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Entrevista | Danelly Estupiñan

"En el proceso de paz en Colombia no se está cuestionando el modelo de desarrollo"

Danelly Estupiñan, activista que lucha por los derechos de la comunidad en Buenaventura (Colombia), cree que otro modelo de desarrollo es necesario

"Las víctimas en Colombia no son sólo víctimas del conflicto armado", asegura al recordar que también hay víctimas de macroproyectos

Desde Barcelona reclama que "Terminal de Contenidors de Barcelona tiene que asumir los daños que está generando en los países donde se encuentra"

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Danelly Estupiñan en Barcelona después de la entrevista

Danelly Estupiñan en Barcelona después de la entrevista © SANDRA LÁZARO

Danelly Estupiñan es representante de las comunidades afrocolombianas de Buenaventura afectadas por los megaproyectos de desarrollo del puerto, uno de los principales de Colombia. También es miembro del Comité Interorganizacional de Buenaventura y del Proceso de Comunidades Negras y fue una de las investigadoras principales del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica: Buenaventura: Un puerto sin comunidad. Aprovechamos su paso por Barcelona para hablar con ella de cuál es el modelo de desarrollo en Colombia y por qué la comunidad de Buenaventura asocia la ‘marca Barcelona’ con ‘despojo’. Este diario explicó las denuncias de la comunidad sobre el impacto de la actividad de la empresa TCBuen (cuyo accionista mayoritario es el grupo Terminal de Contenidors de Barcelona).

Lleva años denunciando la situación en el puerto de Buenaventura, el principal puerto de Colombia. Una situación que les ha llevado a denominarse víctimas del desarrollo. ¿Por qué?

Sí, víctimas del desarrollo porque el modelo de desarrollo que impera en Colombia y en el mundo tiene una influencia muy grande en países subdesarrollados: estaba generando tras su dinámica de implementación despojos, masacres, muertos, desplazamientos, violaciones... Los gobiernos de los países tienen un interés de mostrar que es una situación de violencia o conflicto armado y no desvelan que finalmente es esa visión de desarrollo y la implementación de ese modelo lo que está generando esos niveles de violencia tan críticos.

Desde fuera se piensa que en Colombia el gran problema es el conflicto armado, y sí que es un problema, pero no es el gran problema y lo vamos a poder constatar en este proceso de transición hacia la paz que estamos viviendo. Vamos a estar en este proceso y la prolongación de la violencia va a darse porque finalmente el gran problema es una visión de desarrollo imperante que no contempla otras formas de ver el mundo y ha usado el conflicto armado y la violencia como un medio de consolidar esa plataforma. Las víctimas en Colombia no son sólo víctimas del conflicto armado porque ese no es el fin, el fin es instaurar un modelo de desarrollo.

Este miércoles ha participado en una charla que lleva por nombre “La marca Barcelona en el mundo: violaciones de derechos humanos”. ¿Qué significa la marca Barcelona para las comunidades negras de Buenaventura?

Para la comunidad de Buenaventura la marca Barcelona ha significado despojo de tierras, de prácticas y valores ancestrales, de identidad y de cultura. Son lamentables las intervenciones que se están haciendo a través del grupo TCBuen en Buenaventura -que tiene relación con el puerto de Barcelona- y la situación que están viviendo las comunidades es muy fuerte. Asociado al conflicto armado, que ha estado por más de cincuenta años en Buenaventura, pero esta situación ha profundizado los niveles de pobreza, de miseria, porque las personas dejaron de ser poseedores de su tierra a ser hoy despojados por una dinámica de acumulación de tierras para la expansión portuaria y detrás de eso está la marca Barcelona.

¿Qué relación existe entre el puerto de Buenaventura y el de Barcelona?

Terminal de Contenidors de Barcelona (TCB) es uno de los mayores accionistas del grupo TCBuen y eso tiene sus impactos. La relación es económica pero también hay una relación social, política y ambiental que relacionamos con los daños que vive la comunidad. TCB es una empresa nacional y tiene que asumir los daños que está generando en los países donde se encuentra. Lo que pasa allá tiene mucho que ver con lo que pasa acá aunque la empresa no esté en el territorio colombiano. La relación no se puede negar y los daños se tienen que solucionar.

¿Cuál ha sido hasta ahora la respuesta por parte de la administración municipal de Buenaventura y del gobierno colombiano?

Han sido totalmente indiferentes con la situación de la comunidad, que es muy compleja. Lo entendemos porque desafortunadamente el gobierno colombiano no tiene un buen referente frente a la garantía de derechos para sus comunidades afros e indígenas y Buenaventura es una comunidad étnica, poblada en un 80% por población afrocolombiana. Sabemos que esa posición del estado, el no tratar de influenciar para poner parámetros que permitan blindar los derechos de las comunidades, es la forma en que opera el gobierno colombiano, también porque los intereses económicos están allí.

