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El pícaro palentino

¿Quién podía esperar que el mismo país que enseña en las escuelas La vida de Lazarillo de Tormes se tomase tan a pecho una licenciatura aprobada por la patilla?

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La Fiscalía no recurrirá la decisión de elevar el caso de Casado al Supremo

EFE

Dejar de fumar de sopetón, créame, es una pésima idea. Los médicos lo saben, de ahí que tengan protocolos, de ahí que haya parches y chicles y hasta charlas motivacionales (porque, dicen, el principal requisito para dejar de fumar es querer dejarlo). Y, si abandonar un hábito pernicioso como el tabaco es así de complicado, figúrese usted lo peliagudo que será dejar la corrupción.

En el PP están justo ahora pasando por ese trance. Solo que ellos, hombres y mujeres prudentes, saben que el radicalismo nunca es buen camino y han apostado por una transición tranquila. En el PP, digámoslo así, se están quitando la degradación moral de manera progresiva. Sin traumas. Sin sopetones. 

Pablo Casado hace las veces de parche de nicotina. No es tan malo como fumarse un paquete al día, pero tampoco es tan sano como pasarse a los smoothies. Ni del todo corrupto ni del todo honrado, el virtuoso justo medio aristotélico entre el mangante sin escrúpulos y Mahatma Gandhi.

Tras el mutis de M Punto Rajoy, en el PP evitaron cuidadosamente apostar por un liderazgo con valores éticos para no desviarse demasiado de la línea fundacional. Optaron por alguien joven, quizá porque la única manera de encontrar un alto cargo popular no pringado por la corrupción es que todavía no haya tenido tiempo.

Casado, que sepamos, solo se ha aprovechado de las grietas del sistema. Ni ha saqueado, ni ha matado. Ni siquiera dice palabrotas en público. Su único vicio es la picaresca, y eso, lejos de ser un delito, es una alabada corriente literaria. Si de algo puede acusarse al joven palentino, es de un excesivo apego al Siglo de Oro.

En el PP, sin embargo, no contaron con el progresivo embarullamiento de la trama picaresca que, con el paso de las semanas, ha ido empujando a Casado hacia el borde del precipicio. Después de todo, ¿quién podía esperar que el mismo país que enseña en las escuelas La vida de Lazarillo de Tormes se tomase tan a pecho una licenciatura aprobada por la patilla?

Esta incongruencia entre el temario de secundaria y la judicatura es una mala noticia para los populares. Porque, si Casado cae, tendrán que buscar otro líder de repuesto que, sin ser honrado en absoluto, lo parezca un poco más que el actual. No servirán los ya envueltos en escándalos de corrupción ni los que hacen pícnics con narcotraficantes. Tampoco los que hayan trampeado su currículum académico, lo cual deja fuera, casi con seguridad, a la práctica totalidad del partido.

Nadie dijo que dejar la corrupción fuese fácil, como tampoco lo es dejar el tabaco. Pero se puede. La clave está en ponerse en manos de expertos. Tal vez el PP deba entregarse del todo a su propia ideología y externalizar su liderazgo. Seguro que en la empresa privada hay alguien dispuesto a cualquier cosa por fama, poder y dinero. Lo demás puede aprenderlo en el cargo.

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