La réplica funcional de una mano mecánica de hace 500 años revela cómo se vivía con una prótesis en el XVI
Las amputaciones eran frecuentes en el siglo XVI por conflictos bélicos, castigos judiciales o accidentes laborales, pero vivir sin una mano implicaba mucho más que una limitación física. La ausencia de un miembro superior condicionaba la posición social, el acceso al trabajo y la forma de relacionarse en contextos públicos. Quienes perdían una extremidad debían reorganizar sus hábitos más básicos, como vestirse o comer, en una época sin ayudas médicas especializadas.
El manco, por si fuera poco, quedaba marcado de forma visible, lo que afectaba tanto a su movilidad como a su integración en la vida diaria. En ese contexto, contar con una prótesis funcional en el siglo XVI era una oportunidad que podía cambiarlo todo.
Las prótesis eran tan escasas como valiosas en plena época renacentista
Una mano de hierro conservada en el Museo de Hesse, en Kassel, ha servido de base para recrear con impresoras 3D cómo se vivía con una prótesis mecánica hace cinco siglos. El dispositivo original, fabricado en el entorno germánico y datado en el Renacimiento, cuenta con un sistema interno que permite bloquear los dedos en distintas posiciones. Solo se han documentado unas 35 piezas similares en toda Europa, lo que confirma su valor histórico.
El proyecto, conocido como Kassel Hand Project, se desarrolló en la Universidad de Auburn entre junio de 2023 y mayo de 2025, con el impulso conjunto de historiadores y especialistas en ingeniería mecánica.
La reproducción funcional, elaborada con resina plástica PLA mediante impresión doméstica, fue diseñada a partir de modelos digitales en CAD. Aunque el material elegido no reproduce el peso ni la textura del hierro, sí permitió poner a prueba sus mecanismos básicos en condiciones de uso reales.
Un fallo durante una demostración ayudó a perfeccionar el diseño funcional
Uno de los momentos clave se produjo en una sesión pública en la Universidad de Alabama en Birmingham, donde el sistema de liberación de los dedos se partió tras ser manipulado con exceso de fuerza. El equipo técnico identificó el problema en la holgura del resorte que permitía accionar la palanca de apertura, y rediseñó el interior para limitar su recorrido. Ese ajuste, además de reforzar la estructura, se acercaba más al funcionamiento que debió tener la mano original.
Tras el incidente, bautizado por el equipo como Birmingham Break, se elaboró un vídeo explicativo con instrucciones detalladas para garantizar un uso adecuado de las réplicas. Una semana después, en una clase de la propia Universidad de Auburn, se probaron cuatro modelos mejorados con resultados óptimos.
La investigadora Whitney E. L. Morgan, responsable del área histórica, explicó en una entrevista publicada por la Universidad de Auburn que el objetivo no era únicamente construir una copia, sino entender qué supuso para alguien del siglo XVI llevar una prótesis así en la vida diaria. En sus palabras, “al recrear una herramienta que perteneció a una persona anónima del siglo XVI, se recupera una parte de su mundo”.
El proyecto compartió sus resultados para abrir nuevas vías de investigación
Los resultados se difundieron de forma abierta, con acceso gratuito a los archivos digitales para que cualquier persona pueda imprimir su propia réplica con herramientas domésticas. Esta decisión forma parte de una estrategia más amplia que busca abrir el estudio de la historia protésica a investigadores, docentes y personas interesadas en el vínculo entre tecnología y experiencia humana.
Más allá del objeto físico, el Kassel Hand Project puso en práctica un modelo metodológico para trabajar con artefactos frágiles sin comprometer su conservación. Los dispositivos impresos sirvieron como herramienta de análisis experimental, aportando datos sobre fuerza, movilidad y posibles usos cotidianos. Con eso, se recuperó no solo una tecnología antigua, sino también parte del día a día de quienes dependieron de ella.
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