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OpenStreetMap, una década trazando el mundo entre todos

OpenStreetMap, un mapa del mundo hecho entre todos

Analía Plaza

Londres —

El 9 de agosto de 2004, Steve Coast, un estudiante de física inglés, registró el dominio openstreetmap.org. Los mapas de Gran Bretaña pertenecían a la Agencia Nacional de Geografía y costaban dinero. ¿Por qué no salir a la calle a hacer mapas, colgarlos en internet y sustituir los de pago por otros abiertos, editables y gratis? ¿Que la representación de las calles, las ciudades y los espacios fuera tan nuestra como la libertad para desplazarnos por ellos?

El resultado es historia y mañana cumple diez años: desde entonces, 1.731.674 usuarios mapean el mundo, sobre imágenes de satélite o con el GPS de sus móviles, y lo ceden al dominio público. A diferencia de Google Maps, Nokia o Teleatlas, el fabricante de TomTom, todo el contenido de OpenStreetMap (OSM) se distribuye bajo Licencia Abierta de Bases de Datos: cualquiera puede contribuir, modificarlo, copiarlo, adaptarlo y redistribuirlo. Es un mapa que nos pertenece a ti, a mí y a todos.

“Quedamos tres personas en un bar de Tribunal, porque los tres que editábamos trabajábamos en Madrid”, recuerda Iván Sánchez, presidente de OSM España. Era el comienzo de la comunidad, en ese momento fuerte en Reino Unido y Alemania, en nuestro país. “Era febrero de 2007. Esas Navidades yo estaba aburrido y me puse a jugar. En aquella época se llevaban mucho los 'mashups' de Google Maps: podías poner cosas sobre los mapas pero no modificar el mapa en sí. Si querías hacer un mapa distinto para un fin distinto que no fuera poner las carreteras y comercios que Google quería, no podías. Imagina un proyecto de investigación. En OSM puedes ponerte a contar edificios, árboles o lo que quieras”.

Entender esa diferencia es entender por qué el mundo necesita OpenStreetMap. ¿Por qué iba Google a invertir tiempo y dinero en incluir todas las fuentes de tu pueblo o tu ciudad en Maps? ¿Y si sus ciudadanos las quieren sobre el mapa? Añade una fuente es el reto de OSM España para este verano. Quizá un caso más relevante fue el de Filipinas, del que ya hablamos en HojaDeRouter.com. En noviembre del año pasado, miles de voluntarios mapearon con detalle el país tal y como estaba antes del tifón. Con la zona devastada, la Cruz Roja utilizó sobre el terreno mapas de OSM y actuó sabiendo que, si donde antes estaba un edificio ya no había nada, era probable que hubiera cuerpos debajo. Como actualizan en tiempo real y la comunidad ya sabe coordinarse en situaciones humanitarias - hay un equipo encargado, el Humanitarian OSM - reacciona ante ellas y salva, literalmente, vidas.

En 2007 España estaba en blanco. “Yo me acuerdo de hacer la M30 de Madrid. Luego hice la Nacional 6, otra persona la Nacional 2, otra la 4... Estábamos a ver quién hacía más kilómetros de autopista hasta que lo completamos. Fue un pique tremendo”, recuerda Sánchez. También en 2007 las administraciones públicas de toda Europa empezaron a ordenar y hacer más accesibles sus datos geoespaciales por imperativo legal. El papel de OSM España, que se incorporó a la Fundación en 2009, ha sido convencer a las agencias públicas de que publicaran los datos, o abiertos para incluirlos en OSM o directamente ahí.

“En 2007, OSM era ridiculizado por la Administración”, continúa. “Te decían: no lo hace como otros organismos, ni usa personal cualificado, ni equipamiento ni metolodogía apropiada para geógrafos. Todavía queda mucho por hacer, pero empiezan a abrirse más. El Plan Nacional de Ortofotografía Aérea fue fantástico, porque obliga a las comunidades autónomas a ceder imágenes aéreas y eso a su vez las obliga a hacer la imagen una sola vez [como entre Hacienda y la Seguridad Social: no siempre se cruzan datos geográficos] así que la administración se organiza poco o a poco. Pero OSM ignora la crítica, se dedica a lo suyo y al final la gente lo usa”.

