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Donde hay zoos no hay amor ni libertad

El manifiesto 'Non Vigozoo', aprobado recientemente en esta ciudad gallega, define las motivaciones y los objetivos de un grupo de trabajo creado para promover el cierre de este centro y su reconversión en la línea del proyecto Zoo XXI. 

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Zoo de Barcelona. Fotografía de Jonás Amadeo Lucas para Igualdad Animal

Zoo de Barcelona. Fotografía de Jonás Amadeo Lucas para Igualdad Animal

"Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aereo o acuático, y a reproducirse. Toda privación de libertad, incluida aquella que tenga supuestos fines educativos, es contraria a este derecho". Es el artículo 4 de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada en 1977, en el que se basa el Manifiesto 'Non Vigozoo', aprobado hace unos días por el grupo de trabajo creado entre activistas de la ciudad con un objetivo claro: conseguir el cierre de ese centro de reclusión tal y como está concebido. 

El zoo de Vigo cuenta con varias denuncias, algunas de ellas presentadas por los responsables en Galicia de la Asociación Animalista Libera!. Sin embargo, sus responsables siguen intentando atraer a los vecinos y turistas de la ciudad y hace poco llegó a sus instalaciones Martín, un tigre de nueve años, del que se espera que sea un nuevo reclamo con el que seguir haciendo caja.

El grupo de trabajo 'Non Vigozoo' recuerda en su manifiesto que cada especie animal tiene su propio hogar en la naturaleza, y que los zoos se nutren de animales "arrancados" de esos hábitats o criados en cautividad sin tener siquiera la oportunidad de conocerlos. Son obligados a vivir en medio de las junglas de asfalto, de ruidos y luminosidad, en climas que les resultan completamente ajenos y para los que muchas veces no están preparados, forzados a convivir con otros con los que a veces ni siquiera pueden entenderse y a tener un comportamiento muy diferente al que tendrían en libertad. Incluso dando por bueno el supuesto beneficio de tener comida y asistencia veterinaria, el precio es muy alto: carecen de su libertad, de los riesgos y de las oportunidades que comporta la libertad. Son privados de su comportamiento natural. "Todos los animales cautivos son nuestros prisioneros, y nuestros zoos, sus prisiones", dice el manifiesto. 

Privados de su entorno natural, "en recintos de hormigón que hieren sus pezuñas, ante el estrés que les infiere la exposición continua al público, ante la falta perpetua de estímulos cognitivos, de espacio y de realizar ejercicio físico, los animales adoptan comportamientos antinaturales y actitudes psicóticas en un comportamento llamado zoocosis que incluye dar vueltas en círculos, jugar con la lengua o morder barrotes, mover la cabeza repetidamente de arriba a abajo, agresiones arbitrarias, apatía, pasividad, etc.", prosigue el texto. 

"Desde el grupo de trabajo Non Vigozoo consideramos que una ética a la altura de nuestros tiempos no puede ser indiferente ante los intereses de los animales, ante la perpetración de tales crímenes a quienes son nuestros parientes y compañeros de fatigas en el planeta", dicen los promotores de esta iniciativa. Denuncian, además, que la única función pedagógica que cumplen los zoos es enseñar a la gente que tener animales en cautividad, aburridos, apáticos, solos, lejos de su hogar natural, "es algo aceptable". "El daño que les infringimos actuando así es incomparablemente mayor que el placer que alguien puede tener al verlos en esas condiciones", aseguran. 

Por fortuna, subrayan, cada vez más gente rechaza este tipo de instalaciones, aunque solo sea de forma pasiva, negándose a visitarlas. "Cada vez son más los que se dan cuenta de que un recinto de escasas dimensiones no puede proporcionar más que una existencia miserable" a esos animales, a los que debemos un compromiso de preservar sus hábitats y dejarlos "vivir en paz". 

"Por eso el grupo de trabajo de Non Vigozoo intenta poner su contribución a la causa, en la medida que nuestras escasas fuerzas (y gran entusiasmo) nos permitan. Trabajando en un proyecto de reconversión de las instalaciones del zoo vigués en un centro de protección y preservarción de especies. Sin condiciones abusivas, sin ánimo de lucro. Presentamos por ello nuestra carta fundacional y nuestras ganas de trabajar, convencidxs de que donde existan zoológicos no existe amor ni libertad", concluye el manifiesto. 

La iniciativa contra el zoo de Vigo se inspira en el proyecto Zoo XXI, una propuesta para reconvertir los zoos en centros que den cobijo y asistencia a animales heridos, incautados o rescatados; centros de recuperación de fauna autóctona y de educación sobre ella, frenando la reproducción de animales exóticos y enviando a santuarios y reservas a todos los que se pueda. Esta iniciativa propone, además, que las decisiones sean tomadas por comités formados por especialistas de la sociedad civil pensando siempre en los intereses de los animales, y que sean las nuevas tecnologías y la realidad virtual las que permitan conocer el comportamiento real de los animales en sus hábitats naturales, con planes de conservación desarrollados en esos hábitats y educando en la empatía, en el respeto a los animales.

Zoo XXI propone educar "en la especie, pero también en el individuo. Hablar 'de los elefantes' pero también de 'el elefante' como un ser con vida emocional capaz de sentir, sufrir y disfrutar". Porque solo donde hay respeto puede haber amor, y porque ningún animal merece estar en prisión. Como dice el manifiesto 'Non Vigozoo', donde hay un zoo no hay amor ni libertad.

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