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ENTREVISTA - Jordi García Jane, cooperativista y miembro de la XES

“Para domar el capitalismo desbocado son precisos cambios políticos”

El cooperativista y miembro de la Xarxa d'Economia Solidària (XES) Jordi Garcia Jané cree que la economía social y solidaria “ya está haciendo una sociedad donde los valores de solidaridad, igualdad y democracia  estén más presentes”.

A su juicio, la economía social y solidaria “es una economía bonsái, si no cambias las reglas del juego, son economías populares y por tanto tienen pocos recursos económicos, políticos, educativos, para crecer y reproducirse”.

Se calcula que en el mundo hay unos 100 millones de personas que trabajan en cooperativas, por lo que “para mucha gente es una forma de satisfacer necesidades que dentro del sistema no podrían cubrir”.

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El cooperativista y miembro de la XES, Jordi Garcia Jane, ofrece una conferencia en San Sebastián. Foto: Ayuntamiento de San Sebastián.

El cooperativista y miembro de la XES, Jordi Garcia Jane, ofrece una conferencia en San Sebastián. Foto: Ayuntamiento de San Sebastián.

El cooperativista y miembro de la Xarxa d'Economia Solidària (XES) Jordi Garcia Jané define la economía social y solidaria como aquellas actividades económicas, de trabajo, de consumo, de crédito, de moneda, de gestión de recursos o de distribución de la riqueza, “actividades económicas de cualquier tipo que básicamente cumplen tres principios”. El primero es que a diferencia de la economía capitalista dominante, en donde se persigue el máximo beneficio económico, en las actividades de la economía social y solidaria no se persigue el lucro, sino lo que se persigue es satisfacer necesidades humanas, como un puesto de trabajo digno o un consumo más sano. Además, estas actividades están organizadas de manera democrática y actúan con compromiso social. Jordi García ha acudido a Donostia a ofrecer la conferencia ‘La economía solidaria, ¿embrión de otra economía?’ y así explicar cómo se vertebra el  movimiento de la Economía Social y Solidaria a través de la XES en Cataluña.

En estos momentos de crisis en el que la gente siente que sus necesidades básicas están amenazadas, ¿somos más conscientes de que necesitamos este tipo de economía social y solidaria?

Mi impresión es que efectivamente la gente es más consciente y eso se demuestra porque desde hace unos años se habla mucho más de todos los temas vinculados al cooperativismo, la comunidad social y solidaria, incluso surgen nuevas iniciativas. Yo defino la economía social y solidaria por tres principios al mismo tiempo, el primero es la finalidad que es satisfacer necesidades. El segundo es el modo de hacerlo que es democrático, participativo y con autonomía de gestión, es decir, estamos hablando de proyectos en la mayoría de las veces colectivos. Las decisiones se toman de acuerdo al principio de una persona, un voto. No por ejemplo, como en una Sociedad Anónima donde depende del capital que tú tienes, tienes más poder de voto o no. Y el tercero es actuar con compromiso social, y la mayoría de las veces con voluntad de transformar la sociedad, es decir, las actividades económicas de la economía solidaria no están ensimismadas, sino que deben tener un compromiso con el entorno tanto social como ambiental en el que se dan, y cualquier iniciativa que cumpla esas tres características las consideramos economía social y solidaria.

¿Hoy en día seriamos capaces de vivir en una sociedad no-capitalista?

Si nos fijamos en una de las características de la economía solidaria, como la gestión democrática, aunque pueda sorprender a algunos que una empresa se pueda gestionar democráticamente, incurrimos en una paradoja a mi modo de ver. Ya que, aceptamos que la política tiene que ser democrática, aceptamos que debemos elegir a nuestros gobernantes, por lo que siendo coherentes, si tenemos la capacidad en la sociedad para elegir a nuestros gobernantes, más fácil debería ser que los trabajadores o los consumidores pudieran elegir a sus jefes, directores, a sus responsables. Es cierto, que la educación, como en tantas cosas, es muy importante para hacer un cambio de mentalidad, que en el caso de la economía solidaria se realiza en la propia práctica, no es una teoría. En todo caso la teoría surge de prácticas y gente concreta que está haciendo economía de modo distinto. Esto es, satisfaciendo necesidades, no buscando el lucro, organizándose de manera democrática y actuando con compromiso social. Entonces esto se encarna a veces en cooperativas, en asociaciones, en fundaciones, en productores individuales, en entidades de finanzas éticas o grupos de consumo agroecológicos.

¿Crees que tendría que haber un cambio político para poder llegar a un cambio económico en el que el capitalismo podría llegar a desaparecer?

