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ARAGÓN

La factura por el control del lindano se dispara mientras Madrid y Bruselas miran a otro lado

El Gobierno de Aragón amplía el plazo de ejecución y eleva las exigencias técnicas de la vigilancia de los residuos tóxicos de lindano

Los vertidos llevan décadas contaminando el Gállego, que suministra agua de boca para miles de personas y de riego para decenas de miles de hectáreas

Caso lindano: 25 años para aislar 150.000 toneladas de residuos tóxicos

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Vertedero de Bailín.

El proyecto contempla acabar de separar in situ los residuos de lindano que siguen en el antiguo vertedero de Bailín

El coste de controlar las filtraciones de residuos tóxicos de lindano que llegan al río Gállego desde los antiguos vertederos de Bailín y de Sardas, donde la empresa Inquinosa tiró durante años los residuos de este pesticida, se ha disparado por la ampliación del plazo de ejecución y la inclusión de nuevas exigencias técnicas por parte del Gobierno de Aragón.

Los precios por los que el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad ha sacado a licitación las contratas para el seguimiento hidroleológico de ambas zonas, en las que Inquinosa enterró durante décadas más de 100.000 toneladas de residuos de la producción del pesticida hexaclorociclohexano (HCH), se sitúan en 1.523.220 euros en el caso de Bailín y en 1.531.517 en el de Sardas –en ambos casos sin IVA-, cuando las cifras de salida de las últimas licitaciones, efectuadas a finales de 2014, fueron, respectivamente, de 654.940 y 570.759.

Las contratas, licitadas a finales de enero, cubrirán desde la firma del contrato hasta finales del año que viene. Las anteriores, que ahora desarrollan la filial de la estadounidense URS por 550.149 euros y Emgrisa por 486.000, salieron a concurso a finales de 2014 con un plazo inicial de ejecución de solo doce meses y fueron tramitadas por el procedimiento de urgencia.

550 millones para confinar los residuos

Los tramos medio y bajo del río Gállego, uno de los principales afluentes del Ebro y fuente de suministro para el abastecimiento de agua de boca de varios miles de personas y el riego de decenas de miles de hectáreas de cultivos en Huesca y Zaragoza, llevan cuatro décadas sufriendo los efectos contaminantes de los residuos de la producción del pesticida que Inquinosa enterró en Sabiñánigo ante la desidia de las administraciones.

La presencia de esos desechos tóxicos, cuyos efectos contaminantes han llegado hasta Tarragona y cuyos lixiviados -líquidos pastosos formados por los compuestos- llevan décadas emponzoñando el subsuelo y los acuíferos del Serrablo, también supone una amenaza para la salud de los habitantes de la zona, expuestos a su vez a otras como la presencia de 17 residuos industriales en los fangos del embalse de Sabiñánigo.

Los últimos estudios del Gobierno de Aragón cifran en 550 millones de euros la inversión necesaria para aislar los residuos de lindano en los próximos 25 años. El plan, sin embargo, topa con dos dificultades: una política y otra técnica.

Un problema ambiental fuera de la agenda  

La primera es la entre escasa y nula receptividad de Bruselas y del Gobierno central ante este problema ambiental, que no se plantean tratar antes de 2021 ni aplicar soluciones antes de 2027.

La segunda se deriva del hecho de que la ciencia no disponga todavía de un sistema para eliminar los residuos de HCH, por lo que el plan de ataque está, por ahora, condenado a finalizar con su confinamiento.

El Pirineo aragonés no es, sin embargo, la única zona de España afectada por enterramientos y vertidos de residuos de lindano. Un reciente trabajo de Ecologistas en Acción incluía en su mapa de la vergüenza Asua y Barakaldo, en Vizcaya; Porriño, en Pontevedra; Borobia, en Soria, y Viana y Eguzkiza, en Navarra.

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