Ching Shih, la exprostituta china que se convirtió en la pirata más poderosa de la historia y humilló al Imperio

Ching Shih aceptó la amnistía sin perder su fortuna

Héctor Farrés

0

Era el terror de los mares, pero también una estratega imbatible. Logró lo que ni los almirantes imperiales, ni los mercenarios europeos, ni los cañones portugueses pudieron frenar. Ching Shih no solo mandaba, organizaba y negociaba: convertía flotas piratas rivales en aliadas y pueblos costeros en centros logísticos.

Gobernó el mar con normas propias, impuso una ley brutal y logró que miles de hombres, armados, pendencieros y ambiciosos, la obedecieran sin rechistar. Todo eso, sin necesidad de disparar una sola bala para conseguir el poder.

Ascendió del prostíbulo flotante al control absoluto del mar del sur de China

Ching Shih empezó su carrera en un prostíbulo flotante del puerto de Cantón, uno de los más transitados del sur de China a finales del siglo XVIII. Nacida en 1775 en el seno de una familia pobre de la provincia de Guangdong, fue obligada a prostituirse desde muy joven. No tardó en hacerse conocida por su habilidad para tratar con clientes poderosos, entre ellos comerciantes influyentes, oficiales del ejército y miembros de la corte.

En 1801, Zheng Yi, un pirata consolidado con más de 200 barcos a su mando, decidió convertirla en su esposa. Según varios testimonios recogidos posteriormente, ella solo accedió al matrimonio tras asegurarse una participación del 50 % en el negocio y el mando compartido de la flota. Se casaron ese mismo año y, en los meses siguientes, el tamaño del grupo se multiplicó por nueve.

Durante los primeros años, ambos capitanearon lo que pronto se conoció como la Flota de la Bandera Roja, una armada colosal que acabó integrando a grupos piratas dispersos por toda la costa sur. Con casi 2.000 embarcaciones y decenas de miles de tripulantes, impusieron un sistema propio para controlar desde el tráfico de mercancías hasta la vida en los pueblos costeros.

Las reglas eran duras: quien desobedecía una orden, violaba a una prisionera o cometía infidelidad, era ejecutado en el acto. En cambio, quienes mostraban lealtad eran premiados con recompensas económicas o ascensos.

Zheng Yi falleció en 1807 en circunstancias poco claras. Algunas fuentes señalan que murió en Vietnam, otras apuntan a que fue arrastrado por una tormenta en alta mar. La desaparición del comandante dejó la estructura del poder pirata en una situación delicada, pero ella actuó con rapidez. Recurrió a sus alianzas, a los lazos creados durante años y a su habilidad para negociar con líderes rivales. En menos de dos semanas, colocó al joven Cheung Po Tsai, adoptado años antes por la pareja, como nuevo jefe formal de la flota. Poco después, contrajeron matrimonio.

A partir de entonces, Ching Shih ejerció el liderazgo absoluto. Consolidó el sistema de normas internas, amplió la zona de control marítimo y convirtió cada movimiento naval en una operación eficiente. La organización fue tan eficaz que lograron dominar amplias zonas del Mar de China Meridional y cobraban peaje a cualquier barco que pasara por allí.

En 1809, un trabajador de la Compañía de las Indias Orientales llamado Richard Glasspoole fue retenido durante cuatro meses y estimó que la flota estaba compuesta por 80.000 personas.

La rendición negociada que convirtió a una pirata en figura respetada del régimen

El poder de Ching Shih fue tan grande que las autoridades chinas lanzaron varias ofensivas para intentar recuperar el control marítimo. En una de esas campañas, la flota imperial fue derrotada en pocas horas. Ella ofreció una salida a los soldados supervivientes: podían unirse a su organización. Muchos aceptaron. Poco después, también llegaron los portugueses, que lograron resistir más tiempo. Aunque habían sido vencidos en dos ocasiones anteriores, regresaron con más embarcaciones y artillería pesada.

Su organización era tan eficaz que las ofensivas militares fracasaban y muchas tripulaciones derrotadas terminaban incorporándose a la flota

La presión militar y las disputas internas entre diferentes grupos piratas acabaron forzando una retirada pactada. En 1810, Ching Shih aceptó la amnistía ofrecida por el gobierno de la dinastía Qing. A cambio de su rendición, obtuvo inmunidad y la posibilidad de conservar sus riquezas. Cheung Po Tsai fue nombrado oficial de la marina imperial y recibió el mando de la flota de Guangdong.

Años después, Ching Shih se instaló en Macao con sus hijos. Allí abrió un salón de juegos y más adelante un burdel, mientras participaba también en el comercio de sal. Murió en 1844, a los 69 años. En muchos casos se ha desdibujado su verdadera dimensión: fue una de las pocas personas capaces de controlar, con reglas propias, una flota pirata más numerosa y organizada que cualquier armada estatal de su tiempo.

Etiquetas
stats