos “que pensaba que no arraigaban en un hombre de 55 años”.
Pero, ¿hasta dónde se remonta esta costumbre en la capital hispalense? El Ateneo de Sevilla, una institución privada con profundo arraigo cultural en la ciudad, fundó la cabalgata en 1918, siendo una de las más antiguas de todo el país junto a la de Alcoi, gracias al impulso que, entre otros, dio el poeta andalucista José María Izquierdo. Una ocasión para llevar a los menores más desfavorecidos caramelos y juguetes con los que pasar la tarde previa a la Epifanía.
Se trata, por tanto, de un evento cuya organización es privada al completo, como ocurre con una Semana Santa de la que se encargan las propias hermandades. El Ateneo designa a los Reyes Magos, que a diferencia de otros lugares, no están encarnados por figurantes y son siempre personajes relevantes de la sociedad sevillana. El Ayuntamiento hispalense, por su parte, aporta una subvención económica y los servicios públicos necesarios, como la limpieza y los cortes de tráfico, compartiendo las labores de seguridad con la Policía Nacional.
Al echar la vista atrás, hay un antecedente único y llamativo. Tal y como revelan las crónicas de El Correo de Andalucía y apunta la antropóloga e intérprete de Patrimonio, Grecia Mallorca, a preguntas de este medio, para encarnar a Baltasar se optó por un joven botones llamado Antoñito, “que sí era negro”. El trabajador sustituyó a Javier Lasso de la Vega, director de la Biblioteca Universitaria de Madrid, en el último momento y, pese a las triquiñuelas del destino, en los años venideros se perpetuaría tanto para el rey mago como su corte de beduinos el blackface, término referido a una práctica que se remonta a finales del siglo XIX en los Estados Unidos donde una persona blanca se maquillaba la cara con tal de ridiculizar a las personas negras. “Ese pudo haber sido el precedente definitivo, pero como en ese momento el blackface no suponía un problema social, quedó en anécdota”, matiza.
María, joven sevillana, vive la festividad desde que era una niña. Con apenas seis años fue una de las protagonistas del desfile y reconoce que no había identificado la costumbre “como un problema” hasta hace poco. “Con esa edad, no somos conscientes y, además, lo tenemos muy normalizado, por desgracia, y habrá muchas personas que no se habrán parado a pensar en lo que implica”. Lo identifica como un “racismo interiorizado que aún existe en la sociedad” y no cree que vaya a haber un cambio pronto, pese al protagonismo del presidente autonómico y a que “no es casualidad” que se dé esta elección en tiempos perpetuos de precampaña: “Al final, la Cabalgata no deja de ser una tradición más con un trasfondo elitista”.
Por su parte, Isidoro Moreno Navarro, antropólogo y especialista en las fiestas populares sevillanas, apunta que en la urbe “la tradición de disfrazarse es grande porque nunca fueron tan importantes los carnavales, así que hay un doble disfraz: el de los ropajes, con las túnicas y los turbantes, y, en el caso de Baltasar, el de la cara”. Por cierto, que Baltasar no es el único que se da un baño de betún, ya que en el cortejo figuran cientos de figurantes popularmente conocidos como beduinos, una suerte de pajes de los Reyes Magos que también se tiznan.
La transformación de aquellos sabios astrónomos persas que describían los Evangelios dio paso durante la Edad Media a la conformación del mito actual, pasando aquellas figuras a simbolizar las tres edades humanas así como los continentes descubiertos. De tal forma, se atribuyó a Melchor la vejez y la asunción de Europa, luego, a Melchor la etapa adulta con Asia, y a Baltasar la juventud de África. “Con el tiempo, este ha pasado a ser el favorito de todos los niños, pero hay que destacar una de las dimensiones más importantes de las fiestas: su capacidad de integración y transversalidad, como una forma de cooperar en la integración de otros colectivos, como el migrante, dándole un papel protagonista en la Cabalgata”, subraya el experto.
Coste económico
La Docta Casa anunció la elección de los tres sabios de Oriente el pasado mes de julio: mientras Moreno asumía el personaje más popular, el rey Melchor se concedió al empresario Iván Bohórquez Domecq, miembro de una conocida familia de ganaderos y terratenientes, y el rey Gaspar a Juan Ignacio Zafra, responsable de Caixabank en Andalucía. Tres nombres ilustres de la esfera política y económica de la provincia, ya que, a diferencia de otras ciudades del país en la que la responsabilidad es pública, la Cabalgata sevillana es organizada por la institución ateniense, por lo que cada participante paga una cuota para desfilar en el día grande. Por ejemplo, el coste de los menores puede rondar entre los 300 y 400 euros, pero el montante mayor recae en los protagonistas: los reyes, que ponen una cantidad que se resiste a desvelar la entidad cultural pero que algunas fuentes elevan hasta los 20.000 euros.
