Ni es abortiva ni las jóvenes la toman “como gominolas”: los bulos que siguen rondando a la píldora del día después

La llamada píldora del día después sigue enfrentándose a bulos 13 años después de empezar a venderse sin receta

Marta Borraz


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La llamada píldora del día después ha vuelto a centrar la atención. Hace 21 años que empezó a venderse en España y 13 desde que es de acceso libre, pero aún sigue generando polémica y extendiendo bulos que nada tienen que ver con la realidad. La reforma de la Ley del Aborto que el Gobierno ha enviado ya al Congreso contempla la obligación de que todas las farmacias cuenten con existencias de anticoncepción de urgencia, lo que ha sido tildado como una “caza de brujas” desde sectores conservadores, que han aprovechado para dar pábulo a varios mitos que criminalizan su uso.

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Pese a que en múltiples ocasiones se esté hablando de ella como tal, la Píldora Anticonceptiva de Urgencia (PAU, por sus siglas) no es un medicamento abortivo. “Es completamente falso. Su mecanismo de acción es que inhibe o retrasa la ovulación, es decir, impide que el óvulo salga del ovario. Si una mujer se toma la píldora y el óvulo ya ha salido y está camino de fecundar o ha fecundado un espermatozoide, no será eficaz y no evitará el embarazo”, explica Isabel Lahoz Pascual, ginecóloga y portavoz de la Sociedad Española de Contracepción (SEC).

De ahí, que la recomendación sea tomarla cuanto antes una vez se ha producido la relación sexual de riesgo. Existen dos tipos en función de los principios activos que contienen: levonorgestrel y acetato de ulipistral. La primera, la más habitual, se puede administrar hasta tres días después, mientras que el margen se alarga hasta los cinco con la segunda, que es algo más efectiva. En ambos casos, sin embargo, lo preferible es que se tome en las primeras 24 horas porque reducen su eficacia a medida que pasa el tiempo. Según datos de la SEC, hasta un 38% de las mujeres en edad fértil reconoció en 2019 haberla tomado al menos una vez.

Que las mujeres, sobre todo las jóvenes, toman la píldora de emergencia “como gominolas” o incluso que se utiliza como un anticonceptivo son otros de los mitos más habituales y la amenaza estrella que ya se enarboló insistentemente en 2009, cuando se aprobó la venta libre sin receta de la píldora de levonorgestrel –en 2015 se habilitó el acceso libre al acetato de ulipistral–.

“Es una visión muy infantilizadora y culpabilizadora de las chicas; ponerlas como irresponsables cuando no es así. Al final, cualquier uso que se haga de este medicamento ya es demasiado porque es que lo que se pretende con esos comentarios es que no se use”, cree Cristina Puig, coordinadora del Consorcio Europeo para la Contracepción de Emergencia. La farmacéutica y miembro de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria, Neus Caelles, coincide en que “es una última oportunidad para no tener un embarazo no deseado” y apunta a que “las relaciones sexuales continúan existiendo haya o no acceso fácil a ella”.

De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la anticoncepción de urgencia “un derecho” de las mujeres y niñas y un método que “debe integrarse sistemáticamente en todos los programas nacionales de planificación familiar”. “Habrá casos de abuso como puede haber de cualquier otro medicamento, pero el discurso de que la toman 'como gominolas' solo pretende generar desconfianza a pesar de que se ha probado de sobra su eficacia y seguridad”, sostiene la sexóloga Ray Puig.

La experta señala varios motivos que llevan a las adolescentes a no abusar de la píldora. “Principalmente por el precio que tiene”, que según el Consorcio Europeo para la Contracepción de Emergencia se sitúa entre los 15 y 30 euros, un presupuesto que “suele ser muy alto” para las personas jóvenes. Además, persiste “muchísima desinformación y mitos sobre su uso que hace que las chicas sean muy reticentes a usarla”. “Con ellas funciona el boca a boca, con lo que es difícil desmontarlos cuando los tienen tan arraigados y los comparten mucho entre ellas”, añade la sexóloga.

