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Ni el copyright ni el copyleft te va a dar de comer

Algunas notas para Podemos Cultura sobre asociacionismo en el campo de la cultura.

El debate sobre licencias libres o propietarias no puede bloquear el debate sobre los derechos comunes.

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Foto de un cine cerrado de Diego David García

Foto de un cine cerrado de Diego David García

Hace unas semanas, Manuel Guedán, miembro de Podemos Cultura, me propuso que participara en uno de los grupos en mi opinión mas interesantes de la apuesta. Se trata del grupo de Industrias Culturales, que engloba la parte de asociacionismo en el sector cultural. Como yo ando con muchísimo lío y no podía ir a la reunión que tenían decidimos quedar para charlar informalmente en una cafetería sobre el tema y yo quedé con el compromiso de escribir un texto sobre semejante asunto. Me comprometí, como digo, a escribir algo sobre el tema y como el debate es público, pues aquí va el texto para Manu con copia a quién quiera leerlo.
 
Es un texto para abrir un debate. Como todo texto para abrir un debate generaliza, tira un poco al bulto e intenta, simplemente, desplazar los marcos de la conversación. No es muy riguroso y debe ser discutido, enmendado o insultado impunemente. Para eso estamos.
 
1. Ni el copyleft ni el copyright te están dando de comer
 
Reconozcámoslo, ni ese libro con licencia libre ha hecho que puedas pagar el alquiler mínimamente, ni ese otro con una licencia que garantiza tu protección ha conseguido nada similar. Reconozcamos también que los ejemplos estupendos de desarrollo de la cultura libre son eso, ejemplos. Reconozcamos también que los ejemplos maravillosos de desarrollo de la cultura propietaria son mas o menos lo mismo: ejemplos. Ejemplos vinculados a dos lógicas culturales que están atrapadas en un marco empresarial y económico que las determina.
 
2.- La industria del copyright como casta cultural   
 
Hay un problema cuando se dice “la cultura” porque se habla a la vez de muchas cosas. La cultura eres tú, que trabajas en ese ámbito, pero también es quién ha construido la “industria cultural” en la que te insertas y que se hace llamar también “la cultura”. Esa, ahora mismo, está en franca retirada, manteniendo una posición de privilegio a costa de legislaciones cada vez mas restrictivas que solo buscan mantener el poder de los propietarios en detrimento de los derechos de los trabajadores y trabajadoras del sector, así como de la gente que accede a los bienes culturales y el conocimiento. Ya me gustaría a mí decirlo con unas metáforas suaves, pero es que lo que está pasando es eso, una bunkerización de una casta cultural propietaria que hace diez años mezclaba industria, marca y boom inmobiliario mientras dinamitaba cualquier posibilidad de desarrollar una escena cultural sostenible y hoy, simplemente, ha perdido la capacidad de generar empleo y riqueza. 
 
3.- La cultura disponible como apropiación socialmente aceptada
 
La cultura libre (un movimiento mucho más amplio que unas licencias de copyright abiertas) dice algo muy sencillo: el conocimiento y la cultura se producen socialmente y se deben disfrutar socialmente. Para ello pone en marcha una batalla política y algunas herramientas concretas siendo las licencias las más conocidas. Lo hace en un contexto de cambio entre una época y otra. 
 
Dicho proceso ha tenido una fase de apertura más o menos horizontal, de una red distribuida y ahora mismo se encuentra en una fase distinta. Dicha fase está marcada por monopolios digitales de la atención (facebook, twitter), de la compra-venta (Amazon), del acceso a la información (Google), de acceso a la cultura (Youtube, Netflix, Spotify). Dichas plataformas, con sus particularidades han impuesto un modelo cultural que es el de lo disponible. Lo disponible es la forma de relación cultural aceptada socialmente en este momento. Está formada por un entramado de tarifas planas, sistemas para embeber, modalidades de descarga directa, servicios de streaming, etc. En el que se ha dejado de pagar por cada producto y se paga por los servicios. Dicha industria, además, se sostiene sobre un proceso de financiarizacion especulativa. Es decir, genera muchísima riqueza, poquísimo empleo en comparación y cero derechos. No le importa demasiado si usas una licencia copyright o una copyleft, porque lo pone todo, absolutamente todo, a disposición de cualquiera. Los propios trabajadores/as que producen en el interior de ese ecosistema también lo hacen. 
 
