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Cinco excelentes razones para salir de la Nube

El Sol no se pone nunca en Google Street View

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La gente todavía no se ha dado cuenta de lo grande que es esta oportunidad -decía Eric Schmidt en 2004. -Empieza con la premisa de que los servicios y la arquitectura de datos debería estar en servidores. Nosotros lo llamamos Cloud Computing.

La arquitectura de datos no debería estar en servidores ni llamarse Computación en la Nube, pero es natural que al presidente ejecutivo de Google le guste más así. Esto es porque cuando dice “la gente” no se refiere a nosotros sino su propia empresa y a Facebook, Apple, Twitter, Amazon, Microsoft, eBay y Paypal. Y la “gran oportunidad” de la que habla es convertir nuestro espacio público en su espacio privado con la natural intención de lucrarse el máximo posible, pero nosotros tenemos buenas razones para no participar. Para empezar, estas cinco:


1. Te roban lo que es tuyo. Hace unos días tuve que pagar a Flickr para recuperar fotos que yo misma subí hace cinco años. Aunque sólo me hicieron falta unas horas, tuve que abonar tres meses (6.95$) porque es el mínimo que acepta la plataforma por dejarte acceder a los contenidos de mi propia cuenta. Pero lo que dicen cuando abres esa cuenta es que su objetivo en el mundo es “ayudar a la gente a mostrar sus fotos a las personas importantes de su vida”. También te dejan firmar con tu cuenta de Google o Facebook. Y al final, te recuerdan: “Flickr loves you!”.

Este es el primer gran problema con la Nube, que todo lo que sube a la Nube no vuelve a bajar. Desde el software que subimos a la Mac App Store a la crítica de cine que publicamos en Blogger, cada palabra tuiteada, cada foto compartida, cada coma de cada correo correo que mandamos Gmail, cada canción que hemos subido a Myspace. Una vez en su servidor, todos esos datos dejan de ser nuestros para convertirse en suyos y no los piensan devolver. Cuando borramos una foto de nuestra cuenta en Facebook o limpiamos una barbaridad que se nos escapó en Twitter, los datos desaparecen de nuestra vista pero no se borran jamás. Son nuestro historial indeleble y es la moneda de cambio de la Red Social.


2. Su verdadero negocio es tu vida. No son nuestras fotos, nuestras canciones, nuestras cartas de amor ni el video de nuestra boda, aunque se lo queden todo. Es la visión granular y estratosférica de todos y cada uno de nuestros movimientos o, para usar el eufemismo favorito del negocio, nuestra Inteligencia Colectiva. Es tan valiosa que, dicen sus expertos, ayuda a "descubrir nuevos mercados, prevenir enfermedades, conectar procesos políticos, combatir el crimen y manejar el tráfico”. En otras palabras, vender nuevos productos y controlar a la población. Si algun día me detienen por manifestarme delante del Congreso, toda esa información es el oro con el que me van a enterrar. Y Facebook es todo lo que Stasi siempre quiso ser y no pudo: todos los colegas, familiares y amigos vigilándote las 24 horas del día y apuntandolo todo con etiquetas. Sin malas caras ni canciones protesta ni filtraciones a la prensa capitalista. Gratis.

El verdadero negocio de la Nube es vender nuestros datos a empresas que quieren saber qué vendernos la próxima primavera y a gobiernos que quieren anticipar nuestra reacción cuando suban el IRPF, bajen las pensiones y vendan las infraestructuras públicas a sus deudores. Y a la CIA, el FBI y la Interpol y a mucha otra gente que no conocemos. Pero no lo llaman espiar (¿te dice el diablo que es el diablo?), lo llaman Big data.


3. Es totalitaria. Nos somete a gobiernos que no hemos elegido democráticamente. La mano de Obama alcanza incluso a aquellas empresas cuyos servidores están repartidos por Kuala Lumpur, San Sebastián o Hong Kong, que es donde estaban los de Megaupload antes de que se los llevara el FBI. ¿Cómo distinguimos una empresa norteamericana de otra que no lo es? Porque acaba en .com, .org .net. ¿Cómo sabemos dónde están sus servidores? No lo sabremos pero da igual.

A cambio de ver cualquiera de los 86 capítulos de los Soprano a cualquier hora del día desde nuestro portátil, móvil o tableta, quedamos a merced de la Patriot Act, la NSL (National Security Letter), SOPA y (pronto en sus pantallas) CISPA, todas leyes que garantizan a las empresas, proveedores de servicios y miembros de la administración norteamericana un acceso continuo, ilimitado e impune a todo lo que importa en nuestras vidas, sin debernos ninguna explicación.


4. Su estrategia es centralizar la Red. La arquitectura de la información no es tecnología sino política: si no me creen estudien atentamente este mapa. Tim Berners-Lee imaginó una Red parecida al P2P donde cada célula es a la vez cliente y servidor y se comunica con libertad y autonomía con cualquier otra célula, una sencilla solución tecnológica para evitar la censura, la explotación, el abuso de poder y el monopolio. La Nube propone exáctamente lo contrario, una estructura feudal donde todas las comunicaciones pasan por un operador que todo lo ve y todo lo sabe (si la Nube fuera una ciudad, se parecería a Moscú).

En una estructura P2P, el cliente/servidor tiene que poner su parte de los recursos (memoria, procesador y ancho de banda) pero a cambio puede leer sin ser visto, hablar sin ser escuchado y comprar sin ser espameado por terceros. La Nube pretende privatizar las infraestructuras públicas; cuando hayan acabado, empezará a cobrar por todo lo que antes era gratis. ¿Vamos a renunciar a todos nuestros derechos a cambio de llenar reproductores cada vez más pequeños?


5. Es una vieja historia. Con la centralización renunciamos al futuro de Internet, porque el negocio que plantea Schmidt no es nuevo sino viejo y se llama tele por cable. Con nuestra colaboración, la Nube pronto se convertirá en un frente borrascoso de tecnologías y servicios que peleará contra otras plataformas unidas para ganarse la atención de los usuarios y establecer los estándares de mercado. Antes o después dejaremos de comprar banda ancha para comprar acceso a una galaxia de contenidos u otra. Unos pagarán por las noticias y/o las series mientras que otros tendrán sólo el fútbol y la Red Social de los que aman el fútbol. Y los que no puedan pagar tendrán un canal donde sólo se pueden hacer dos cosas: ver anuncios y comprar.


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