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"El fútbol tiene algo que engancha mucho. Yo entiendo a los ludópatas"

El fútbol sigue abriendo camino en la cultura. La pasada edición del Festival Eñe ofreció una oportunidad de ver juntos a dos grandes amantes de este deporte que se han convertido en referencia editorial. El periodista Enric González y el exjugador y actual entrenador del Valencia CF Ernesto Valverde presentaron sus últimas publicaciones en una deliciosa charla de fútbol, cultura, periodismo y demás temas de la vida

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Enric González y Ernesto Valverde, durante la conversación.

Enric González y Ernesto Valverde, durante la conversación. Foto: Fabio Cundines

Enric González (Barcelona 1957) habló de ‘Una cuestión de fe’ (Editorial Libros del KO) donde trata de explicar el origen de su pasión por el Espanyol. Un equipo en el que admiró desde Sarrià a un delantero apodado 'txingurri' (hormiga en euskera), que llevó al equipo barcelonés a rozar la gloria en la final de una Copa de la UEFA. Un partido, en Leverkusen, que marcó el ADN de los espanyolistas. Ernesto Valverde (Cáceres 1964) presentó ‘Medio tiempo’ (Editorial La Fábrica), su primer libro de fotografía. Una pasión por las imágenes fijas que el nuevo entrenador del Valencia CF ha llevado consigo desde sus inicios en el fútbol. “A veces hacía fotos desde el banquillo escondiéndome del entrenador”, reconoce.

El editor de Libros del KO, Emilio Sánchez Mediavilla fue el certero moderador del encuentro. Sánchez se apoyó en extractos del libro de González para introducir alguno de los temas.

“Los desastres no son inevitables. No cuesta nada concebir un universo paralelo en el que Adolf Hitler se dedica a pintar acuarelas, Josef Stalin se queda en el seminario y Javier Clemente va a Leverkusen, en los suburbios de Colonia, a jugar al fútbol. En ese universo, libre de Auschwitz y del gulag, Valverde marca gol en Leverkusen, El Espanyol levanta su primer trofeo continental y el mundo es más feliz”

Enric González: Yo me casé para ir Leverkusen. Trabajaba en un diario que se llamaba EL PAÍS y si te casabas, te daban una semana de vacaciones. Y era una final. Se había ganado 3-0 en la ida, porque era a dos partidos y se iba a Leverkusen a ganar. ¡Y me fui de luna de miel a Leverkusen! Y luego pasó lo que pasó, la historia está contada. Creo que cualquier institución tiene momentos definitorios y el Espanyol, que ha tenido momentos duros, nunca se había dado un batacazo tan sólido, duradero y trascendental. Momentos que te definen como perdedor. Aunque vale, es cierto que todo el mundo tenía ya sospechas.

Ernesto Valverde: Es curioso porque ese año hicimos un torneo increíble. Jugamos muy bien y se nos apareció la virgen para eliminar al Milan. Y en la final, contra todo pronóstico íbamos 3-0 en la ida. Metimos tres goles en 15 minutos y pensábamos que íbamos a ganar. En liga estábamos en mitad de tabla para abajo aunque el año anterior habíamos sido terceros. Pero ese año íbamos mal. Respecto a eso de que fue definitorio, es cierto que fue una cicatriz por lo visto... Estaba allí y es curioso, porque luego como entrenador jugué otra final y la perdimos.

E.G.: Esa derrota sí estaba prevista.

E.V.: Sí, esa sí.

E.G.: Sobre esto de ganar o perder creo que es mucho más literario perder que ganar. La pieza seminal de la literatura deportiva para mí, es el cuento de [Roberto] Fontanarrosa de ‘El viejo Casale’. No creo que reviente a nadie el cuento si digo que el protagonista acaba muriendo. Va de un partido que Rosario gana a Newell’s. Ese hecho de que se muera es lo que permite que el cuento sea tan fantástico. Ganar en realidad es bastante estúpido aunque sospecho que debe ser bastante feliz.

“Hablo de 1964 o 1965. Para mí Sarrià estaba relacionado con el antifranquismo profundo y desesperado que se respiraba en el coche. Y cada jornada confiaba, pobrecillo, en que la megafonía de Sarrià interrumpiera el recitado de las alineaciones (“Bartomeu, Osorio, Mingorance...”) para anunciar entre aplausos la muerte de Franco. En serio. Durante años pensé que ocurriría así. Y que la consecuencia casi automática consistiría en un título de Liga para el Espanyol”

E.G.: Tenía seis años cuando iba a Sarrià. Confundía las cosas. Inevitablemente, si eres un niño que va al fútbol desde muy pequeño te conviertes en un pequeño totalitario. Porque el fútbol lo representa todo. El momento cumbre de la semana es el partido. Yo pensaba que si pasaba algo gordo en la vida, pasaría allí y que entonces Marcial y José María marcarían un gol... y pasaría algo extraordinario.

