Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
Fin de ciclo
La degradación de Santander ocurre delante de nuestros ojos casi sin darnos cuenta. En algunos casos porque es lenta y apenas perceptible: unas baldosas rotas aquí; una farola que no funciona allá; un banco, una papelera o unos árboles que no se reponen en la esquina olvidada de una calle secundaria. En otras ocasiones, porque el paso del tiempo borra la memoria y tendemos a acostumbrarnos al caos para no seguir flagelándonos: ya nadie habla de lo sucia que está la ciudad o de lo mal que funciona el transporte urbano porque se da por hecho y sería reiterar una y otra vez en las mismas conversaciones.
Mientras tanto, casi de manera simultánea, un equipo de gobierno agotado y sin ideas vive en su burbuja, esperando a que llegue el verano para que el bullicio de los visitantes silencie con su ruido las pocas voces críticas que se atreven a señalar lo obvio. Repartirán raciones de paella, visitarán los barrios en sus festividades correspondientes como el que va de excursión a las afueras y se pondrán sus mejores galas para asistir a los toros durante la Semana Grande.
A estas alturas ya estarán encargando las nuevas infografías de proyectos grandilocuentes que nunca se harán y que servirán al PP para ganar de nuevo en las elecciones de 2027. Con un poco de suerte podrán reciclar las que utilizaron en la campaña electoral de 2023, porque no es aventurado decir que ninguna de esas grandes obras —siempre son obras— verá la luz en esta legislatura, que ya está enfilando su cuenta atrás.
Con esa especie de resignación y ensimismamiento tan característico de Santander, que golpea de lleno a una oposición aletargada y empeñada en parecerse lo máximo posible al PP, —a ver si por asimilación o contagio consiguen un puñado de votos con el que justificar su sueldo otros cuatro años—, transitamos sin remedio hacia esa decadencia del que se da por perdido y decide no luchar. Da la sensación de que se han bajado los brazos de forma generalizada, que la inercia mueve internamente los resortes de una ciudad acomodada y mediocre que no pretende buscar soluciones a su declive.
Sin embargo, al tiempo que ocurre esto, también comienzan a reventar algunas costuras y pequeñas piedras en el zapato del PP se dejan notar en los lugares más insólitos. Aún son conatos de incendio. Ojo, nadie duda de la victoria electoral de Gema Igual si repite como candidata —tampoco yo lo hago en estos momentos—, pero es cierto que transmite una sensación de fin de ciclo personal en el Ayuntamiento que se deja entrever en sus respuestas llenas de soberbia a los vecinos que protestan, en su falta de gestión de problemas básicos o en el nulo interés de transmitir una imagen de cercanía e ilusión por el futuro.
Gema Igual enfila su décimo año como alcaldesa de Santander. Son ya 23 años desde que entró al Ayuntamiento como concejala de la mano de Gonzalo Piñeiro. Media vida. Costaría mucho decir dónde ha dejado su impronta, cuál será su legado el día que abandone el Consistorio, qué proyectos estrella se atribuirán a su gestión. Tiene un exiguo currículum del que presumir después de un periodo tan largo con responsabilidades políticas en primera línea.
Lo que sí ha dejado claro en los últimos meses es que a los vecinos de Cueto les quería “tapar la boca” con un parking de autocaravanas que no pedía nadie; que algunos proyectos absurdos como el fallido aparcamiento de El Sardinero “había que hacerlo para no perder el dinero”; que la reducidísima zona de bajas emisiones “no le gusta” pero tiene que aprobarla por obligación legal; que los ciudadanos que protestan por la privatización del Mercado de Puertochico para convertirlo en un McDonald's serán multados por colgar una inocente pancarta contra ella; que las personas que viven y sufren los ruidos nocturnos de las terrazas en Cañadío o la suciedad de los botellones en el centro tendrán que resignarse o mudarse a un lugar más tranquilo; que los miles de aficionados del Racing que acuden cada partido a los Campos de Sport deberán convivir con unas instalaciones municipales tercermundistas; que los bomberos, policías locales, personal de limpieza y el resto de la plantilla municipal tendrá que seguir escuchando promesas incumplidas mientras se deterioran y privatizan los servicios públicos esenciales. Una hoja de servicios impoluta.
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