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'Let Catalonia vote'

"No está claro quién ganará el 27S, pero pase lo que pase, ante la actitud amenazante de PP y PSOE, Europa no podrá dejar de preguntarse: ¿dónde estaba el Cameron español?", afirma el eurodiputado de CDC

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"Dejad votar a Cataluña". Este titular apareció en la portada y en el editorial de The Economist, el semanario de economía y finanzas más influyente del mundo (“Let them vote”), cinco días después de la consulta del 9N de 2014 en la cual votaron 2,35 millones de catalanes. Un claro mensaje directamente dirigido al gobierno de Rajoy y toda la clase política y periodística española, que por aquellos días ridiculizaban y ninguneaban una vez más otra gran demostración de fuerza del soberanismo catalán. En 3 largas páginas interiores The Economist recordaba a Rajoy que “no podrá ignorar la reclamación catalana, mucho más intensa y legítima que la escocesa”. Let Catalonia Vote es también el título de mi último libro, presentado en Barcelona con Raül Romeva, gran eurodiputado con quien trabajé conjuntamente en el Parlamento Europeo entre 2009 y 2014.

Quizás algún día en España se lamentarán de no haber tenido un primer ministro como Cameron, así como también no haber sellado un acuerdo como el del Parlamento de Edimburgo (Cameron se desplazó a Escocia para firmar con Alex Saldmond el acuerdo de la fecha y la pregunta del referéndum). La victoria del No permite hoy permite a los británicos afirmar que “por una generación han mantenido la unidad de la Gran Bretaña” (Cameron lo dijo literalmente así el día después del referéndum, muy lejos de cualquier tentación metafísica sobre unidades eternas de la patria) y también permite hoy demostrar al mundo como se puede resolver en el siglo XXI un conflicto territorial de manera pacífica y democrática.

También es muy un interesante ejercicio leer los diferentes editoriales de uno de los periódicos más influentes del mundo, el británico Financial Times, que ha dedicado al proceso catalán casi una docena de editoriales en los últimos tres años: en diciembre de 2013, cuando se acordó en Cataluña la fecha y la pregunta del referéndum del 9N de 2014 por 2/3 del Parlamento catalán, el FT le recordó a Rajoy que “sin propuestas de reformas federalizantes en España las encuestas indican que los catalanes seguirán su propio camino”. También recordaba a la prensa de Madrid que el proceso catalán no es un delirio del presidente Mas, como repiten sin cesar, sino que él era liderado por su pueblo (“rather than leading his people mister Mas is being led by them”).

Rechazada también por el PSOE toda posibilidad de referéndum legal acordado, prohibida cualquier tipo de consulta vinculante o no vinculante, querellado y amenazado de inhabilitación el presidente Mas, sólo queda una opción para que se expresen ese 80% de catalanes que quiere votar sobre la independencia de Cataluña: unas elecciones en forma de plebiscito.

Este tipo de elecciones ya fueron anunciadas en Bruselas por el presidente Mas el 7 de noviembre de 2012, en el Think tank “Friends of Europe”, en una de las conferencias más multitudinarias que se recuerdan, en un claro ejercicio de previsibilidad y voluntad de consistencia del presidente catalán, que contrasta con la secular improvisación de los presidentes españoles. El rechazo a permitir decidir sobre la cuestión nacional en las urnas está aumentado el convencimiento de una parte creciente de la sociedad catalana: el Estado español empeora en calidad democrática y posibles reformas futuras no satisfarán los anhelos de los catalanes.

Así las cosas, en las elecciones europeas de 2014 ERC y CiU ganaron claramente por primera vez a PSOE y PP en Cataluña (“cada vez más marginales en Cataluña” según el FT, 27.05.2015), una tendencia que se verá reforzada en las elecciones del 27S y que también se acrecentó en las municipales de 2015, con la irrupción notable de las CUP (independentistas de izquierda radical) en el mapa local catalán.

Hay también una consciencia creciente de que una Catalunya independiente sería más próspera y más capaz de afrontar las crisis que la actual, una autonomía intervenida por el gobierno central, que ha visto como el PP recortaba un 20% el presupuesto de la Generalitat en 3 años a la vez que aumenta sin cesar el gasto militar y en ruinosos AVE por toda España. La derecha y la izquierda española han atribuido a un ánimo neoliberal anti-estado del bienestar los ajustes que ha tenido que llevar a cabo la Generalitat. La realidad ha sido que Mas se ha encontrado con una Generalitat que ni tan siquiera puede emitir deuda a los mercados sin el beneplácito del gobierno central, que como consecuencia es obligado a cumplir con objetivos de déficit kafkianos e injustos, y que convive con un déficit fiscal catalán anual con el Estado español, equivalente a entre 12.000 y 16.000 millones de euros anuales (diferencia entre impuestos pagados por los catalanes y gasto y prestaciones públicas recibidas, reconocida oficialmente en 2006 por el Ministerio de Economia). Que el gobierno Mas encima haya tenido que pagar intereses más elevados a Montoro por el FLA que Grecia a la Troika ya ha sido el colmo para un país, Catalunya, que si gestionara sus propios impuestos tendría muchas más herramientas para combatir la crisis, como demuestra el caso de Euskadi u otros pequeños y prósperos estados europeos.

Mientras tanto, el asombro europeo ante la inacción española no hace más que aumentar. Lo explico en mi libro, de título análogo al de este artículo y aparecido ayer en las librerías: cada día se entiende menos cómo un gobierno como el español se niega a negociar con Catalunya. La derrota de De Guindos para presidir el Eurogrupo debería ser tomada como un nuevo aviso en Madrid: en la Europa del siglo XXI las buenas prácticas y el éxito económico son más importantes que el tamaño de un país. Si uno mira hoy a los altos cargos europeos, esta hipótesis se convierte en evidencia: la marca España cotiza cero hoy en la UE.

A pesar del legalismo de algunos análisis interesados, la UE tiene un reconocido carácter pragmático que la lleva a adaptarse a los nuevos escenarios. Un par de ejemplos hacen pensar que la UE va a tratar de encontrar soluciones al conflicto catalán, si el pueblo catalán da un claro mandato democrático para la independencia el 27S.

1) Catalunya cuenta con 5800 filiales de multinacionales que exportan a toda Europa (800 alemanas). Teniendo en cuenta el alto nivel de intercambios comerciales existentes, no es creíble suponer que la UE no evitará una expulsión catalana del mercado único europea.

2) Grecia. A pesar de mil y una amenazas, no se ha permitido la salida de Grecia del euro. La UE ha preferido aportar casi 85.000 M€ antes que romper la moneda única. En el caso catalán hay ya varias voces reconocidas internacionalmente que se han pronunciado sobre su viabilidad económica en caso de independencia. Cabe señalar que no existe en el Derecho Europeo ni Internacional ninguna prohibición sobre tal tipo de proyectos. Quien tenga dudas y requiera analistas neutrales que pregunte a Yves Gounin del Consejo de Estado francés, o a Graham Avery ex-alto funcionario de la Comisión Europea ambos han escrito papers de recomendada lectura.

Así pues, cuando el pueblo catalán vote en las elecciones del 27S por o contra la independencia lo hará con el espíritu europeo, pacífico, democrático y cívico que le caracteriza. No es el mejor sistema, pero habidas las circunstancias es el único que existe. El resultado es incierto, y aún no está claro quién ganará el plebiscito, pero pase lo que pase, ante la actitud amenazante de PP y PSOE, Europa no podrá dejar de preguntarse: ¿dónde estaba el Cameron español?

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