E.V.: Hay muchos más aficionados del Espanyol de lo que parece. Parece que todo Barcelona es del Barça… Pero en Barcelona hay un sentimiento del Espanyol muy profundo. Hay un punto en el carácter del aficionado del Espanyol, algo que estará influenciado por la derrota de Leverkusen, y es que siempre va diciendo: este año bajamos seguro a Segunda; sí hemos jugado bien pero...

E.G.: ¡Oye, es que es verdad! Yo he vivido todos los descensos del Espanyol. Es curioso porque lo que pasa con los aficionados del Espanyol y del Barça se parece a lo que pasa en Turín con los de la Juve y el Torino. El Torino es el gran equipo turinés, fue uno de los mejores de todos los tiempos. Pero en los años 50 cuando empieza a llegar la gran inmigración del sur, el emigrante identifica a la Juve como el elemento integrador. Masivamente, por razones que nadie sabe explicar muy bien, los inmigrantes eligen a la Juve y se convierte en el gran equipo de Italia y de Turín. Hasta un punto que, de equipos parejos, la Juve, gracias a la inmigración, se convierte en el equipo de referencia. Y en Barcelona, la inmigración elige al Barça como el equipo integrador. Es difícil explicar por qué el fútbol representa ciertas cosas o es identificado como algo concreto. Y eso que el Espanyol hasta hace poco tenía más aficionados en ciertos barrios que se identifican más con Barcelona como Gràcia, hasta hace 10 años como mucho, pero de repente se despeña por la marginalidad y otro por la miseria... (risas)

Emilio Sánchez Mediavilla: Quizá porque en  los 70 se crea un relato oficial del Barça como el equipo antifranquista.

E.G.: En ese momento en el Barça hay un presidente limitado que es Agustí Montal, pero con un gerente a la vez muy listo que se da cuenta de lo que el momento requiere. Está claro que el franquismo se va a acabar. Y el campo del Barça es bastante grande como para recoger demostraciones de cierto hastío respecto al momento. Y sin ponerse expresamente de acuerdo tres o cuatro periodistas, que no son más, reescriben la historia y hacen un relato que convierte al Barça en un club muy atractivo. Un club, que era básicamente perdedor, porque hasta que llega Cruyff en el 73 llevaban 30 años sin ganar la Liga... (Interrumpe Valverde: Y el Espanyol tampoco ganaba mucho). En el Espanyol llevábamos 50 años sin ganar. Pero el Barça era ya uno de los dos grandes equipos de España por presupuesto... Vuelven con Cruyff y un relato histórico. Casi con un año de Cruyff, porque jugó solo un año, el 73 y el relato que dice que son la insignia de Cataluña, que si tuvieron un presidente que los franquistas fusilaron... Hombre, lo fusilaron porque era de Esquerra Republicana, no porque fuera del Barça. Pero les va muy bien desde luego.

E.V.: Puede que sea así, pero hay que decir que lo cierto es que los directivos del Espanyol no hicieron nada por cambiar aquello. Se encontraban bastante cómodos en la derecha. Vamos que eran de extrema derecha y un poco más. Recuerdo algunos que... Hay que imaginar cómo era el Espanyol por dentro y por qué esa gente no miró aquello.

E.G.: El Barça celebró elecciones ya en los años 50 y el Espanyol siempre ha permanecido como una institución inmovilista. Desde los primeros 70, el Camp Nou es un escenario en el que se supone que hay que expresar algunas cosas importantes. En los 70 fueron las ideas aperturistas y ahora pues es el escenario donde se expresa algo que está bastante extendido, que es el sentimiento más independentista que nacionalista. Yo no soy independentista, pero desde luego me veo más como independentista que como nacionalista. El independentista me parece una opción, el nacionalista, una tontería. Hay mucha gente que está considerando esto ahora y no está muy claro por qué. Si tuviera que apostar por una razón diría que en Cataluña existe la misma sensación de fracaso que en toda España. La idea que se tenía desde los 70 de que algo en España y Europa estaba funcionando ha dejado de funcionar, y ha desaparecido la discusión política. Y en Cataluña está esto o la cosa de fantasía de que si Cataluña es independiente todo será distinto. Eso es política, puede estar de acuerdo o no. Yo estoy en desacuerdo pero tiene su atractivo. Y aparentemente hay una mayoría o mucha gente en el Camp Nou que quiere decir eso y decirlo en uno de los sitios donde se dicen esas cosas, el Camp Nou. Evidentemente no se dice para el resto de España. Se dice de forma ensimismada, es peculiar. Pero no es un epifenómeno, es algo que aparece y desaparece a lo largo de la Historia reciente de Cataluña y España. ¿Juntos o separados? Desde fuera de Cataluña se ve más concreto y desde dentro se ve más estéril. A poco que lo pienses sabes que esto quedará en decepción, de manera cíclica y luego volverá. Eso sí, considerando la cantidad de turistas japoneses que van al campo del Barça, diría que los que van con carné, gritan casi todos.