Las especialistas apuntan a otro bulo común: que facilitar el acceso favorece las relaciones sexuales de riesgo. Sin embargo, Puig apunta a que los motivos que hay detrás “son varios y diversos” e intentar reducirlos a la píldora de emergencia es “atrevido”. “Estos mensajes solo intentan demonizar más el uso de un medicamento útil y necesario, y de manera bastante poco sutil, alejar otros elementos que sí favorecen las prácticas de riesgo. Desde la falta de recursos a la escasez de centros específicos de salud sexual o la falta de información y educación sexual integral en la población”, opina.

Los mitos sobre la salud

“Otro de los mitos más comunes es que es una bomba hormonal, pero no es así”, prosigue Lahoz, que pone el foco en que “no tiene ningún problema de seguridad”. Con el acetato de ulipistral “hay que estar atentos en alguna situación determinada”, en concreto, cuando la mujer tiene una insuficiencia hepática grave, mientras que con levonorgestrel “no hay ninguna contraindicación”.

“Además, es falso que los efectos secundarios sean peligrosísimos, otra de las cosas que se dicen a veces, sino que son leves y transitorios. Nauseas, algún vómito...pero infrecuentes”, añade la ginecóloga.

Tampoco la píldora del día después altera la fertilidad. “No es así. La manera que tiene de actuar es que inhibe o retrasa la ovulación, ese es su mecanismo de acción, pero no está descrito ningún problema de ese tipo”, afirma Caelles, que desmonta otro bulo: “Tampoco se puede tomar solo dos o tres veces a lo largo de la vida, no hay ninguna evidencia. Los criterios de elegibilidad de la OMS no ponen ningún impedimento a tomar la anticoncepción de emergencia tantas veces como sea necesario. Cuando ves que una usuaria toma muchas, no me preocupa tanto la seguridad, sino que esté mejor protegida con anticoncepción regular”, añade la farmacéutica.

Sin embargo, la desinformación no solo se encuentra entre la población, también entre los propios profesionales hay quienes “no tienen una opinión consistente sobre los términos en los que deben aplicar” la píldora, concluyó un estudio publicado el año pasado por el Consorcio Europeo para la Contracepción de Emergencia, que entrevistó a 80 farmacias de diferentes ciudades. Y los hay, además, que apelan a la objeción de conciencia para evitar vender el fármaco, aunque las expertas consultadas consideran que son una minoría.

¿Objeción de conciencia?

El mayor revuelo tras la aprobación de la reforma de la Ley del Aborto a principios de septiembre llegó precisamente por este tema, sobre el que el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos se pronunció de forma contundente. El organismo cuestiona el precepto de la norma que obliga a que las farmacias cuenten con existencias suficientes de la píldora y reclaman que se contemple “expresamente” la objeción de conciencia de los farmacéuticos para evitar caer “en inseguridad jurídica”.

Las expertas consultadas, sin embargo, son escépticas con que pueda aplicarse para un fármaco como este. “No es una píldora abortiva, así que no lo acabo de ver muy justificado”, incide Caelles, que en todo caso cree que, si así fuera, el farmacéutico “debería asegurar que la usuaria puede acceder” a ella “porque la objeción de conciencia no puede estar por encima de su derecho”. “Me llama la atención porque es que si tu conoces bien el mecanismo de acción, no vas a pensar que es abortiva”, añade Lahoz.

Aún así, existe el precedente marcado por el Tribunal Constitucional, que amparó a un farmacéutico de Sevilla que se negó a vender la píldora del día después a una mujer ejerciendo el derecho a la objeción de conciencia. También se había negado a vender preservativos, pero los jueces no le respaldaron en este extremo. “Está claro que quienes se niegan a venderla o extienden bulos sobre ella tienen una intencionalidad ideológica conservadora. Todo lo asociado a la sexualidad libre de las mujeres y su placer está todavía en parte criminalizado en este país”, concluye Cristina Puig.

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