Además es gratis, así que cada vez son más las agencias públicas y empresas privadas (sobre todo tras el cambio en las condiciones de Google Maps, por cuyo uso hay que pagar) que lo utilizan. Incluso Telenav, la empresa en la que el fundador de OSM, Steve Coast, trabaja ahora, ha creado la primera aplicación de navegación GPS con OSM: ellos incorporan las indicaciones (rotondas, señales de stop y otros datos que no estaban del todo solucionados) y ponen el 'software', y OSM aporta el mapa.

“Esto es sólo el principio”

Diez años después, OpenStreetMap es un proyecto público, sin ánimo de lucro, creado a base de colaboración masiva y que, como Wikipedia, gana en precisión a los mapas privados. Todos conviven en el candente mercado de la localización, en el que varias empresas (Google, Nokia y Teleatlas son las principales) compiten por tener el mapa definitivo: al que uses para buscar dónde estás y el que terceras empresas paguen por utilizar.

Simon Poole, presidente de la Fundación OSM, ve un futuro en el que cada una encuentre su nicho de mercado. “La tendencia de abrir datos continuará y cada vez se podrán usar más fuentes de datos públicos liberados. Pero mientras que, para aplicaciones especializadas, esos datos sí que tienen que estar en bruto, el público sigue necesitando empresas que los incorporen en productos y servicios. Veremos diferentes modelos de negocio”.

Entre sus retos de futuro destacan tres. El primero, resolver el eterno debate sobre su licencia de uso. En 2012, OSM pasó de Creative Commons Compartir-Igual a Licencia Abierta de Bases de Datos, similar pero con debates internos sobre cuál de las dos fomenta mejor el desarrollo de los mapas. “No creo que sea lo correcto ahora. Pasamos cinco años de doloroso proceso interno cambiando de licencia y creo que deberíamos pasar más tiempo promoviendo OSM de nuevo que discutiendo entre nosotros. Dicho esto, si esta idea cobra fuerza, la fundación tiene un proceso democrático para decidirlo”, asegura Poole.

El segundo, aumentar la diversidad de los editores que, como varios miembros han descrito (uno, dos y tres) son sobre todo hombres. “No tenemos información de edad o género, pero hay indicadores que dicen que los que más contribuyen son hombres”, continúa Poole. “Es una comunidad abierta y su concepto, recogida de datos geográficos, no determina género. Es un espejo de la brecha de género en tecnología. Podemos hacer cosas para atraer a más mujeres, pero eso no va a arreglar la causa del problema, que está en la educación y en viejas estructuras sociales”.

Y el tercero, terminar todo lo que queda por mapear. Un estudio del Oxford Internet Institute Institute confirma que el 21% de los datos de OSM son de Estados Unidos, seguido de Francia, Canadá, Alemania y Rusia. Los cinco países juntos producen el 58% del contenido, entre todos los países ricos de la OECD elaboran el 80%, y aún quedan muchos datos por incluir (interiores de edificios, rutas ciclistas, transporte público, alturas...) Pero es que OpenStreetMap nunca será perfecto. El mundo cambia constantemente, así que su mapa libre tendrá que hacerlo con él.

El sábado 9 de agosto, OpenStreetMap celebra en varias ciudades el décimo cumpleaños de sus mapas. “Ahora hay que gestionar el crecimiento del proyecto, siendo una pequeña organización que opera en un mercado multimillonario, y manteniendo vivo el interés de los contribuyentes”, concluye el presidente de la Fundación. “Esto es sólo el principio”.

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Las imágenes de este artículo proceden de OSM Then And Now y Map Compare

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