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Movimientos sociales y la sociedad en movimiento. El papel de la red

"A la hora de intentar representar experiencias como el 15M, de nombrarlas y atribuirles identidad y significado, siquiera con el objetivo de estudiarlas, se corre el riesgo de que dejen de ser un mapa y se conviertan en un calco", escribe el autor

Fragmento de la introducción del libro Nueva Gramática Política. De la revolución en las comunicaciones al cambio de paradigma (Icaria), que presenta el autor este viernes 31 a las 19.00 en la sede de Ecooo, calle Escuadra nº 11 de Madrid (Lavapiés), con Juan Luis Sánchez, subdirector de eldiario.es, y el realizador Stéphane M. Grueso

La Puerta del Sol en el primer aniversario del 15M.

La Puerta del Sol en el primer aniversario del 15M.

No es objeto de este trabajo hacer arqueología en la historia de los movimientos sociales. Ni siquiera estimo necesario dar una definición inicial, algo poco útil teniendo en cuenta las numerosas definiciones ya existentes y el arraigo cultural que el concepto «abstracto » de movimiento social tiene en nuestras sociedades. Tómese, si se quiere, cualquiera de las definiciones hechas por Tarrow, Della Porta y Diani, Touraine o Castells. Todos o casi todos ellos dan una gran importancia al elemento identitario, algo que no voy a discutir pero, dada la ingente producción teórica en la dimensión identitaria de los movimientos sociales, prefiero ahondar más en la vertiente práctica. Más aún cuando el objeto de este trabajo es analizar cómo ha afectado la masificación del acceso y el uso de las tecnologías de la comunicación, en especial Internet, en las prácticas de estos movimientos.

Señalo, por tanto, una línea temporal difusa de separación entre todos los movimientos anteriores a la revolución comunicativa de las redes y aquellos que las consideran un elemento fundamental para su creación, organización y acción. Por supuesto, no estamos fijando esta línea temporal en la aparición de Internet, ni siquiera en su socialización, sino en el momento en que ha sido aprehendido, utilizado o considerado como una herramienta esencial del activismo político de los movimientos.

La diferencia con movimientos sociales de otras generaciones, por tanto, no la voy a referir a los contenidos de sus propuestas, a sus exigencias o a su dimensión territorial, sino al uso generalizado de Internet en su seno y a cómo afecta en factores organizativos, comunicacionales u operativos. En este sentido, es posible agrupar diferentes experiencias internacionales que comparten la importancia que ha tenido la comunicación en las redes en su aparición y desarrollo, condensándose en poco tiempo y reconociéndose, además, como aliados fraternales en una revolución global. Dentro de este conjunto podemos destacar experiencias como la llamada Primavera Árabe (con Egipto a la cabeza), el 15M español, Occupy en EE UU, YoSoy132 en México o el reciente PasseLivre en Brasil.

Por la proximidad y la directa implicación que he tenido desde su origen, tomaré, en concreto, la experiencia del Movimiento 15M como referencia en este trabajo. Reiterando, como he dicho antes, que pretendo darle más valor a sus prácticas organizativas, discursivas y de acción, que a su identidad, que considero difícilmente definible, circunstancial e intrínsecamente cambiante. Intento pues entender al 15M (como exponente de los movimientos sociales que he mencionado) desde su metodología, valorando algunos de sus procedimientos racionales (o emocionales en vías de racionalización) utilizados para alcanzar una gama de objetivos. Estos procedimientos, a su vez, han supuesto la creación de varios prototipos, cuyo conocimiento aconsejo de cara a familiarizarse mejor con la «ontología 15M».

Quizás una de las voces más autorizadas para tratar movimientos sociales e Internet sea la activista y hacker Marga Padilla, dada su dilatada experiencia en ambos ámbitos. En una entrevista publicada por ElDiario.es (con motivo de la publicación de su libro «El Kit de la lucha en Internet», Traficantes de Sueños, 2012), Padilla afirma que «Internet puede inspirar una nueva política a la altura de la complejidad de nuestro mundo». Reconoce que las clásicas formas de organización de los movimientos sociales (donde destaca la asamblea) no pueden afrontar la complejidad actual y funcionan solo en unas determinadas circunstancias (cuando se juntan personas que comparten los mismo valores, experiencia y cultura), y que «no se pueden cambiar las cosas» con unas formas de organización y horizontalidad creadas para otras coyunturas». Señala que aplicar esas fórmulas al contexto actual provoca un impasse del que se puede salir con la experiencia de «red a gran escala» que es Internet.

