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El príncipe heredero saudí pide austeridad en su país y paga mil millones por un palacio, un yate y un Da Vinci

Imagen del palacete Louis XIV.  Patrice Diaz/Wikimedia Commons.

The Guardian

El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, es el propietario de un palacete francés descrito como el hogar más caro del mundo.

La compra de la inmensa propiedad situada al oeste de París por 300 millones de dólares es la última en una serie de compras extravagantes del poderoso príncipe, que a su vez ha lanzado una campaña anticorrupción de gran alcance.

El palacete de reciente construcción se vendió en 2015 a un misterioso comprador y, aunque la propiedad real está escondida a través de una serie de empresas pantalla, asesores de la familia real han confirmado que el príncipe es el dueño último de la vivienda, según una información de the New York Times.

Autoridades saudíes no han querido hacer declaraciones sobre la información. La web francesa de investigación Mediapart ya señaló al príncipe como el dueño del palacete en julio de este año.

La revista Fortune informó en el momento de la venta que el Chateau Louis XIV –que tiene fuentes que se pueden controlar mediante un iPhone– había batido el récord de la casa más cara del mundo.

Por fuera, la mansión parece un palacete francés del siglo XVII al estilo del Palacio de Versalles, pero realmente es un edificio de nueva construcción levantado después de que su constructor saudí tirase la construcción del siglo XIX que había con anterioridad.

Sus fachadas antiguas esconden instalaciones modernas: entre ellas un cine, una piscina de lujo y una fosa con una sala de paredes transparentes para que los visitantes puedan disfrutar viendo cómo pasan las carpas koi.

La parcela de 23 hectáreas tiene jardines cuidados, fuentes gigantes y un laberinto, mientras que los interiores están decorados con despilfarro e incluyen dorados y frescos en los techos.

La información llega después de la detención de decenas de miembros de la élite saudí por orden del príncipe heredero en una campaña anticorrupción. Ministros, magnates y príncipes fueron encerrados en el hotel Ritz-Carlton de Riad, de cinco estrellas. Desde entonces, muchos han aceptado entregar sus supuestas ganancias fraudulentas a cambio de su libertad, según afirmó el fiscal general saudí Saud al Mojeb a principios de este mes.

En una entrevista con the Times en noviembre, el príncipe Mohamed bin Salmán tachó de “ridículas” las informaciones que comparaban la campaña de mano dura con una purga política para eliminar rivales antes de convertirse en rey.

The Times informó de que el príncipe heredero compró el palacete a través de una empresa administrada a través de su fundación personal, Eight Investment Company, que también gestionó su compra en 2015 de un yate de 500 millones de dólares.

Según una información de principios de mes, un príncipe saudí que actuaba en nombre del príncipe heredero bin Salmán compró en noviembre un cuadro de Leonardo Da Vinci por 450,3 millones de dólares. Sin embargo, más tarde se dijo que el comprador era el Ministerio de Cultura y Turismo de Abu Dabi.

La compra del yate, sellada con la ayuda de un ejército de abogados y contables en Alemania, Bermudas y la Isla de Man, salió a la luz con la filtración de los documentos Paradise Papers.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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