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El sueño de la participación ciudadana avanza lento en los "ayuntamientos del cambio"

Los dos ayuntamientos han puesto en marcha cauces distintos para que los ciudadanos opinen sobre las decisiones que les afectan y planteen sus propias soluciones

Barcelona intenta encontrar la manera de dar cabida institucional a la importante actividad vecinal; en Madrid las propuestas ciudadanas no terminan de despegar en las nuevas herramientas de participación

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Las alcaldesas de Barcelona, Ada Colau, y Madrid, Manuela Carmena. EFE

Madrid y Barcelona simbolizaron un fuerte cambio político en las pasadas elecciones municipales. Las dos ciudades más importantes de España dejaron de estar gobernadas por partidos tradicionales, que se vieron obligados a ceder el bastón de mando a dos nuevas formaciones políticas. Ahora Madrid en la capital y En Comú en Barcelona llegaron con la promesa de practicar una forma de hacer política distinta a la de sus predecesores y con la voluntad de implicar a los ciudadanos en el día a día de la política municipal.

Esa voluntad se ha ido materializando durante los primeros meses de gobierno en distintos proyectos oficiales, pero no acaba de tomar cuerpo como rutina municipal. Barcelona, donde la implicación ciudadana en los asuntos municipales es una constante desde hace años, intenta canalizar toda esa voluntad de influir en políticas públicas hacia por ejemplo la web Decidim Barcelona, y combinar las actividades presenciales con las ventajas de la tecnología.

La propuesta del nuevo ayuntamiento de Madrid prometía una revolución. En la web municipal, entre otras cosas, se puede hacer propuestas que, si obtienen el respaldo suficiente, comenzarán a debatirse y tramitarse. Cuatro meses después de la puesta en marcha el apoyo a las propuestas avanza sin embargo lentamente, ninguna se acerca siquiera el umbral de apoyos necesarios y la que más respaldo obtiene apenas supera el 20%.

Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política, experto en políticas públicas y que ha formado parte de la fundación de Barcelona en Comú, cree que en parte se debe a la falta de cultura de la participación y que no existe una “participación incrustada” que ponga en contacto a los promotores individuales de iniciativas con aquellos colectivos que pueden verse beneficiados, y que puede contribuir a dar visibilidad a la propuesta y lograr más apoyos.

Decide Madrid, el portal de participación ciudadana

El Ayuntamiento que dirige Manuela Carmena puso en marcha en septiembre la web  Decide Madrid, enfocada a canalizar la participación ciudadana sobre tres pilares: la relación con los concejales, la participación en proyectos municipales y el impulso de propuestas ciudadanas.

En cuanto al primero, la web tiene un apartado para debatir diversos temas que afectan a la ciudad de Madrid. Además, cada cierto tiempo los concejales y otros miembros de la corporación municipal responden a través de esa plataforma a las preguntas de los vecinos de la capital.

En el área de la participación en los planes municipales, el segundo pilar, se acaba de poner en marcha su principal proyecto: la remodelación de la Plaza de España. A través de un apartado de la web Decide Madrid, los vecinos de la capital pueden establecer las condiciones que debe cumplir la reforma. Además, se elegirá al proyecto final mediante una votación abierta a todos los ciudadanos.

El tercer pilar en el que basa el gobierno de Ahora Madrid su apuesta por la participación ciudadana son las propuestas realizadas por los ciudadanos. Si éstas alcanzan unos determinados apoyos antes de un año, se abre un proceso de debate y, posteriormente, de votación. Si supera esa votación, el Ayuntamiento hace suyo el contenido de la proposición y se compromete a implementarla.

Pero este apartado no está funcionando como se esperaba. Más de cuatro meses después de su puesta en marcha, ninguna de las propuestas ha logrado los apoyos necesarios para pasar a la fase de debate. De hecho, la más votada, que reclama un billete único para el transporte público, apenas supera el 20% de los apoyos.

El Ayuntamiento fijó en 53.726 personas, el 2% de los empadronados de mayores de 16 años, los apoyos necesarios para que una propuesta ciudadana supere la primera etapa. Pablo Soto, concejal de Participación, destaca que el umbral está por debajo del establecido en otras ciudades.