Son más bien un estado económico, un estado empresarial, esa es la relación que tienen con este tipo de empresas. Hemos tocado todas las puertas y el caso es muy conocido porque hemos hecho un trabajo de incidencia muy fuerte, regional, nacional e incluso internacional.

Danelly Estupiñan durante la entrevista

Danelly Estupiñan durante la entrevista © SANDRA LÁZARO

Esta semana ha estado en Ginebra y en Bruselas de gira. ¿Con quién se ha reunido?

En Bruselas tuvimos reuniones con algunas embajadas, con la de Noruega, Alemania y Holanda, así como también hemos tenido algunas reuniones bilaterales con relatorías especiales de la ONU en Salud y Medio Ambiente para Latinoamérica y también participamos en un Foro de la ONU donde se habló de las discusiones y tendencias frente a las dinámicas de desarrollo. Estuvimos escuchando posturas interesantes, por ejemplo de la OIM, que son conscientes que la visión de desarrollo actual está haciendo mucho daño. También hablar con las embajada de Noruega, por ejemplo, que está teniendo un papel importante en el proceso de paz y tiene relaciones económicas con Colombia fue útil. Hablamos con los embajadores también para que estuvieran muy alertas que esta relación de empréstito que han hecho para el proceso de paz no se convierta en una manera de pagarle a Colombia a través de la explotación de petróleo de forma desmesurada. Que de hecho ya se está haciendo con la empresa más grande de petróleo de Noruega, que está haciendo intervenciones en Colombia.

En los últimos meses se ha aprobado por unanimidad en el Parlament -como reclamaban las ONG catalanas- una resolución para crear un mecanismo de control de las empresas catalanas con inversiones en el exterior. El Centro de Evaluación de los Impactos de las Empresas Catalanas en el Exterior debería crearse en los próximos ocho meses. ¿Es un logro?

Sí, creemos que Catalunya se convierte en un referente muy importante para otros países. Tener en cuenta estas estrategias de seguimiento, saber qué están haciendo sus empresas en nuestros territorios, ha sido una noticia muy grata. Si los países que están invirtiendo en Colombia generan mecanismos de regulación de derechos que pueda generar mejor calidad de vida el Estado colombiano deberá responder. Buenaventura necesita ser reparada y atendida.

¿Es posible obligar a las transnacionales a respetar los derechos humanos?

Sí, sí es posible. Hay mecanismos globales que se pueden acuñar pero también países como el de ustedes frente a su jurisdicción especial pueden regular. El problema es que cuando esas multinacionales llegan a países como Colombia también hay mecanismos internos constitucionales que se han desarrollado últimamente frente a los impactos pero como nuestros países tienen una visión distinta…

Danelly Estupiñan en la sede de la Federación Catalana de ONG

Danelly Estupiñan en la sede de la Federación Catalana de ONG © SANDRA LÁZARO

El momento que vive ahora Colombia pone el país en el foco internacional. ¿Es una oportunidad para hacer más visible la lucha por un modelo de desarrollo distinto? 

Puede convertirse en una oportunidad pero también en un riesgo. En Colombia hay tres visiones de paz. Por un lado la paz violenta, que es la que lidera la ultraderecha y que cree que generando venganza y represiones puede consolidar la paz; una paz que ya ha demostrado que no es la solución porque el país lleva 50 años desangrándose. Por otro lado está la paz del capital, que es la paz del desarrollo que lidera el presidente Santos y que cree que con inversión internacional puede cambiar la realidad de la población colombiana pero esa tampoco no es la solución porque esas multinacionales están generando desplazamientos y no contemplan a las comunidades. Finalmente está la paz que nosotros visionamos, las comunidades, una paz donde puede haber armonía con nuestras formas de vida y nuestro ecosistema.

¿Cree que el proceso de paz conllevará mejoras a nivel de desarrollo?

En el proceso de paz en Colombia no se está cuestionando el modelo de desarrollo y eso puede ser un riesgo. Puede parecer que no estamos a favor del proceso de paz, sí lo estamos pero creemos en otro tipo de paz. Es una discusión que tiene que salir. En Buenaventura se está hablando ya de “los procesos Paz” para referirse a grandes megaproyectos de infraestructura vial como la acuapista del Pacífico que pretende conectar el pacífico colombiano con Ecuador haciendo una gran autopista por mar que compromete ecosistemas ambientales de manera muy exacerbada y está la implementación de nuevos puertos en Buenaventura que es lo que hoy estamos denunciando. Si esta visión de paz se consolida tal como está va a ser una paz para las empresas pero no para la comunidad.

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