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España no cuenta en la UE

El Gobierno llora por su infrarrepresentación en las instituciones europeas pero su ausencia en actos internacionales aumenta su falta de liderazgo internacional

Rajoy ha fracasado en situar a algún español en puestos clave en las instituciones internacionales

Los lamentos del Ejecutivo chocan con la fobia a asistir a cumbres de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, o con el desinterés de Soria de conservar un puesto para España en la Agencia Internacional de las Energías Renovables.

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Almunia ve deseable crear un auténtico mercado único de telecomunicaciones en la UE

Almunia es el único alto cargo español en la UE.

España no cuenta en la UE. Esta es la idea que emana de las palabras del ministro de Economía, Luis de Guindos, que este martes lamentaba la "infrarrepresentación" del país en las instituciones europeas. De Guindos plasmaba el malestar del Ejecutivo español absteniéndose en la noche del lunes de votar como presidente del Eurogrupo, un organismo informal que reúne a los ministros de finanzas del euro, al joven político holandés Jeroen Dijsselbloem.

Con esta minipataleta, España mostraba su indignación ante un hecho que es manifiestamente estadístico: Rajoy no tiene mano en la UE. Precisamente el nombramiento de Dijsselbloem es el último episodio fallido en diplomacia económica del Gobierno del PP. La representación española maniobró hasta el último momento para promocionar la candidatura del ministro De Guindos, pero la fría acogida entre los vecinos europeos dejó el terreno despejado al laborista holandés.

Buscar culpables en el eje alemán es fácil, pero poco efectivo. Italia y Portugal tienen en la actualidad altos cargos en instituciones europeas, como Durao Barroso (presidente de la Comisión Europea), el italiano Mario Draghi (presidente del Banco Central Europeo) o Vítor Constancio (vicepresidente portugués del BCE).

En todo el panorama institucional europeo el único puesto de relevancia es el de Joaquín Almunia, que ostenta una de las seis vicepresidencias de la Comisión. Huelga decir que Almunia es un reconocido socialista y que su carrera en la UE que comenzó en abril de 2004 se debe más a la gestión que hizo en su día José Luis Rodríguez Zapatero, que a cualquiera del Ejecutivo conservador.

La representación española en el resto de los puestos de mando financieros europeos es desoladora. Rajoy perdió la batalla, si es que la libró, de conservar el sillón en el Comité Ejecutivo del BCE que ostentaba José Manuel González Páramo. Después intentó colocar a Belén Romana, actual presidenta del banco malo, como responsable del Mecanismo Europeo de Rescate (MEDE por sus siglas), sin ningún éxito.

Los mentideros europeos aseguran que fue la contumaz insistencia del Gobierno de Rajoy en no apoyar al nombramiento de David Vegara, exsecretario de Estado de Economía con Pedro Solbes y muy bien considerado en la UE, lo que costó que los dos puestos se quedaran sin acento español. Sin embargo, Vegara se ha convertido en el español con puesto más influyente en la burocracia europea, al ser llamado por Klaus Regling como segundo de abordo para pilotar el mecanismo de rescate.

Los ministros no viajan

Pero este ostracismo institucional es casi recíproco. Las instituciones europeas no llaman a los conservadores españoles y los dirigentes populares reaccionan no asistiendo a las cumbres. O viceversa. La ministra de Empleo, Fátima Báñez, prácticamente solo circula por el eje Castellana-Recoletos en Madrid, que le lleva de la sede de Empleo hasta el Congreso de los diputados.

A Báñez no le gusta salir al extranjero, como tampoco a su compañero de bancada, Cristóbal Montoro. El ministro de Hacienda no se reúne con sus colegas europeos ni practica su faceta internacional. En el partido siempre se ha comentado que su desconocimiento del inglés es un tema delicado. Bien es cierto que la doble faceta de Montoro como ministro de Administraciones Públicas le tiene muy ocupado en asuntos internos.

A la postre, toda la representación en política económica recae sobre los hombros del ministro De Guindos. Fuentes de Asuntos Exteriores reconocen que son Economía y Moncloa los interlocutores válidos para gestionar la representación en este tipo de organismos económicos y que el titular de la cartera, José Manuel García Margallo, apenas tiene margen de maniobra. No es de extrañar entonces que en foros internacionales como el de Davos solo se cuente con la presencia de De Guindos para defender los intereses de España ante los mercados.

Rato dejó el FMI

En los pasillos de Bruselas también se lanzan otra pregunta. ¿Puede protestar de infrarrepresentación el Partido Popular cuando se concedió a un dirigente conservador, Rodrigo Rato, el puesto más alto en el mundo financiero ligado a un español y se marchó dando un portazo?

Así, en el Fondo Monetario Internacional (FMI) solo prosigue un español, José Viñals, entre los que gozan de la consideración más alta. Viñals dirige el departamento de Finanzas, uno de los que tienen más responsabilidad en la actualidad. También otro banquero, Jaime Caruana, persiste en un puesto de relevancia internacional, el de dirigir el Banco Internacional de Pagos de Basilea, el supervisor de los bancos centrales. En el Banco Europeo de Inversiones (BEI), la socialista Magdalena Álvarez conserva la vicepresidencia.

Tampoco hay ningún español bien situado en el club económico de ricos más poderoso, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), ni en la Organización Mundial del Comercio (OMC), dirigida por un francés. Además, la semana pasada El País publicó que uno de los aspectos económicos en los que España es líder en el mundo, Energías Renovables, se ha caído también de la agenda del Gobierno al salirse de la representación de la agencia diseñada ad hoc, Irena. Industria también ha renunciado a enviar un representante a esta organización que durante el Gobierno de Zapatero España intentó liderar.

Este aparente desinterés por parte del Gobierno de Rajoy se combina con las duras críticas que dirigieron a Zapatero por intentar "colarse" en las reuniones del G-20. A día de hoy, cuesta pensar que España pudiera lograr asistir a esas reuniones por el escaso fuelle de la acción económica exterior del actual Ejecutivo.

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