Escuchar música podría proteger tu cerebro

Persona eligiendo el logotipo de la plataforma musical Spotify.

Inma Moraleda

Madrid —

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No hace falta una excusa para poner una canción, pero si existe, mejor tenerla a mano. Escuchar música de forma habitual podría reducir de manera significativa el riesgo de desarrollar demencia y ayudar a mantener la memoria en la vejez. No es una intuición romántica ni un eslogan de bienestar: es la conclusión de un estudio con más de 10.000 personas mayores, liderado por la Universidad de Monash, en Australia.

La música, más allá del ocio y la cultura, empieza a consolidarse como un factor relevante en la salud cerebral.

Un estudio con más de 10.800 personas mayores de 70 años

La investigación, publicada en la revista científica International Journal of Geriatric Psychiatry, analizó durante años los hábitos musicales y el estado cognitivo de 10.867 personas mayores de 70 años.

El trabajo estuvo dirigido por la investigadora Emma Jaffa y la profesora Joanne Ryan, y forma parte del ASPREE study, uno de los mayores proyectos internacionales sobre envejecimiento saludable.

Darle al play también cuenta

Los resultados son claros:

  • Las personas que escuchan música de forma habitual presentan hasta un 39 % menos de riesgo de desarrollar demencia.
  • También muestran un 17 % menos de probabilidad de sufrir deterioro cognitivo.

No se trata solo de prevenir una enfermedad futura. Los participantes que escuchaban música con frecuencia obtenían mejores puntuaciones en memoria episódica, la que usamos para recordar hechos cotidianos: conversaciones, citas o lo que hicimos ayer.

Por qué la música podría ayudar al cerebro

La ciencia lleva tiempo señalando que la música activa múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo: memoria, emoción, atención y coordinación. Además, tocar un instrumento implica aprendizaje continuo, disciplina y estimulación sensorial.

Estudios previos han demostrado que la actividad musical puede favorecer la plasticidad cerebral, incluso en edades avanzadas.

Un hábito sencillo en un problema complejo

La demencia es uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 55 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo, y no existe una cura. En este contexto, retrasar su aparición o reducir el riesgo es una prioridad. Y ahí entran los hábitos cotidianos: accesibles, baratos y sostenibles.

Como resume la profesora Joanne Ryan, el envejecimiento cerebral no depende solo de la genética o la edad, sino también del entorno y del estilo de vida. Escuchar música (y mejor aún, hacerla) no garantiza una mente inmune, pero sí puede convertirse en una aliada inesperada para cuidar la memoria. Porque a veces, proteger el cerebro empieza con algo tan simple como darle al play.

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