Yo no soy independentista, pero desde luego me veo más como independentista que como nacionalista. El independentista me parece una opción, el nacionalista, una tontería.

Enric González


E.S.M.: Ernesto, tú has vivido unos años en Grecia. ¿Percibes estas identificaciones en los equipos de Atenas?

E.V.: Puedo hablar de Olympiakos que es del Pireo, del puerto, odian a muerte al Panatinaikos que es el equipo del centro de Atenas. En las imágenes de mi libro se ve a fans con bengalas. Esos eran los aficionados que nos recibían en la ciudad. Porque hay que decir que el Olympiakos es el equipo más popular de Grecia. La mitad de los aficionados son del Olympiakos. Ellos están instalados en una especie de violencia verbal, por decirlo de alguna manera, que sobrepasa cualquier listón que tengamos aquí. De tal modo que cuando se juega un derbi la afición rival no tiene permiso para entrar al estadio. Se pueden matar literalmente. No es como el Barcelona y el Espanyol o el Atleti o el Madrid. En Barcelona hay una animadversión, sobre todo por parte de los del Espanyol hacia los del Barça por ser el equipo que está un poco más atrás, pero los del Barça piensan que el Espanyol es un equipo que está aquí en la ciudad con el que juegan un par de partidos al año, pero poco más. Aunque es verdad que luego los derbis de Barcelona son disputados y también son importantes porque se juegan con el cuchillo entre los dientes... (Interrumpe Enric: “!Qué bueno es el Espanyol!”). No, es verdad, pocos equipos le dan más patadas al Barcelona que el Espanyol. Lo que pasa es que los griegos son muy exagerados y si te quieren te pueden amar con locura y regalarte una casa y al revés te pueden quemar el coche y te tienes que ir. A mí me ha ido bien y estoy aquí a salvo.


E.S.M.: En el libro retratas mucho ese ambiente dentro del vestuario.

E.V.: Si, en algunos retratos aparece nuestro delantero con una pistola. Yo le decía: pon cara de malo, no te preocupes, que tú tienes cara de malo. Lo hicimos gracias a que teníamos un par de fisioterapeutas que iban con pistola...

E.G.: ¿Con pistola? claro, ¿lo normal no?

E.V.:  Sí, sí. No sé por qué lo hacían. Creo que porque uno de ellos era de Creta y allí todo lo celebran con tiros, pistolas, metralletas, lo que sea. El caso es que tenía pistola. Además, el jugador no quería coger la pistola, le daba miedo. Le dijimos: no te preocupes, le quitamos las balas.

E.G.: Ah, pero que lo llevan cargada.

E.V.: Sí claro. En otra foto aparece nuestro defensa central, otra de Kovacevic antes de un partido en Marsella.

Los primeros pasos de Valverde en la fotografía

E.V.: Me gustaba mucho hacer fotos y en aquella época se hacía la mili, no como ahora, y tenía un amigo que le tocó irse a Canarias. Con mi primer sueldo del Alavés, se lo di y le dije que me comprara una cámara, la que sea. Que sea reflex. Y al cabo de un año, yo esperando... Le encargué una Nikon y me trajo una Canon. Y fue mi primera cámara. Se la regalé a mi primo y la sigue haciendo funcionar. Luego me compré una Nikon en Barcelona. Una FE Box. A E 1 Program. Sigue funcionando.

E.G.: ¿Y no tuvo un permiso en toda la mili? ¿Tuviste que esperar todo el año?