Además, señala que el número de apoyos a las propuestas, en lugar de frenarse, "se va acelerando", impulsados por las otras iniciativas que se van alojando en la web, como la de Plaza de España. Aun así, destaca que la baja cifra de apoyos obedece a que "no hay grandes colectivos haciendo campañas".

"Funciona cuando hay un grupo que se moviliza para poner encima de la mesa una propuesta y conseguir que le apoye el 2% de la población", apunta. Tanto el umbral como el plazo están pensados "para favorecer al ciudadano, para que el mecanismo no bloquee", añade.

Barcelona estrena su propia web de participación

Barcelona ha instalando ahora el mismo software libre que utiliza Madrid en el área de participación ciudadana. Hace tan solo unos días, el Consistorio que dirige Ada Colau presentaba su web de participación, Decidim Barcelona, con una estructura similar a la del Ayuntamiento de la capital, pero con una funcionalidad distinta, como destaca la concejal de Participación, Gala Pin.

“No es un portal para hacer propuestas ciudadanas desvinculadas de algún proyecto municipal, sino es una herramienta que pretende caminar hacia la coproducción de las políticas públicas”, apunta. La web está enfocada a que los ciudadanos ayuden a diseñar el Plan Municipal a partir de un borrador elaborado por el Ayuntamiento.

Se trata, explica, de “poner la tecnología al servicio de los procesos democráticos que se están dando en la ciudad” y “habilitar todos los canales posibles para que gente de diferente perfil pueda tener un espacio de participación”. Para ello, la web combina los foros de debate virtuales con los presenciales, indicando los puntos de la ciudad donde se van a discutir distintos aspectos del Plan Municipal.

Además, hay otra diferencia importante con Madrid. No hay un umbral para las propuestas que hagan los ciudadanos, sino que el Consistorio se compromete a estudiar las que reciban más apoyos de cara a la siguiente fase de elaboración del mencionado Plan. La concejal explica que también se van a analizar aquellas propuestas que vengan de “colectivos invisibles” para los que son importante, pero que hayan tenido pocos apoyos porque “generan poco debate público”.

Con este sistema, Gala Pin asegura que el Ayuntamiento ha logrado quintuplicar la cifras de participación respecto a iniciativas anteriores, canalizando a través de Decidim Barcelona los distintos procesos de implicación vecinal que se daban a diferentes niveles.

La “participación incrustada” como solución

Joan Subirats ha seguido de cerca los procesos puestos en marcha por Madrid y Barcelona. En su opinión, estamos ante un avance porque se permite a los ciudadanos “generar dinámicas sociales y colectivas” y ser críticos con las propuestas de los ayuntamientos.

Aunque apunta a hay algunos puntos que mejorar, señala que estas iniciativas “tienen ventajas desde el punto de vista funcional y operativo”. Implicar a los vecinos permite equilibrar la posición de los ciudadanos respecto a “los decisores políticos y los expertos”. Además, valora positivamente que ambos ayuntamientos pidan opinión a sus vecinos en procesos que están comenzando porque ese “proceso de codecisión” permite buscar “diágnósticos compartidos”.

Destaca que algunas asociaciones, sobre todo en Barcelona, expresaron sus reticencias hacia este nuevo sistema porque ponía a la misma altura la propuesta de un ciudadano que la de un colectivo. En su opinión, estos procesos participativos deben ser complementarios al trabajo de las asociaciones.

Cree esta puede ser la solución al hecho de que las propuestas ciudadanas no terminen de despegar en Madrid. Además de que “es evidente” que hay un déficit de cultura de la participación, Subirats apunta que debe caminarse hacia “una participación incrustada”.

Este término hace referencia a que los procesos participativos “estén incrustados en dinámicas sociales”, es decir, que si a un particular se le ocurre una buena idea pueda llevarla a los espacios en los que puede ser beneficiosa para que sea promocionada, contactar con colectivos que puedan buscar más apoyos.

Esto requiere de “una cierta lógica de activismo social”. “Si no, no deja de ser una buena idea que a alguien se le ha ocurrido al margen de todo. Hay que buscar el espacio intermedio entre asociaciones y ese tipo al que se le ocurre una buena idea”, añade.

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