Lo que sabemos de las secuelas que comparten meses después los pacientes graves y leves de COVID
Antonio Olave, de 63 años, estuvo tres semanas ingresado en el Hospital Universitario Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes, Madrid, a finales de octubre de 2020. Su diagnóstico fue neumonía bilateral grave por COVID-19 e insuficiencia respiratoria severa, entre otras afecciones. El día que le dieron el alta había perdido 12,5 kilos y seguía con oxígeno, pero pensó estar totalmente curado. No fue más que el principio de un largo proceso de recuperación que aún hoy continúa.
“Me trajeron en silla de ruedas a casa porque me costaba mucho caminar. Para subir las escaleras a la planta de arriba de mi casa tenía que descansar a mitad del rellano”, cuenta Olave a SINC. A pesar de haber salido del hospital, Antonio sufría un gran cansancio, le dolían todos los músculos, tenía astenia y dificultades para concentrarse y memorizar las cosas, confiesa.
Estos efectos posCOVID, además de la deshidratación, sobre todo en palmas de manos y pies, duraron varios días después del alta; algunos, incluso semanas, en particular la astenia. “No me podía levantar del sillón”, dice. Pero poco a poco, los síntomas fueron remitiendo, salvo en el caso de los pulmones, que no le dejaban del todo inspirar profundamente.