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El (no) derecho al aborto en Centroamérica

La lucha feminista ha cambiado el rostro de los derechos de las mujeres en el último siglo: las mujeres pueden votar, pueden tener su propia tarjeta de crédito, poseer propiedades y acceder a puestos de trabajo antes considerados solo de hombre —aunque aquí todavía hay mucho que mejorar—. Entonces, ¿por qué no podemos tomar decisiones que afectan a nuestro cuerpo y nuestra vida de un modo tan absoluto?

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Imagen Campaña Calala Fondo Mujeres

Imagen Campaña Calala Fondo Mujeres Inés Tarradellas

En Centroamérica se concentra la mayor cantidad de países donde se prohíbe el aborto en todas sus causales. En Nicaragua, El Salvador y Honduras el aborto es delito legalmente penado. En Guatemala, donde en teoría el aborto está permitido si el embarazo es producto de una violación o existe un riesgo inminente para la vida de la mujer, las mujeres tienen gravísimas restricciones a la hora de acceder a este derecho. Muchas de las mujeres embarazadas centroamericanas que no quieren ser madres se ven obligadas a tomar decisiones que hacen peligrar su vida, como son los abortos inseguros e incluso el suicidio —la mayor causa de muerte entre adolescentes, mayoritariamente embarazadas—.

No siempre fue así. Pongamos por ejemplo el caso de El Salvador donde actualmente hay mujeres en prisión con penas de hasta 30 años por haber tenido un aborto natural. Antes de la modificación del código penal en 1998, se mantenía vigente la figura del aborto honoris causa, a la par que las indicaciones abortivas terapéutica, criminológica y eugenésica, es decir: para salvar la vida de la madre, en caso de violación y en caso de malformaciones en el feto.

Las cosas ahora, tras casi veinte años de restricción draconiana, empiezan a presentar síntomas de mejora. Por fin  hay una propuesta en la Asamblea Nacional (el parlamento de El Salvador) para reformar el Código Penal y permitir el aborto en cuatro causales. Estos cambios que podrían tener lugar se dan gracias a las organizaciones de mujeres que, incansables, luchan por la despenalización del aborto sin bajar jamás la guardia, pese a amenazas y coacciones constantes.

Pero no nos pasemos de optimistas: En Honduras el aborto está prohibido, así como la Pastilla Anticonceptiva de Emergencia (PAE), desde el año 1997, y no parece que las cosas vayan a ir a mejor. La moral cristiana tiene a sus ciudadanas cogidas por los ovarios, hablando claro. Los lobbies conservadores no permiten que se mueva ni una coma del Código Penal que pueda permitir mayor libertad de elección a sus ciudadanas.

Queda mucho por hacer. Una manera de colaborar con estas mujeres es apoyando a los grupos de base que luchan creando redes de apoyo para las mujeres en riesgo por estas opresivas legislaciones y haciendo presión para que cambien, como paso imprescindible hacia el derecho al aborto libre, donde la única opinión que se escuche respeto a la interrupción de un embarazo sea la de la mujer cuyo cuerpo ha de someterse a la intervención, respetando su voluntad por encima de todo.

Desde Calala, fondo de mujeres que genera recursos para grupos de base fortaleciendo a su vez a los movimientos feministas, os pedimos vuestra colaboración económica para apoyar a las defensoras de los derechos de las mujeres en sus respectivos países.

Las donaciones pueden hacerse hasta el 31 de diciembre en http://www.calala.org/donar-ahora/

¡Muchas gracias por vuestra solidaridad!

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