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El CIE: una doble anomalía democrática

"Es el momento de aumentar la presión y dejar claro el posicionamiento de cada cual", señala el autor

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El Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Barcelona está cerrado por obras. En sus 10 años de existencia es la primera vez que ninguna persona se halla privada de libertad en el centro. La situación llega fruto de un Auto Judicial emitido hace dos años después de una queja presentada por el equipo jurídico de Tanquem els CIES. El motivo de las obras: que 10 años después de su creación las personas puedan ir al lavabo dentro de la celda.

Tras 10 años de relatos grotescos acerca de la manera en la que hacían sus necesidades en cubos por la noche en celdas habitadas por seis personas, el Ministerio de Interior, dos años después de la orden del Juzgado, decidió emprender estas obras. Las obras llegan tarde y no sólo por el retraso mencionado. Llegan tarde porque el CIE no debería volver a abrir sus puertas.

Tras años de duro trabajo por parte de diferentes organizaciones sociales, en octubre de 2014 se inició un proceso irreversible hacia el cierre del CIE a través de la creación de la campaña 'Tancarem El CIE'. En sus primeros meses de vida aglutinó el apoyo de más de 250 organizaciones sociales, vecinales y políticas que evidenciaban que se estaba forjando una fuerte mayoría que quería ver bien pronto cómo el CIE pasaba a la historia.

Meses después, y fruto de dicho proceso de sensibilización y movilización, se constituyó un grupo de estudio sobre modelos de CIE en el Parlament de Catalunya. Las organizaciones sociales nos implicamos y tras mostrar la realidad que llevábamos viviendo años y tras una nueva protesta masiva, el Parlament aprobó instar al gobierno central al cierre de los CIES por una mayoría superior a los 2/3 de la cámara. Votaron a favor de la resolución Convergència, Unió, ERC, PSC, ICV y CUP. Solamente votaron en contra el PP y Ciudadanos.

Meses más tarde y tras un nuevo proceso de incidencia política llevado a cabo por las mismas organizaciones, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó el 27 de noviembre una Declaración Institucional en la que se posicionó de nuevo con una mayoría superior a los 2/3 con el apoyo de todos los grupos parlamentarios a excepción nuevamente de los mismos que se opusieron en el Parlament.

Es en este escenario y no otro en el que el CIE cerró sus puertas a finales del mes de octubre para realizar unas obras que no sabemos en qué momento finalizarán, aunque parece que será durante el mes de febrero. Lo que sí que tenemos claro es que tenemos delante una situación de excepcionalidad y oportunidad que hemos de profundizar para lograr cerrar el CIE.

Cabe destacar asimismo que en La Moncloa actualmente hay un Gobierno interino a la espera de la conformación del próximo nuevo Gobierno en un escenario altamente imprevisible. Es el momento. Tras muchos años de trabajo cotidiano, de sufrimiento, de resistencia, de pasos de hormiga, ha llegado el momento de dar pasos de gigante y ser consecuentes hasta el final.

En este contexto excepcional, el primer paso es creernos de verdad que podemos lograr que el CIE no se reabra o que si tratan de reabrirlo, se cierre poco tiempo después. Dejemos por unos meses el pesimismo a un lado y empleemos toda nuestra imaginación, determinación y fuerza para lograrlo.

En segundo lugar, es vital que la movilización que hemos convocado para el próximo 30 de enero sea lo más masiva posible. Necesitamos que todas las organizaciones y personas que queréis un futuro sin CIE vengáis el día 30 y durante toda la semana no dejéis de animar a vuestra gente cercana a que haga lo propio. Somos necesarias todas.

En tercer lugar, es necesario que los miembros y cargos políticos que forman parte de los partidos políticos que se han posicionado de manera clara por el cierre del CIE se arremanguen con nosotras y luchen para que se respete la decisión democrática tomada en Catalunya y en Barcelona. Es el momento de aumentar la presión y dejar claro el posicionamiento de cada cual. En caso contrario, lo aprobado podría quedarse en papel mojado. Es difícil que una situación como la que hemos logrado dibujar tras una serie de movimientos estratégicos como ésta se repita en el corto plazo.

Vamos a cerrar el CIE. Desbordemos el sábado 30 el CIE. Presionemos al gobierno en funciones de Moncloa y al nuevo ejecutivo que se forme para que respete la decisión tomada en Catalunya. Y retomemos lo mejor del espíritu y las prácticas del 15-M para evitar que se reabra en las próximas semanas o meses. Cerrando el CIE no sólo habremos acabado con el mayor símbolo del racismo institucional, sino que abriremos un nuevo ciclo que ha de llevarnos a un cambio profundo en las políticas migratorias que se hace emergente. También haremos que se extienda desde Barcelona a Valencia, Madrid, Canarias y al resto del Estado.

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