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¿Son efectivas las medidas de reparto del empleo?

Si la reducción de las horas trabajadas no se acompaña de otro tipo de medidas complementarias no crea puestos de trabajo ni reduce el desempleo

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Trabajadores de Arcelor durante una protesta.

¿Existe alguna evidencia científica de que la reducción del tiempo de trabajo ayuda a crear empleo o a repartir mejor el existente? Pues la respuesta es que depende del tipo de medida analizada y del contexto en el que se aplique. Esa es la conclusión del  estudio realizado por el Centro de Documentación y Estudios Fundación Eguía-Careaga-SIIS después de realizar una amplia revisión sistemática de la efectividad de las medidas de reparto del empleo.

Por lo que se refiere a medidas de reducción permanente de la jornada laboral estándar, “los estudios revisados ponen de manifiesto que la reducción en las horas trabajadas, ‘per se’, no daría lugar a un efecto de creación de empleo, ni de reducción del desempleo. Así lo indican las evaluaciones de las experiencias desarrolladas en Alemania. Canadá o Chile y también en Francia, en relación con la reforma de 1982, que redujo la jornada de 40 a 39 horas semanales”, se apunta en el trabajo.

Pero esto no significa que las reformas aplicadas en los distintos países no tuvieran ningún efecto positivo sobre el empleo. “El paquete de reformas introducido en Francia para reducir la jornada de 39 a 35 horas semanales a

partir de 1997 tuvo un impacto positivo significativo, creándose entre 350.000 y 500.000 empleos adicionales entre 1997 y 2002. Con todo, diversos autores señalan que este impacto positivo se debió sobre todo al paquete de ayudas públicas introducido junto con las reformas, y no tanto a la reducción en el tiempo de trabajo”.

La revisión realizada sí permite, por otra parte, alcanzar una conclusión positiva sobre la capacidad para preservar empleos de las medidas de reducción temporal del tiempo de trabajo aplicadas durante la última recesión económica. “Los diversos trabajos de evaluación consultados indican que los programas analizados, a los que suele referirse habitualmente como programas de desempleo parcial o de desempleo temporal, son efectivos a la hora de mitigar el impacto negativo de una caída del PIB sobre el empleo. Por lo que se refiere a la cuantificación de este efecto, las estimaciones abarcan un rango muy amplio, que varía en función de los datos disponibles y las especificaciones utilizadas en los modelos econométricos para calcularlos. Para los diez países para los que se dispone de estimaciones comunes, el efecto neto de estos programas oscilaría entre los 125.000 y 607.000 empleos salvados”. Pero estas cifras deben tomarse con precaución.

La revisión realizada por el SIIS permite obtener algunas conclusiones. En primer lugar, es recomendable que las reducciones de la jornada laboral se negocien en un mismo paquete junto con los incrementos salariales de los años siguientes, de manera que el resultado sea neutro en términos de costes laborales por hora de trabajo. “Es importante que a la hora de acordar la modificación salarial que acompañará la reducción de la jornada laboral se tengan en cuenta los incrementos de productividad que se esperan obtener, para llegar a un equilibrio entre la menor reducción salarial posible y un impacto neutro en términos de coste unitario por hora de trabajo”.

La reducción de la jornada laboral debe ir generalmente “acompañada de cambios importantes en la organización del trabajo para evitar que se reduzcan también las horas de funcionamiento [operating hours] o de apertura. Todos los países que han aplicado reducciones de la jornada laboral de forma exitosa han vinculado dichas reducciones a una flexibilización del tiempo de trabajo, de cara a incrementar la eficiencia. En este sentido, la reducción de las jornadas laborales incentiva la innovación en la organización del trabajo y la flexibilización del tiempo de trabajo”.

Subvenciones

Al mismo tiempo, la creciente flexibilización del trabajo impone nuevas demandas a las administraciones, que deben crear nuevos sistemas de regulación y monitorización de las horas trabajadas. En este sentido, los autores consideran que “la flexibilización de las jornadas debe ir acompañada de la introducción de ‘cuentas de horas’ en las que se recojan las horas invertidas por cada trabajador. A la hora de establecer estas cuentas, se tendría que acordar cuál es el límite máximo del crédito de horas que puede existir en una cuenta y cuál es el procedimiento a seguir si se excede dicho crédito”.

El informe también subraya que las administraciones públicas pueden subvencionar las medidas de reducción de la jornada laboral para incentivar su adopción por parte de las empresas y ayudarles a sobrellevar inicialmente el coste que supondrá la necesaria reorganización del trabajo. “Aunque este tipo de políticas parecen resultar efectivas a la hora de favorecer el reparto del empleo, pueden resultar costosas para el erario público”. Por otro lado, se debe asegurar que la población desempleada tiene la formación y cualificación adecuadas para cubrir los puestos de trabajo que se generan mediante las medidas de reparto del empleo. Para ello, “es importante invertir de antemano en la formación de la población general y de la población desempleada en particular”.

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