Descubierta en Burgos hace poco, es considerada una de las calzadas romanas mejor conservadas de la península

La ruta no era solo un sendero, sino una arteria vital para el movimiento de mercancías y personas en el norte peninsular

Alberto Gómez

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En la comarca de Las Merindades, en la provincia de Burgos, un curioso viajero puede visitar un tramo de calzada romana que, según los expertos, es probablemente el mejor conservado de toda España. Aunque el Imperio Romano dejó huellas profundas en la península, este descubrimiento destaca por su estado de integridad. Los restos fueron identificados plenamente hace apenas unos años, permaneciendo ocultos al conocimiento general durante siglos bajo la apariencia de un camino rural común. Este sector de la vía está localizado concretamente en el municipio de Valle de Losa, descubrimiento que ha generado un gran interés entre arqueólogos y senderistas.

Esta infraestructura formaba parte de una ruta estratégica que unía la costa cantábrica con el interior de la meseta, conectando Flaviobriga con Uxama Barca. La actual Castro Urdiales y la antigua Osma quedaban así vinculadas por un trazado de aproximadamente 115 kilómetros de extensión total. A su paso por el Valle de Losa, la vía atraviesa un paisaje diverso conocido popularmente como el valle de los tres paisajes. El camino cruza desde el Valle de Mena y avanza de oeste a este, pasando por localidades como San Llorente y Lastras de la Torre. En este recorrido, la calzada salvaba accidentes geográficos y ríos, como el Jerea o el Navón, mediante obras de ingeniería precisas. La ruta no era solo un sendero, sino una arteria vital para el movimiento de mercancías y personas en el norte peninsular. 

Testimonio vivo de la capacidad organizativa y técnica de los romanos en el territorio de la actual Castilla y León, lo que hace que este hallazgo sea excepcional es un segmento continuo de 1.600 metros que se mantiene prácticamente intacto. A diferencia de otras vías romanas que han sido alteradas por maquinaria moderna o pavimentaciones posteriores, este tramo no ha sufrido transformaciones. Se considera el recorrido más largo de España que conserva su fisonomía original de hace dos mil años sin intervenciones humanas. Hasta la década de los años ochenta, la longitud conservada era mucho mayor, superando los siete kilómetros de extensión. Lamentablemente, la concentración parcelaria y la actividad agrícola intensiva destruyeron gran parte de ese legado antes de su identificación. Sin embargo, la sección que sobrevive en el Valle de Losa ofrece una oportunidad única para estudiar la construcción romana auténtica. 

A diferencia de otras vías romanas que han sido alteradas por maquinaria moderna o pavimentaciones posteriores, este tramo no ha sufrido transformaciones

Este corredor de piedra y tierra destaca sobre el terreno circundante por su limpieza de vegetación y su firmeza. La imagen de este camino rompe por completo con los estereotipos que el cine y la cultura popular han difundido sobre las calzadas. A diferencia de lo que muestran las películas de Hollywood o los cómics, las vías romanas no solían estar pavimentadas con grandes losas. Las calles de las ciudades sí usaban piedras planas, pero las carreteras interurbanas eran obras de alta tecnología con capas compactadas. Los estudios realizados por el ingeniero Isaac Moreno Gallo en el año 2010 han sido fundamentales para aclarar este punto. 

La calzada de Losa revela que se trata de una estructura diseñada para el tránsito pesado de carros y no solo para peatones. Esta concepción funcional permitía una durabilidad extrema y una resistencia que los caminos de tierra modernos no pueden igualar. Al caminar por ella, se percibe una superficie de tacto áspero y bordes elevados que delatan su origen artificial. Es, en esencia, una carretera de alta tecnología del mundo antiguo que ha llegado a nosotros casi funcional.

Técnicamente, la vía consiste en un potente paquete de materiales que se eleva aproximadamente un metro sobre el nivel del suelo natural. Esta plataforma o terraplén fue construida utilizando sucesivas capas de piedras de diversos tamaños, zahorras locales y arenas finas. En la base se colocaban los materiales más pesados, mientras que en la superficie se aplicaban áridos finos y arcillas compactadas. El resultado es un firme rectilíneo que se mantiene seco y sin charcos incluso durante las épocas de lluvias intensas. Mientras los caminos rurales colindantes se llenan de barro, la calzada romana permanece transitable gracias a su excelente sistema de drenaje. 

Otros yacimientos

Su cimentación de cantos calizos fue realizada directamente sobre la roca virgen en algunos puntos, lo que favoreció su conservación. La altura del terraplén permite que la vía destaque visualmente cuando se observa desde una perspectiva aérea o a pie. La supervivencia de este tramo se debe en gran medida a una combinación de azar y a las características del terreno. Además, el hecho de estar construida sobre roca madre dificultó que los arados de los agricultores pudieran destruirla con facilidad. A diferencia de otras zonas donde la maquinaria pesada ha borrado el rastro romano, aquí el proceso de transformación agraria la respetó. Es lo que los investigadores llaman una conservación “por casualidad”, nacida de siglos de uso tradicional sin alteraciones estructurales. En la actualidad, el Ayuntamiento de Valle de Losa está trabajando intensamente para señalizar y proteger este recurso histórico. 

El entorno de la calzada en el Valle de Losa está enriquecido por otros yacimientos que completan el panorama de la presencia romana. Muy cerca se encuentran las ruinas de la villa de San Martín, conocida como Los Casarejos, que data del siglo IV. En este asentamiento se han descubierto estancias con mosaicos, sistemas de calefacción y restos de una sala fría arqueológicamente valiosos. También destaca el yacimiento de Las Molleras, que con sus 19 hectáreas de extensión aprovechaba las salinas locales de la zona. Otros puntos de interés incluyen restos de torres medievales y la emblemática ermita románica de San Pantaleón, situada sobre una peña. Este templo, vinculado a la Orden de San Juan de Jerusalén, añade un aura de leyenda y misterio al valle. La combinación de arqueología romana y arte románico convierte a Las Merindades, en definitiva, en un destino cultural excepcional en Burgos

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