La Economía social y solidaria es muy diversa y muy heterogénea en su seno, pero hay una parte significativa, al menos en Cataluña, que en último término a largo plazo, sí que se plantea que es posible un cambio de sistema, no solo convivir en una economía capitalista. Y pensamos que es posible, no quiere decir que sea probable, mucho menos seguro, porque cualquier sistema, cultura o civilización es histórica, y el capitalismo no es un sistema económico que haya durado mil años, es relativamente reciente, lleva 300 años, y como los seres humanos, pensamos que las culturas y las sociedades evolucionan y todo tiene un momento de nacimiento, de auge y de decadencia. Nosotros entendemos que estamos en un periodo de decadencia de este sistema económico, lo que no quiere decir que eso conlleve automáticamente otra economía y que esa otra economía que venga luego sea mejor. Pero nosotros pensamos que es posible una economía post-capitalista, en donde la economía social y solidaria sea una parte importante. Pero para que todo esto ocurra o incluso para que simplemente podamos domar o podamos civilizar este capitalismo tan desbocado que tenemos es preciso cambios políticos. Es decir, la economía social y solidaria por sí misma no tiene capacidad de transformar la estructura económica de la sociedad, es preciso cambio de leyes, regulaciones, cambios en las relaciones de poder y por tanto sin un cambio político, no  puede haber un cambio económico. La economía solidaria puede crecer más, de hecho está creciendo desde los años 90 en prácticamente todo el mundo, pero es una economía bonsái, si no cambias las reglas del juego, son economías populares y por tanto tienen pocos recursos económicos, políticos, educativos, para crecer y reproducirse.

¿De qué manera la economía solidaria puede hacer mejorar la calidad de vida de las personas?

Como comentaba, la economía solidaria es una práctica, no es una teoría. Entonces como práctica, más allá de que pueda servir como inspiración o como embrión de una economía distinta a la capitalista, es una economía más justa, más sostenible, más solidaria y democrática. Independientemente de esto, a mi modo de entender ya está haciendo dos cosas muy importantes. Una de ellas es proveer de productos y servicios de primera necesidad en el mundo a mucha gente, que dentro de la economía capitalista no tendría futuro. Hay millones de campesinos que tienen una renta porque están organizados en grupos de agricultores o cooperativas agrarias. Se calcula que en el mundo hay unos 100 millones de personas que trabajan en cooperativas, ya no te cuento asociaciones, para mucha gente la economía social y solidaria es una forma de satisfacer necesidades que sino dentro del sistema no podrían cubrir. Por otro lado, creo que la economía social y solidaria en la medida que es una práctica basada en valores como la solidaridad, la igualdad, la democracia, pues viene a ser a la práctica una escuela de ciudadanía activa. Es decir, una persona que esté muy metida, trabaje en cooperativa auto gestionada donde tenga que tomar decisiones, que tenga parte de sus ahorros en una banca ética y que también participe en ella, pues probablemente es una persona que en el barrio será una persona socialmente activa y esos valores que tiene en su puesto de trabajo cooperativo los trasladará de una manera espontánea al resto de actividades sociales. Por tanto, podemos decir que la economía social y solidaria ya está haciendo una sociedad donde los valores de solidaridad, igualdad y democracia  estén más presentes.

Desde tu experiencia ¿Cómo funciona en Cataluña el movimiento de la economía social y solidaria?

Uno de los restos, que son muchos, que tiene por delante la economía social y solidaria es precisamente organizarse, es decir, hay miles de entidades y empresas de economía social y solidaria en Cataluña, pero la mayoría de ellas están encerradas en sí mismas. Muchas de ellas ya tienen suficiente trabajo con sobrevivir, me refiero a tiendas de comercio justo, a grupos de consumo ecológico por barrios, sociedades laborales, asociaciones que trabajan en el campo social o a cooperativas de servicios. Una parte pequeña de este mundo tan heterogéneo se organiza, en algunos casos de un modo sectorial y a parte está surgiendo desde hace 8 o 9 años un movimiento específico de economía solidaria, la Xarxa d'Economia Solidària (XES), que en estos momentos agrupará a unas 170-180 entidades y empresas de este campo. Nosotros en Cataluña estamos intentando vertebrar al sector, organizarlo y que sea consciente de que una tienda de comercio justo tiene mucho que ver con una cooperativa auto gestionada  y que esta última tenga presente que es más lógico que tenga su dinero dentro de entidades ética, en vez de en un banco o una caja. Estamos en ello y es un trabajo largo y difícil.

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