E.V.: No, vino en Navidad y dijo que no había podido comprarla. Yo sospeché que lo había invertido. Y luego ya me apunté a cursos de fotografía... pero llegó el fútbol y se jodió todo... Aunque he llegado a hacer fotos desde el banquillo como jugador, cuando me han cambiado. Intentando que no me viera el entrenador. Pero me planteo más la fotografía como algo más personal. Al final, parece que el libro es un poco triste porque las fotos en blanco y negro siempre evocan eso, un poco de melanacolía o tristeza, pero quizá sea así. El relato de las fotos tenía que tener una narrativa coherente. He aprendido mucho con el libro porque al principio no tenía ni idea de cómo ordenar las fotos. No sabía cómo relacionarlas y me costó muchos ratos libres. Pero no me veo haciendo fotos relacionadas con algo concreto como el fútbol. En este libro hasta salen mis hijos danzando por ahí.

E.G.: Es curioso el tránsito constante del profesional del fútbol en el que vive en movimiento constante. Viviendo cosas que se acaban pronto y sin embargo, para el aficionado no cambia absolutamente nada. Vive en un presente histórico constante en el que no cambia nada.

V. Sí eso es curioso. En mi caso, yo empecé en el Alavés. De ahí al Sestao. Después fui al Español. De ahí al Barçaa. De ahí, al Athletic, al Mallorca. Luego he estado en Atenas, en Villareal. Al final tienes la sensación permanente de estar de paso. Y para el aficionado somos unos mercenarios y ellos unos sufridores. Y no se tiene en cuenta que igual estás en un sitio y al día siguiente piden tu cabeza. Sí tengo la sensación de estar de paso. Y encima, el que te está diciendo que eres el mejor porque has llegado a una final, ese mismo, al día siguiente te dice que te vayas porque eres un paquete.

E. De corresponsalía la sensación es otra cosa. El corresponsal no hace una cosa solo. Anoche... espero no traicionar ningún ‘of the record’ por decir esto, estuve hablando con Guardiola y le dije que según la prensa iba a estar en el ‘Man U’, en el ‘City’, el Chelsea... Y me decía que esto de no estar en el fútbol es tranquilísimo, que está tan feliz y que le espanta tanto volver al fútbol.

V. Bueeeeeno. El fútbol tiene algo que engancha mucho. Es como el juego. Yo entiendo a los ludópatas, entiendo a los que están enganchados. Es que el fútbol tiene una parte de que engancha. Cuando eres jugador de fútbol siempre estás harto de la prensa, del entrenador, del público, de jugar cada día, un día eres bueno otro malo... Y todos los jugadores cuando se van a retirar dicen no voy a ser entrenador ni loco. Me voy a una isla desierta a fundirme todo lo que he ganado y ya está. Y cuando pasa el tiempo... todo el mundo empieza a sacarse el carné de entrenador, a ser agentes...

E.G.: Pero para ser entrenador es por pasión o qué. ¿Cómo se hace uno entrenador?

V. Al final lo que has hecho toda la vida es el fútbol, pero cuando terminas tu carrera piensas más en el juego. Más veterano, te preocupas más por el mecanismo, la táctica y empiezas. Yo nunca pensé en ser entrenador y ahora mira. He tenido a Clemente, Cruyff, Heynckes, Irureta...Sáez, Víctor Muñoz, Pichi Alonso, que lo tuve de compañero y luego de entrenador en el Mallorca. Al final de cada uno sacas algo. En el caso de Cruyff es que cambió la manera de entrenar en España. Y Clemente, desde el punto de vista táctico, ha sido de los entrenadores con los que yo más he aprendido.

E. A veces parece que conviene que el jugador no piense ¿Por qué el jugador no puede pensar?

V. No le conviene pensar. No es que no pueda pensar, es que no tiene tiempo para pensar. De todas maneras hay tendencia a creer que los jugadores de fútbol somos todos unos zoquetes, que no han leído un periódico en su vida... Como si la gente fuera por las aceras hablando de Platón. Al final el jugador habla de fútbol porque es de lo que sabe. Al jugador de fútbol se le exige que con 20 años sepa manejar circunstancias excepcionales, que hable en público, aguantar al entrenador, saber manejar a la prensa, no creerse Dios porque la gente te grite porque has metido dos goles, tener esa dosis de autoestima para no hundirte cuando fallas... Tienes que saber un montón de cosas cuando tienes 21 años. Cuando tienes 25 años has vivido un montón de cosas que otra persona quizá no lo viva en 10 o 20 años o más 40 o 45. Eso es un aprendizaje increíble porque el fútbol es un curso acelerado de la vida real. En un año te han subido arriba y bajado a lo más profundo, uno te ha engañado, te ha robado dinero, te has comprado un coche y te van llamando gilipollas por la calle... Yo estoy de parte del jugador.

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