“La cosa es doblemente denunciable porque para ser Baltasar no tendrías que ser un blanco embetunado, sino una persona que viva en esta ciudad y, además, no se tendría por qué aportar un euro, ya que habría que democratizar la presencia de los participantes”, apunta Isidoro Moreno. De paso, aprovecha para incidir en que “el presidente no ha aclarado si el donativo partirá de su bolsillo o de los gastos varios de la Junta y hay que tener en cuenta que estamos en precampaña electoral, así que es improcedente”. Y es que a escasos meses de las elecciones autonómicas, la decisión del Ateneo fue doblemente cuestionada por la preeminencia social que da el evento ante la población
En cambio, el Ayuntamiento de Málaga (que sí organiza el cortejo) ya eliminó el pintado de cara en 2025 al elegir a Mansour Konte, el joven que rescató a una mujer durante la DANA, como rey Baltasar y, para este año, ha seleccionado al jugador de Unicaja Baloncesto Kendrick Perry. “No se trata de seguir el ejemplo de Málaga, sino hacer lo que hay que hacer: reflejar una sociedad pluriétnica, multicultural, y elegir a una persona negra como Baltasar sucederá antes o después, al igual que una mujer podrá ser uno de los reyes y no tendrá que conformarse con estar en el séquito”, subraya el antropólogo.
“En el público sí hay una transversalidad y todo esto son asignaturas pendientes que no cuestionan la fiesta, sino que le darían un papel de cohesión social”, apostilla. A colación de la igualdad, la antropóloga Grecia Mallorca señala el caso de la Cabalgata de Madrid en 2015, organizada por el gobierno de Manuela Carmena, o los registros de Granada a principios del siglo XX, “la fantasía puede construirse independientemente del género de quien se vista de rey o reina maga”.
El papel de la institución
Volviendo a la actualidad política, en pleno verano varios colectivos antirracistas alzaron la voz para expresar su rechazo y disconformidad ante el blackface que realizaría el político andaluz. Por su parte, la asociación Afroféminas lanzó un comunicado tildando la decisión como “una muestra de insensibilidad y una irresponsabilidad tremenda por parte de alguien con su poder” y elaboró un mapa en el que hay identificadas más de 50 localidades andaluzas en las que persiste esta costumbre.
Otras entidades, como la Asociación de Familias Solidarias para el Desarrollo (Afasode), La Voz de los Adoptados y la Federación Cora, firmaron una petición el pasado 27 de julio para eliminar lo que consideran un “blanqueamiento institucional del racismo”. A ello, habría que sumar la contestación política: el grupo Por Andalucía, respaldado por el PSOE, presentó una proposición no de ley (PNL) para eliminar el blackface en la Cabalgata que fue rechaza con los votos del PP y Vox.
Al respecto, el Ateneo de Sevilla, a consultas de este medio, no se ha pronunciado, pero Mallorca reflexiona sobre el cambio que habría que producirse, ya no solo entre los sectores antirracistas convencidos de eliminar esta práctica, sino del conjunto de la sociedad. “Lo primero, sería concienciar a la ciudadanía. Hay mucha gente que ya lo está, pero hay otra tanta que no ve problema en ”disfrazarse de negro“, lo cual es un racismo absolutamente interiorizado y normalizado”, manifiesta, “eso solo se quiebra con la concienciación y con el ejemplo”.
Explicar por qué se da el cuestionamiento, divulgarlo, dar altavoz a los colectivos que son apelados, varias tareas entre las que también señala el papel institucional como vehículo para mantener o no la tradición: “A veces el cuestionamiento social es suficiente para provocar un cambio, pero en una celebración como esta, es necesario que el planteamiento lo recoja y comparta también la institución. Juanma Moreno podría decidir no hacer blackface, porque en su posición como Baltasar tiene esa prerrogativa, e igualmente tiene la contraria”.
Sevilla, capital de culturas, funciona como un prisma, compara la especialista, “contiene realidades diferentes, complementarias o contrapuestas, pero siempre coexistentes”, y, pese a que las políticas del ala conservadora “complican la vida a las personas migrantes y racializadas”, estas no desaparecerán. “Lo peligroso es que aceptemos esas políticas y acabemos por pensar que realmente estos colectivos no existen o no importan, o que esa convivencia no puede darse”, concluye. La Cabalgata transcurrirá, un año más, entre música, caramelos y un espectáculo simpar, y en mitad de un debate que se aviva cada vez más y que prepara a sus habitantes para la Sevilla del futuro.
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