Para ello destaca tres componentes fundamentales de la red: su ambigüedad (no está concebida para ningún uso en concreto y sirve para muchos en general), su incontrolabilidad (en tanto contiene muchos nodos, cada uno con inteligencia y capacidad de acción, interconectados), y apertura (creando comunidades no cerradas ni excluyentes, que permiten una militancia/participación flexible, intermitente y en muchos espacios al mismo tiempo).

Frente a otras formas clásicas de organización, en la red se huye de centralismos, existiendo una dispersión que se materializa, entre otras cosas, en muchos canales de comunicación y participación y en una distribución multicapa. En palabras de Padilla, «Internet permite pensar la organización en términos de circulación y la articulación en términos de comunicación». Y es que los dispositivos que componen el 15M, al menos en su vertiente digital, se basan, ante todo, en espacios y canales de comunicación (ya sean grupos en redes sociales, listas de correo, hastags en Twitter o procesadores de texto multipersona (etherpads).

Se vislumbra entonces una (des)organización construida sobre canales de comunicación, con objetivos concretos y métodos de actuación en constante transformación, bajo la máxima «pruebaerror », con participación remota y flexible de perfiles digitales, individuales o colectivos. Esta (des)organización no tiene una pretensión de vida ilimitada, ni siquiera conocida. Puede concluir alcanzando sus objetivos o a mitad de camino; o puede simplemente dormitar y permanecer latente un tiempo, para luego reactivarse.

Podemos hablar de dispositivos o redes de materialización discontinua, que aparecen en un momento determinado, desaparecen o se transforman, pero que mantienen un trasfondo constituido por los canales de comunicación establecidos entre sus participantes, que facilitarán en el futuro la recombinación y puesta en marcha de nuevos dispositivos. Una de las características fundamentales de Internet como medio-espacio de comunicación, la permanencia de los sujetos (perfiles) y los contenidos es clave para esa latencia y recombinación. Por lo general, un dispositivo o grupo nace con unos medios de expresión y difusión, que suelen ser perfiles colectivos en redes sociales y una web o blog. A pesar de que el dispositivo o grupo entre en inactividad, tanto los perfiles como el blog suelen permanecer. Es posible, incluso, que sigan moviendo información (de contexto, de otros grupos) aún estando el dispositivo disuelto o en estado de latencia.

Este tipo de dinámicas de la organización están relacionadas con el «compromiso flexible» que Marga Padilla menciona en la entrevista citada, y que dependerá, en cada participante, de su motivación, del tiempo disponible, de los conocimientos o habilidades que pueda aportar. No se exige, por lo general, un compromiso mínimo estándar, lo que recuerda, por ejemplo, a una de las tácticas de pricing que mejores resultados dan a las empresas: la discriminación de precios, que consiste en adaptar el precio de los productos (añadiendo pequeñas modificaciones a los mismos) para abarcar la mayor amplitud de mercado, atrayendo a consumidores de diferente poder adquisitivo.

El elemento motivador es fundamental para fomentar la participación y dependerá de factores como el estado de ánimo, el lenguaje o la originalidad de las propuestas. Este elemento emocional es una de los ejes del trabajo de investigación «Tecnopolítica: la potencia de las multitudes conectadas», que se presenta como: “Un análisis transdisciplinar de datos, redes, lenguajes, emociones y narraciones propias del movimiento, ensayar un pensar desde un modelo creado desde el acontecimiento y desde la red que este ha creado. (Toret y otros, 2013: 11)”.

