Una nueva exposición en el British Museum pone sobre la mesa que el 50% de los samuráis del periodo Edo en Japón eran mujeres
La hoja de la katana descendió en diagonal y abrió una franja roja sobre la tela endurecida del enemigo, mientras el barro salpicaba las grebas y el olor a hierro caliente se mezclaba con el humo bajo. El samurái avanzó sin frenar, pisó una lanza caída, la apartó con la suela claveteada y giró sobre sí mismo para esquivar otra estocada que rozó las placas lacadas de su armadura.
Derribó a un segundo hombre con un golpe seco en el cuello, arrancó el arma del cuerpo que aún temblaba y siguió corriendo entre gritos, respiración entrecortada y polvo en suspensión. Cuando el combate aflojó unos segundos y el viento movió el estandarte a su espalda, se llevó las manos al casco, soltó las ataduras bajo la barbilla y dejó al descubierto un rostro sudado que no era el que sus rivales habían imaginado.
El Museo Británico revisa siglos de relatos y cuestiona la imagen que se ha repetido hasta hoy
Esa ruptura entre apariencia y realidad encaja con el planteamiento que propone una nueva exposición del Museo Británico, titulada Samurai, sostiene que cerca de la mitad de esa clase estuvo formada por mujeres y desmonta varias ideas asentadas sobre esa élite armada de Japón. La muestra analiza cómo se construyó su imagen pública y cómo terminó convertida en un símbolo cultural con el paso del tiempo, además de cuestionar la visión que el público suele dar por hecha.
La exposición se organiza en tres partes y arranca con la figura del guerrero temido y regido por el honor, continúa con su transformación en grupo cultural y administrativo y termina con su presencia en el cine, la televisión, el manga, los videojuegos y el arte actual. En esta última sección aparecen encargos al artista japonés Noguchi Tetsuya y referencias a títulos como Assassin’s Creed Shadows y Nioh 3, anunciado para 2026.
La muestra reúne más de 280 piezas y recursos digitales procedentes de la colección del museo y de 29 prestadores nacionales e internacionales, con armas, armaduras, pinturas, grabados, libros, textiles, cerámica y fotografías.
Aquella casta pasó de empuñar armas por encargo a ocupar despachos y cargos culturales durante siglos
La historia que plantea la exposición arranca entre los siglos XII y XVI, cuando familias con recursos contrataban guerreros para proteger sus propiedades. Con el tiempo, ese grupo pasó de actuar como fuerza mercenaria a consolidarse como aristocracia rural y, hacia 1615, abandonó el campo de batalla para ocupar puestos como funcionarios, estudiosos y protectores de las artes. Tras esa fecha, según explica la propia muestra, dejó de combatir y se convirtió en una especie de ejército permanente que no llegó a entrar en guerra durante 250 años de paz.
En ese marco, la muestra subraya que muchas mujeres pertenecían a esta clase, trabajaban como seguridad privada en hogares acomodados y asumían responsabilidades administrativas, académicas y de patrocinio cultural, sin que su papel se redujera al combate.
La muestra recuerda que hubo mujeres que ejercieron poder político y que existieron casos poco frecuentes de participación directa en combate, como el de Nakano Takeko, que murió en 1868. También se menciona a Tomoe Gozen, figura celebrada durante siglos en la literatura y en la historia popular, aunque numerosos historiadores ponen en duda que fuera una guerrera histórica tal como se la ha contado.
Entre los objetos destacados figura una armadura completa fechada entre 1700 y 1800 que se incorporó hace poco a la colección del museo, con un casco de alto prestigio y un estandarte dorado en forma de hojas de iris diseñado para que el portador resultara reconocible y temible. También se exhibe una chaqueta femenina de bomberos de color rojo bermellón y un retrato poco habitual pintado por Domenico Tintoretto en 1585, que muestra a Itō Mancio, un joven samurái que encabezó con 13 años una embajada al Vaticano en 1582 tras un viaje de dos años por Europa. Se suma un juego de cartas con datos sobre señores relevantes que miembros de esta clase utilizaban en el siglo XIX para entretenerse durante las guardias, fechado entre 1828 y 1833.
La imagen popular dista mucho de lo que cuentan los estudios históricos
Rosina Buckland, curadora de las Colecciones Japonesas de Asahi Shimbun en el Museo Británico, explicó a The Independent que “los historiadores siempre han sabido que la comprensión popular suele estar bastante alejada de la forma en que realmente se interpreta una cultura”.
En esa misma entrevista añadió que “hay una distancia en el tiempo y en el espacio, y también una versión popular de la historia que resulta fácil de consumir”. Buckland recordó que “las películas de Hollywood y sus imágenes circulan por todo el mundo y terminan fijándose en el imaginario común”, y precisó que “cuando se rasca la superficie aparece una realidad muy distinta”.
También indicó que “en ese período ya no eran guerreros en la práctica” y detalló que “eran solo de nombre, una especie de ejército permanente que nunca tuvo que entrar en batalla”. Según la comisaria, la muestra enseña ropa cotidiana parecida a un traje actual, además de una túnica femenina, objetos para el cuidado del cabello, un juego de tocador, un espejo de mano y un libro de etiqueta para mostrar que la mitad de la clase samurái estaba formada por mujeres y que su papel dentro de esa élite resultó determinante en la vida cultural de su tiempo.
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