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REPORTAJE

La arquitectura de la discriminación

En 1,2 millones de hogares españoles viven personas con movilidad reducida donde existen barreras de acceso, como escaleras sin rampas o sin plataformas

"Si quiero entrar en una tienda de ropa muchas veces no puedo, te ayudan a que pases, pero no hay autonomía", asegura Lola, que necesita silla de ruedas

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Ropa en silla de ruedas

El Gobierno ha destinado 300.000 euros a acabar con las barreras arquitectónicas en los espacios públicos.

La calle no es lugar para otras ruedas que no sean las de un coche. Cualquiera que se mueva en silla de ruedas debe dar, por lo general, más rodeos que quien camina, porque las escaleras están a la orden del día, las aceras se llenan de bordillos y las rampas se vuelven demasiado empinadas.

En la búsqueda de soluciones y con el fin de ir mejorando la situación, la Consejería de Universidades e Investigación, Medio Ambiente y Política Social destinó el pasado mes de junio 300.000 euros para la eliminación de barreras arquitectónicas, con prioridad para subvencionar a municipios con más de 5.000 habitantes.

Y es que gran parte de las barreras arquitectónicas son consecuencia de las barreras económicas y sociales, pues es la población quien no está concienciada del problema, porque solo se ve como un problema que existe, pero que no corre prisa solucionar. 

La Federación Cántabra de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) explica que entre sus objetivos tienen la lucha contra esta discriminación: "Detectamos y hacemos visibles las barreras arquitectónicas, urbanísticas, del transporte y de la comunicación para promover su eliminación", subrayan.

Es cierto que no afecta a todos, es más, afecta a una pequeña porción de esos muchos, pero múltiples tiendas cuentan con un escalón en la entrada, múltiples bares solo permiten su acceso al baño subiendo o bajando escaleras. Y para esa pequeña porción de esos muchos cada peldaño es un paso fallido, una manera de vetar que ciertas personas puedan entrar a esos establecimientos.

Medios de transporte

Lola Rodríguez vive en Torrelavega y utiliza silla de ruedas, pertenece a COCEMFE y, aunque sus limitaciones han ido descendiendo con los años, "si quiero entrar en una tienda de ropa muchas veces no puedo, te ayudan a que pases, pero no hay autonomía", comenta.

El problema es extrapolable a los medios de transporte pues, aunque estacionar el coche en una plaza de aparcamiento destinada a una persona con discapacidad puede acarrear una multa de unos 200 euros, las falsificaciones de los carnés de personas discapacitadas o el aparcamiento indebido en sus sitios reservados es una práctica común.

Lola añade que el tema del coche es una problemática con la que tiene que enfrentarse muy a menudo pues "hasta que no se pusieron multas de verdad, nadie respetaba las plazas de aparcamiento", problema que COCEMFE intenta solucionar y, para conseguir una mayor accesibilidad, realizan campañas para promover el uso responsable de la tarjeta de aparcamiento.

"En los medios de transporte público la cosa no mejora demasiado", explica Lola. "Para coger un tren con una silla de ruedas en Torrelavega hay que preguntar si es un modelo nuevo, porque si no puede no estar adaptado".

Aun así, Lola habla del compromiso de los ayuntamientos. "Al hacer peticiones, personales o colectivas, sí te escuchan y se está tratando de eliminar muchas barreras". De hecho, "se realizan rastreos en los diferentes municipios de Cantabria para comprobar in situ las barreras arquitectónicas y posteriormente se envía un informe al Ayuntamiento”, explican desde COCEMFE.

Pero esta discriminación pesa a todo el que hace el esfuerzo por comerse el mundo, y tiene que acabar comiéndose una tapa en su casa, porque llegar al bar es todo un reto. En 1,2 millones de hogares españoles viven personas con movilidad reducida donde existen barreras de acceso, como escaleras sin rampas o sin plataformas móviles.

Además, la problemática continúa, puesto que no solo existen barreras arquitectónicas que afectan a la parte más física de la persona, sino que también existen barreras psicosociales, basadas en el miedo, la pena o la preocupación que se siente por las personas con discapacidad física, una tarea aún pendiente de afrontar de manera integral.

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