También en ese trabajo se pretende «profundizar e ir más allá de nociones tales como «multitudes inteligentes», «nuevos movimientos sociales» o «movimientos sociales en red», lo que puede llevar al lector a cierta confusión, ya que se utilizan esos términos en reiteradas ocasiones. Confusión que puede crecer si tenemos en cuenta que, en la entrevista reseñada, Marga Padilla hace también una distinción sucinta entre «movimientos sociales» y las prácticas políticas que se dan en el seno de la red, distinción nominal, con trasfondo, a la que me quiero sumar, aclarando que, en mi opinión, no hay que confundir, en el sentido de equiparar, los términos «movimiento» o «movimiento social» y derivados con el 15M o experiencias análogas, más que como «muletilla» o auxilio referencial, esto es, sustantivos de dominio común que nos puedan servir para orientar el estudio de la experiencia, nunca para subsumirla en el propio sustantivo, mucho menos para equiparar la experiencia con otras anteriores que hayan compartido la misma denominación.

Pido personalmente excusas por la dificultad que pueda entrañar esta «licencia», pero no me considero en condiciones de acuñar un término que pueda aglutinar a estas experiencias, precisamente por su carácter abierto y mutante, por su (des)organización en una red, en un rizoma, difícilmente cartografiable, que dejaría de ser rizoma y se convertiría en calco si se intentara representar, tan siquiera con un nombre. Esta idea es crucial para entender lo que pasó el 15 de mayo de 2011 y, por eso, intentaré mostrarla con un ejemplo. Si nos remontamos a esa fecha, nos encontramos con una manifestación que sorprende a propios y extraños, por la gente que acude, por suceder en sesenta ciudades diferentes en toda España, por compartir todas esas manifestaciones la misma cabecera —«Democracia Real Ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros»—, porque no había implicación alguna por parte de sindicatos o partidos políticos, porque no había rastro de la convocatoria en la prensa —se cocinó y coordinó a través de las redes sociales—, porque no se encontraban banderas o símbolos representativos de marcos categoriales ideológicos, sino pancartas con reivindicaciones concretas, porque no había rostros conocidos —ni de políticos, ni de actores, ni de escritores—, porque ni siquiera se concibió como una convocatoria de un movimiento social: era la sociedad en movimiento.

La clave del éxito de esta convocatoria está en el propio origen de Democracia Real Ya, que antes de plataforma era un simple eslogan, una idea, un objetivo. Durante los meses previos al 15 de mayo, la formación de nodos locales era completamente abierta y libre. La participación en las redes sociales, directa, sin necesidad de representación. La creación de perfiles colectivos (@DRY_Sevilla en Twitter, por ejemplo) no requería de aprobación alguna. Una multiplicidad de cuerpos (en las reuniones en las ciudades) y de identidades digitales (individuales o colectivas), se interconectaron alrededor de un manifiesto y unas propuestas,34 sin que importasen otros factores, como la militancia individual de cada uno (que se «aparcaba en la puerta» antes de entrar) o el bagaje en el campo del activismo político. La elaboración de materiales de difusión audiovisuales o gráficos no estaba centralizada, sino que cualquier persona podía hacerlos y subirlos a la red, donde eran difundidos, a su vez, por otras personas que simpatizaban con la causa, independientemente de que se no se conocieran entre sí. Era un trabajo colaborativo de muchas personas en torno a un máximo común divisor35 ideológico, donde la confianza en los demás, aunque fuesen desconocidos, era una fuente de potencia. Esta manera de crear y trabajar colectivamente, siguiendo una lógica P2P (peer to peer), incontrolable y abierta es uno de los factores diferenciales entre los movimientos nacidos al calor de Internet y los que adoptaban formas de organización y acción pre-digitales. Junto a otros procedimientos metodológicos y prácticas políticas (como el lanzamiento de campañas en la red o la creación de asambleas virtuales), se conforma el sentido de lo Tecnopolítico. Un buen análisis de estas prácticas se encuentra en el apartado 4.2 del estudio de Toret y Datanalysis15M, titulado «Multiplicación y difusión de prácticas tecnopolíticas» (2013: 39-51), que puede servir de catálogo referencial para este trabajo.

