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Escribir un libro, plantar un árbol… ¿correr una (sola) maratón?

Participar en demasiadas carreras de larga distancia puede acabar contrarrestando los efectos positivos del ejercicio y dañar el corazón.

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NYC Marathon

Correr una maratón, como la de este fin de semana en Nueva York, es una actividad física muy exigente. Hacen falta muchas horas de entrenamiento para afrontar los 42,195 kilómetros de la carrera. Sin embargo, el trabajo no acaba al cruzar la meta. Tras una fase de recuperación, la preparación y los cuidados tienen que continuar.

Según el Canadian Journal of Cardiology, al someter al cuerpo a un esfuerzo tan importante, durante las 48 horas siguientes a una carrera larga, el corazón reduce su capacidad de bombeo. Es algo temporal, pero los resultados del estudio sugieren que conviene estar atentos.

Así que los expertos recomiendan una fase de recuperación que puede durar, según los casos, entre tres y seis semanas. El corazón (realmente todo el cuerpo) necesita recobrar su estado habitual. Y para evitar daños y lesiones, lo ideal es evitar correr o realizar cualquier tipo de ejercicio físico de impacto durante al menos siete días.

La segunda semana se puede recuperar una cierta actividad, como trote suave, bicicleta o natación, siempre en distancias cortas y sin la presión de un plan de entrenamiento reglado.

Las semanas posteriores, poco a poco, se pueden ir incrementando distancias y ritmos de carrera, para llegar a la sexta semana al nivel que se tenía antes de la maratón.

“Entrenamiento crónico”

Es habitual que los maratonianos sufran dolores en rodillas y piernas, molestias musculares y de articulaciones, deshidratación… pero lo que potencialmente puede resultar más preocupante es el funcionamiento del corazón.

Otro trabajo, en esta ocasión de la Clínica Mayo, analiza los efectos sobre los maratonianos que puede tener lo que define como “entrenamiento crónico” –el entrenamiento continuado y la participación en muchas carreras de distancia a lo largo de los años– , buscando cuáles podrían ser los posibles impactos a largo plazo.

Según sus datos, los que llevan muchos años practicando este tipo de carrera tienen en su organismo elevados niveles de ciertas sustancias que pueden generar cuadros de arritmia. En concreto, afirma que aproximadamente el 30% de los que terminan una maratón tienen niveles elevados de troponina, una proteína que actúa como marcador de posibles daños cardíacos.

“La práctica crónica de ejercicio parece causar un excesiva desgaste y desgarre en el corazón (…), lo que contrarresta algunos de los beneficios cardiovasculares y mejoras de la longevidad que genera una actividad física moderada”, explica el doctor James O’Keefe, autor principal del estudio de la Clínica Mayo en un artículo publicado en la revista especializada británica Heart.

O’Keefe sugiere “correr a una velocidad que te resulte cómoda… y no demasiado lejos”. Y, en el caso de que se opte por experimentar qué se siente al echarse más de 42 kilómetros a la espalda, que se haga “una o pocas veces” a lo largo de la vida.

Algunos médicos señalan que muchos de estos estudios no indican si las personas ya tenían problemas cardíacos antes de empezar a correr y sugieren posteriores análisis al respecto.

En cualquier caso, recomiendan hacerse un electrocardiograma y, al menos para los mayores de 40 años, una prueba de esfuerzo. Permitirá detectar anomalías y aportará indicios para personalizar el entrenamiento.

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