4.- No tienes un problema de licencias: tienes un problema de monopolios
 
Por tanto, no tienes un problema de licencias. Tienes otro problema. Tienes el problema de estar atrapado entre dos monopolios. Tienes el problema de que el sistema de retribución por tu trabajo hasta ahora venía de dos fuentes principales: una salarial y otra de retorno en derechos de autor. Ambas han decrecido salvajemente. El modelo casta de la industria cultural ha dejado de pagar para proteger su modelo de negocio obsoleto y el modelo de monopolios digitales no necesita pagar para tener un modelo de negocio rentable, porque en el contexto digital se hace muy difícil construir la riqueza en forma de salario. Aquí en la red todo son ceros y unos. De hecho, tú mismo le estás proporcionando los contenidos de dicho negocio prácticamente gratis. En ese contexto, usar una licencia u otra no es lo mas relevante (insisto, tus productos van a estar allá dónde hagan falta por un medio u otro quieras o no) 
 
5.- Emprender no te va a sacar de pobre
 
Ante esa situación has tomado una decisión intuitiva. Privado de ayudas públicas, con capacidad para desarrollar tu propio trabajo sin necesitar a otros, con ganas de producir aquello que realmente te satisface y siendo consciente de que estás inmerso en ese medio de la cultura disponible, te has lanzado a poner en marcha tu propio proyecto. Ahora has sacado seis o siete tebeos, o dos libros (uno tuyo), o producido algunos cortos o tu banda ha dado algunos conciertos. Esa compañía de teatro que tienes ha conseguido un par de funciones y/o te ha salido un anuncio o tienes una revista on line y apenas llegas a fin de mes, no encuentras los medios para subsistir y es posible que tengas algún tipo de deuda. La culpa no es tuya, pero esas famosas ayudas al emprendedor no te van a sostener (si es que llegan). El 21% de IVA va a cerrarte la sala y no sabes qué hacer. 
 
6.- ¿Qué necesitamos?
 
Como verás, muchas de las cosas que he dicho hasta ahora no se resuelven en el campo del empleo, porque no tienes empleo. No es que tener derechos cuando uno está empleado no sea importante, pero es que no tienes. O si lo tienes te estás explotando tú mismo y subiendo tus cosas a youtube para que se vean, que mucho dinero no te van a dar. Entonces necesitamos otra cosa. Cuando pensamos en esa cosa aparece esta idea de un sindicato. Pero los sindicatos, al menos los que conocemos, no se han preocupado nunca mucho de nada que no sea la relación entre quien trabaja y quien le da trabajo y aquí se trata de otra cosa. 
 
Lo que necesitamos se parece más a una mezcla. Necesitamos la capacidad que tiene un sindicato para imponer condiciones en el campo de la nueva industria de lo disponible. A dicha industria no se la ataca desde sus “centros de trabajo” ni se para su producción, solo se le puede legislar. Por lo que hace falta quizás un partido. Un partido que sea a la vez un sindicato. Pero quizás eso no sea suficiente, porque a la vez hace falta recomponer un montón de lugares de la cultura, valorizar de verdad todos esos experimentos culturales que son ahora mismo la materia prima real de la cultura en España. Pequeñas editoriales, salas de teatro diminutas, productoras low cost, festivalitos autofinanciados, grupos de música en bandcamp, teles on-line... y hacer de ello un tejido. Un tejido que necesita de una pata económica que pueda sostenerse, pero también de lugares donde encontrarse. Eso se parece más a un movimiento. Necesitamos las tres cosas mezcladas en alguna parte. 
 
7.- Tienes problemas particulares que son comunes
 
Por último, la cultura del copyright ha cometido su mayor error en el enfrentarse con las comunidades que iban a darle sentido. Es algo que el copyleft ha ido resolviendo y que la cultura disponible ha venido a clausurar. Los públicos ya no son el enemigo. Son aliados. Y como aliados necesitamos construir dos cosas: ser capaces de explicar los problemas particulares que tenemos como personas que trabajamos produciendo libritos o películas o canciones o... Y por otro lado, ver qué problemas comunes tenemos y por tanto qué podemos exigir que sea mutuo sabiendo que en la cultura disponible produce riqueza quién genera un producto, pero también quién lo recomienda, lo envía, etc. y no está claro que sea posible distinguir mucho a unos de los otros en algunos aspectos. 
 
Este texto no resuelve estos problemas. Solo pretende empezar a hablar de la situación en un territorio nuevo. Lo demás es encontrarse y trabajar en común.
 
Las reflexiones de este texto vienen de varias conversaciones en redes sociales y presenciales.
 
A la digestión del libro Sociofobia de Cesar Rendueles. 
A conversaciones con @axebra sobre facebook y su infraestructura digital. 
A conversaciones sobre “infraestructuras culturales” con Jazmín Beirak. 
A conversaciones twitteras con Ismael Serrano, Hibai Arbide, Isidro López y Victor Lenore sobre cultura popular y cultura sin industria. 
A conversaciones con Noel Ceballos y Jordi Costa sobre remuneración, trabajo y precariedad.
A discusiones con David Aristegui a cuenta de su libro “¿Por qué Marx no habló de copyriht? La propiedad intelectual y sus revoluciones”
A los textos de los Wu Ming sobre fetichismo digital. 
A las reflexiones de Jaron Rowan y Ruben Martinez y Silvia Nanclares sobre materialismo cultural.
A las conversaciones con los compas de Zemos98 en talleres de todo tipo
Y por último a miles de conversaciones y aprendizajes con Angel Luis Lara a cuenta de su tesis doctoral.
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