Como contrapunto a la visión, quizás demasiado optimista y autocomplaciente que estoy dando a esta experiencia, decir que pudo ser precisamente el éxito inesperado de la convocatoria de Democracia Real Ya, su paso a ocupar titulares de periódicos y a ser centro de atención, el elemento clave para una regresión hacia formas y estructuras más parecidas a los movimientos sociales de los que la pretendo distinguir. Los ejes de esta involución se pueden resumir en institucionalización y significación, que tanto en el ejemplo de DRY como del 15M, van de la mano.

Con institucionalización me refiero a una reificación sumada a la adquisición de una identidad como colectivo. Esto empieza a suceder cuando Democracia Real Ya pasa de ser un eslogan, un objetivo, a un tipo de organización, reconocida desde fuera (por los medios, por los partidos o por la gente) y desde dentro (por los propios participantes). En ese momento se produce una significación que va más allá del propio objetivo, del propio mensaje, al inculcarle una identidad, que actúa produciendo un sentimiento de propiedad de las personas sobre la cosa y de la cosa hacia las personas. De un punto de partida en el que cualquiera podía autoproclamarse Democracia Real Ya llegamos a la necesidad de un reconocimiento desde fuera, a la burocratización en la toma de decisiones o de manifestación de opiniones «en nombre de», limitando la libre adscripción.

Se puede argumentar que este es un proceso lógico, que inevitablemente sigue cualquier fuerza social que adquiere determinado peso y reconocimiento, que necesita de una mínima definición y organización para funcionar eficientemente, para que sus mensajes sean claros, nítidos y no den lugar a confusiones, para que haya una unidad de acción y expresión; pero lo que estamos haciendo es vallar las posibilidades reproductivas de la idea, las aspiraciones de un movimiento social de convertirse en la sociedad que se mueve para alcanzar un objetivo. Querer ir más allá del máximo común divisor inicial que propició la libre adhesión y colaboración de una multiplicidad conlleva la inevitable fragmentación. La conversión del ideal en identidad, y su posterior significación, parcela lo que en principio era un rizoma con múltiples entradas y salidas, con innumerables líneas de fuga.

Es por ello que, a la hora de intentar representar experiencias como el 15M, de nombrarlas y atribuirles identidad y significado, siquiera con el objetivo de estudiarlas (como es mi caso y como es el caso del trabajo de Toret y @Datanalysis15M y de otros intentos de aproximación y estudio al 15M y experiencias análogas), se corre el riesgo de que dejen de ser un mapa y se conviertan en un calco.

Para evitarlo, aunque sea sin renunciar al valor ilustrativo y referencial que puedan tener la denominación y objetivación de la idea, es necesario entenderla como calco de algo efectivamente en movimiento, en continuo cambio. Incluso si nos lleva a prescindir en un futuro de la propia denominación, a sabiendas de que lo que se pretende representar ya no es lo mismo y, por tanto, nombrarlo contribuye a congelarlo en un tiempo y en un espacio. Es lo que Deleuze y Guattari llaman: “Intentar la otra operación, inversa pero no simétrica: volver a conectar los calcos con el mapa, relacionar las raíces o los árboles con un rizoma; re-situar los puntos muertos sobre el mapa, y abrirlos así a posibles líneas de fuga. Y lo mismo habría que hacer con un mapa de grupo: mostrar en qué punto del rizoma se forman fenómenos de masificación, de burocracia, de «leadership», de «fascistización», etc., qué líneas subsisten a pesar de todo, aunque sea subterráneamente, y continúan oscuramente haciendo rizoma. (1977: 17)”.

Aunque esta tarea queda pendiente del futuro, quizás para el momento en que consideremos que lo que se inició con la aspiración de convertir a un movimiento social en la sociedad en movimiento ha dejado de ser útil para alcanzar este objetivo, y que seamos conscientes de que lo que hoy se llama 15M ha dejado de ser un mapa de ese sistema red que conecta a una multiplicidad política incontable, no identificable, protagonista del cambio de paradigma que intentaré explicar en los siguientes capítulos.

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