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El feminismo que se enfada por tonterías

Lo importante, bien lo sabe el patriarcado, es que sigamos generando y consumiendo de forma que se nos distinga bien a unos de otras

Que los hombres sigan teniendo libertad para cagar, jugar, comer, escribir y hablar como les dé la gana, sin que nadie los juzgue por ellos, y que las mujeres sigamos haciendo malabares en nuestro día a día para simular que estamos cómodas en nuestros corsés

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La consejera delegada de Pepsico, Indra Nooyi, en la cumbre de Davos EFE

Desde que el vídeo de Ellen Degeneres criticando a una marca se hizo viral (recordemos esa ideaza de Bic: bolis para mujeres con " carcasa delgada diseñada para adaptarse a la mano de la mujer"), muchos derrotistas pensaron que el feminismo estaba acabando con las buenas ideas y con la buena publicidad (además de con la familia, etc).

Hombres de poca fe, les diría yo ahora a esos derrotistas. Y es que Pepsi ha superado a Bic y ¡en pleno año 2018! Sólo tengo una palabra para esta compañía: valientes.

Pepsi está creando snacks para que las mujeres coman de manera “más femenina”. La CEO de Pepsi ha asegurado que a las mujeres “no les gusta masticar haciendo ruido en público ni se chupan los dedos generosamente”.

Dice la doña que “cuando los jóvenes comen patatas chip se chupan los dedos con gran alegría, y cuando llegan el fondo de la bolsa vierten las migas en su boca porque no quieren perder ese sabor”. Se refería a los hombres, claro, por eso luego matiza: “a las mujeres les encantaría hacer lo mismo, pero no lo hacen porque no les gusta masticar haciendo ruido en público, no se chupan los dedos generosamente y no les gusta verter las migas en la boca”.

Ante esta ideaza, ¿qué podemos decir nosotras? A mí sólo se me ocurre un GRACIAS.

Después de bolis adecuados para nuestras manitas pequeñas y delicadas (¿qué mujer no tiene las manos así?), de ambientadores mini para llevar en el bolso y que parezca que no cagamos, de cuchillas de afeitar rosas (para diferenciarlas bien de las de ellos, las cuales nuestra piel no podría resistir),  de perfumes con nombres delicados para nosotras,  llegan los snacks blandos con envases silenciosos, para que no parezcamos un hombre al comerlos.

Lo importante, bien lo sabe el patriarcado, es que sigamos generando y consumiendo de forma que se nos distinga bien a unos de otras. Que los hombres sigan teniendo libertad para cagar, jugar, comer, escribir y hablar como les dé la gana, sin que nadie los juzgue por ellos, y que las mujeres sigamos haciendo malabares en nuestro día a día para simular que estamos cómodas en nuestros corsés: no hablar alto para no parecer una loca, escribir con bolis exclusivo para nosotras que nos hagan parecer más femenina, comer cositas que no hagan ruido ni nos manchen los dedos, usar productos como los de ellos pero con envoltorios rosas y diseños curvilíneos... 

¿Qué problema puede causar esto? ¿Qué es lo que enfada al feminismo de cosas así además de que proyectar a las mujeres como débiles y delicadas haga que se nos siga tomando por seres inferiores? ¿Cuál es el daño que pueden hacer semejantes productos además de perpetuar que se siga generando violencia contra nosotras, como contra cualquier colectivo considerado inferior por la sociedad? ¿Por qué tanto ruido por unos snacks para mujeres si, en realidad, somos libres de no comerlos, de la misma forma que somos libres de no llevar jamás tacón, de no depilarnos las piernas, de no teñirnos las canas, de no quitarnos el bigote, de ir en bikini con las ingles con pelo, de no ser madres...? de tantas y tantas cosas que, al fin y al cabo, hacemos porque lo elegimos desde la más absoluta libertad.

¿Quién sabe? el feminismo es que se enfada siempre por unas cosas más tontas...

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