El hallazgo de un hueso en Córdoba reactiva la hipótesis de elefantes de guerra ligados a Aníbal en la Península
Los ejércitos del mundo antiguo dependían tanto de la fuerza humana como del ingenio para ganar batallas, y pocos símbolos reflejan mejor esa combinación que los elefantes de guerra. Estos animales, enormes y difíciles de controlar, se convirtieron en armas vivas capaces de romper líneas y sembrar el miedo en el enemigo.
Aníbal, general cartaginés y uno de los estrategas más audaces de la historia, los utilizó con una precisión que desconcertó a Roma. Sus campañas en Hispania y, más tarde, su marcha legendaria hacia los Alpes marcaron el punto más alto del uso de animales en la guerra. Los elefantes representaban poder, intimidación y una logística impresionante: moverlos, alimentarlos y mantenerlos con vida era tan difícil como lograr que cargaran en el momento exacto.
Su presencia en la Península Ibérica no fue solo militar, sino también un reflejo del alcance cartaginés en el territorio. Aquellos animales, traídos desde África, tuvieron un papel relevante en los enfrentamientos que prepararon la gran ofensiva contra Roma. Durante siglos, su paso se conocía solo por los relatos de autores clásicos, pero la arqueología ha empezado a ofrecer pruebas tangibles de que esas bestias realmente caminaron por Hispania, y con ello se abre una nueva ventana a la historia.
Un hueso hallado en Córdoba encajó todas las piezas de un episodio bélico concreto
El reciente estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports ha identificado en Córdoba un hueso que podría cambiar la comprensión de ese episodio. Los investigadores, dirigidos por Rafael Martínez Sánchez, de la Universidad de Córdoba, determinaron que el fragmento corresponde a un hueso carpiano de elefante y lo situaron en torno a los años previos a la conquista romana. Su datación, en unos 2250 años, coincide con la Segunda Guerra Púnica, cuando las tropas de Aníbal consolidaban su presencia en la región.
El análisis comparativo permitió apreciar que el hueso tiene proporciones mayores que las de los elefantes asiáticos, lo que sugiere que pertenecía a un ejemplar africano, posiblemente de la especie extinta Loxodonta pharaoensis. Esta clase de elefantes era la que los cartagineses solían emplear en combate por su tamaño y resistencia. La falta de colágeno en la muestra impidió obtener una fecha orgánica directa, pero la fracción mineral del hueso confirmó su antigüedad con precisión suficiente para encajarlo en el periodo púnico.
El fragmento apareció durante una excavación en la Colina de los Quemados, el antiguo oppidum ibérico de Corduba. Bajo una capa de colapso arquitectónico, el equipo de la Universidad de Córdoba halló el hueso junto a restos de artillería: proyectiles de piedra de unos once centímetros, puntas de flecha y monedas cartaginesas acuñadas en Cartagena entre 237 y 206 a. C. La coincidencia de todos estos elementos en un mismo estrato apuntó a un episodio bélico que, según los investigadores, terminó con la muerte del animal en combate.
Los arqueólogos explicaron que “uno de los principales indicadores arqueológicos de la actividad militar en este período es la presencia de proyectiles de artillería, incluyendo perdigones disparados desde litóbolos o petróbolos y proyectiles de perno disparados desde máquinas de torsión como el escorpión”. A partir de ahí, dedujeron que el elefante habría participado en un ataque cartaginés contra la población ibérica. El resto del esqueleto, posiblemente destruido o reutilizado, se perdió con el tiempo.
El yacimiento cordobés puede abrir una nueva etapa en el estudio de estas campañas
El hallazgo, aunque es aislado, encaja con la hipótesis de que Cartago mantenía un contingente de elefantes en Hispania. El historiador griego Polibio señaló que antes del cruce de los Alpes, el ejército cartaginés disponía de unos 200 animales en la península, destinados a asegurar su dominio sobre las ciudades íberas. En Córdoba, ese contexto militar cobra ahora forma física gracias al hueso encontrado, el primero que puede vincularse directamente a los elefantes de guerra de Aníbal.
Los expertos recuerdan que este carpo “puede constituir uno de los escasos ejemplos de evidencia directa del uso de estos animales durante la Antigüedad clásica, no solo en la Península Ibérica, sino también en Europa occidental”. La pieza ofrece una confirmación material a un relato que hasta ahora pertenecía a la historia narrada. Por eso, el descubrimiento no solo aporta una prueba científica, sino también una conexión tangible con un episodio que marcó el equilibrio de poder en el Mediterráneo.
El equipo encabezado por Rafael Martínez Sánchez y Agustín López Jiménez continuará trabajando en la Colina de los Quemados con la intención de localizar más restos que permitan reconstruir la escala de aquel enfrentamiento. Si nuevos hallazgos apoyan esta hipótesis, el yacimiento cordobés podría convertirse en el primer testimonio arqueológico sólido de los elefantes de guerra que cambiaron el curso de la historia antigua en la Península Ibérica.
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