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Adolescencia y feminismo: entendiendo sus códigos

Efectivamente el sistema patriarcal ha conseguido “vender” esta idea de que hemos alcanzado la igualdad y much@s adolescentes y jóvenes han comprado. Lo que la realidad nos muestra es que, como siempre, todos aquellos comportamientos asociados al género masculino siguen siendo prestigiados socialmente frente a los comportamientos, actitudes y valores asociados a la feminidad que son menos valorados y, muchas veces, incluso ridiculizados.

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Hace unos días descubrí a una youtuber: Psicowoman. Una mujer que se dirige en sus vídeos a chicas adolescentes y mujeres jóvenes bajo un paradigma feminista. Habla de sexo, de empoderamiento personal, de relaciones de pareja, etc.

Tengo una hija adolescente que, como la mayoría, está fascinada por el universo youtuber y probé suerte: le mostré esta web y empezó a mirar los vídeos uno tras otro, interesadísima en los contenidos. Me hizo pensar.

Tenemos un reto por delante: Conseguir acercar y traducir los feminismos a las nuevas generaciones de mujeres (y de hombres) mediante nuevos códigos y entendiendo nuevos valores. No hablo solamente de una minoría de chicas, las más comprometidas, aquellas que son o serán capaces de leer a Beauvoir o a Judith Butler; hablo de contribuir a una ola de transformación social en pro de la igualdad a través de lo cotidiano. Cada chica adolescente que conozca y reivindique sus derechos, sus placeres, sus libertades, es una pequeña revolución. Para ello, como para cualquier acción educativa, hay que abrir la mente, dejar de pensar en cómo deberían ser las y los jóvenes y observar cómo son: qué esperan, qué necesitan, con qué sueñan, qué universo habitan.

Sin duda, el famoso efecto espejismo de la igualdad por el cual parece que la igualdad entre hombres y mujeres ya ha sido alcanzada y que la lucha feminista es un concepto trasnochado y caduco, no lo ha puesto fácil. Son los viejos machismos más sofisticados y convertidos en neomachismos. Efectivamente el sistema patriarcal ha conseguido “vender” esta idea de que hemos alcanzado la igualdad y much@s adolescentes y jóvenes han comprado. Lo que la realidad nos muestra es que, como siempre, todos aquellos comportamientos asociados al género masculino siguen siendo prestigiados socialmente frente a los comportamientos, actitudes y valores asociados a la feminidad que son menos valorados y, muchas veces, incluso ridiculizados. Las chicas, las mujeres jóvenes se suman a ese prestigio de “lo masculino”, claro, lógico. Sin embargo olvidamos/olvidan que no ha habido un cambio social profundo y, por consiguiente, la mirada sobre las mujeres sigue siendo diferente sólo por el hecho de habitar un cuerpo de mujer. Por ejemplo, en la sexualidad: entrar en la lógica adolescente que históricamente se ha atribuido y ha sido actuada por chicos heteronormativos de las “muescas” ‒ligar o mantener relaciones sexuales con el número más alto de mujeres posible para competir entre machos‒ está siendo incorporada por las mujeres. Con ello, no sólo no revierten/revertimos una lógica altamente instrumentalizadora de las personas que además reduce la riqueza de la sexualidad a un mero ejercicio físico, sino que olvidan/olvidamos que desgraciadamente siguen limitadas por una socialización de género que les transmite que deben esperar al “príncipe azul” y, además, siguen siendo interpretadas y juzgadas socialmente tal y como se ha juzgado históricamente a las mujeres que se alejaban de su rol. Con todos estos elementos estas chicas/mujeres adolescentes tienen un “encargo” imposible para gestionar su vida sexual: deben ser activas sexualmente para ser “modernas” pero a la vez no mucho para no ser juzgadas como “guarras”. En ese continuo entre ser llamadas “frígidas” o “monjas” o ser llamadas “putas” nunca podrán encontrar el respeto a sus derechos. Esta es la nueva forma de ser mujer que ofrece el sistema patriarcal a las mujeres jóvenes.

Es imprescindible contribuir a desenmascararlo y salir de esa lógica. Sin embargo para ello debemos comprender, ampliar la mirada y reducir esa soberbia del clásico nuestro tiempo fue mejor. Tenemos mucho que aprender de las nuevas generaciones y sí, como casi siempre, el mestizaje da buenos resultados. Si queremos dejar un mundo más feminista para las nuevas generaciones quizá necesitamos acercarnos, abrir canales de comunicación y salir de esos prejuicios también moralizantes sobre cuál es la mejor manera de habitar y reivindicar derechos. Nuevos tiempos nos traerán necesariamente nuevas oportunidades.

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