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Cómo gestionar tus finanzas como un profesional: 7 pasos para controlar tus gastos

Aunque muchos piensen lo contrario, los denominados millennials, por el período de incertidumbre y precariedad laboral que han tenido que vivir, son mejores gestionando sus finanzas personales que sus padres y abuelos.

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A la búsqueda de empleo.

A la búsqueda de empleo.

Es oficial: aunque muchos piensen lo contrario, los denominados millennials, por el período de incertidumbre y precariedad laboral que han tenido que vivir, son mejores gestionando sus finanzas personales que sus padres y abuelos. Comparados con la generación del baby-boom, los jóvenes de entre 18 y 33 años son más propensos a controlar sus gastos con lupa y a ceñirse a un presupuesto determinado para sobrellevar cada mes.

Si has captado el mensaje sobre la importancia de gestionar tus finanzas, felicidades. Pero si eres de los que nunca están del todo seguros sobre si le queda suficiente dinero en la cuenta como para pagar con la tarjeta el pedido de la cena, es hora de hacer algo al respecto. Aprender a controlar nuestros gastos nos ayudará a reducir nuestro estrés, cortar los excesos innecesarios y facilitarnos la vida en general (sobre todo tras perder un trabajo o tener un imprevisto que nos obligue a recurrir a nuestros ahorros).

Cuando empieces a hacerlo podrás utilizarlo como tú quieras, en lugar de que se tu dinero el que te controla a ti. Lo mejor de todo es que es una tarea fácil de llevar a cabo si sigues una serie de sencillos pasos.

Paso 1: Mantén un registro diario de tus gastos

Empieza por elegir la manera de registrar los gastos que más se ajuste a ti (y que creas que puedes mantener en el tiempo). Hay aplicaciones online y gratuitas que te permiten controlar todo lo que entra y sale de una o más tarjetas, facilitando mucho el control de lo que gastas en distintas categorías. Las hojas de cálculo de Excel también funcionan, y si eres de la vieja escuela y prefieres anotarlo todo en papel, también puedes hacerte con una pequeña agenda de gastos.

No importa la opción que elijas mientras anotes cada gasto, por pequeño que sea. Necesitas saber en qué te estás gastando el dinero exactamente, desde el alquiler hasta el café matutino, antes de pasar al siguiente paso.

Paso 2: Anticipa los gastos y ponte objetivos

Piensa en frío los gastos que puedes tener el mes próximo, como el pago de la hipoteca o las tasas universitarias. Revisa los gastos del último mes (los que has ido apuntando día a día) para hacerte una idea de cuánto dinero vas a necesitar para cada cosa durante un mes, y asegúrate de que lo que sale nunca es más de lo que está entrando en tu cuenta.

Además, también es el momento perfecto de establecer objetivos a medio y largo plazo. ¿Tienes deuda que pagar? Haz un plan para devolverla y quítatela de encima. ¿Estás pensando en comprarte un coche nuevo? Empieza a reservar algo de dinero cada mes para el primer pago. ¿Te quieres pegar el viaje de tu vida en Asia-Pacífico? Ve pensando cuánto te puede costar y haz del ahorro una prioridad.

Paso 3: Busca maneras de gastar menos, como cocinar en casa

A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que tus gastos habituales apenas te dejan dinero de sobra como para ahorrar y alcanzar tus metas. Gastar menos siempre es la manera más sencilla y rápida de crear algo de margen en tu presupuesto para poder lograr tus objetivos financieros.

Si comes fuera, por poner tan sólo un ejemplo, eliminar una o dos comidas semanales te puede ahorrar cientos de euros al año. Muchos trabajadores tienen el hábito de comer fuera prácticamente todos los días, y a poco que nos gastemos 15€ por menú en lugar de llevar un tupper desde casa… en fin, haz la cuenta y te llevarás una amarga sorpresa.

Paso 4: Empieza a ahorrar poco a poco (pero sin pausa)

Comer menos veces a la semana en restaurantes no es, como te puedes imaginar, la única manera de ahorrar. Borrarte de suscripciones que no usas, vigilar gastos extra en tu lista de la compra o buscar ocio más barato o gratuito son otras maneras de recortar nuestros gastos. Nuestro consejo: analiza en tu agenda con lupa aquellos que son realmente imprescindibles y libérate de los que al final de mes no suponen más que una carga en tu cuenta. Si en un momento dado tienes que afrontar un gasto concreto, los más recomendable para no esquilmar tus ahorros es  recurrir a préstamos rápidos que te permitan seguir adelante con tus planes y mantener tu nivel de ahorro.

Paso 5: Monetiza tus talentos

El problema de reducir gastos es que llega un punto en que ya no podemos (o queremos) reducir más de nuestros gastos. Cuando llega ese momento, es hora de buscar nuevas maneras de percibir ingresos. Si tienes algún hobby o habilidad que se te dé bien y sientas que puedes compartir con otros, puedes crear un curso en una de las múltiples plataformas de educción online que han surgido en los últimos años. Los ingresos indirectos que pueden derivarse de este tipo de actividades pueden reducir tu estrés financiero e incluso significar un buen empujón en tu cuenta bancaria. ¡Aprovecha tu talento!

Paso 6: Vende todo aquello que no uses ni necesites

Todos tenemos algo de desorden en nuestras vidas y acumulamos muchas más cosas de las necesarias. La buena noticia es que puedes convertir tu abultado armario o el garaje caótico en una fuente extra de ingresos vendiendo todas las cosas que no usas habitualmente ni necesites en eBay, aplicaciones de compraventa o incluso organizando un mercadillo en casa o dando la brasa a tus amigos en redes sociales. Te sorprendería comprobar que algo a lo que tú no le das ningún valor resulta que puede significar una cantidad importante de dinero: aunque no lo creas, existe un mercado enorme para aparatos electrónicos viejos o incluso piezas. Echa un vistazo.

Paso 7: Comprueba tus progresos

El último paso es comprobar el progreso de tu presupuesto por lo menos una vez cada 30 días para asegurarte de que sigues en la dirección que te habías propuesto inicialmente. Dedicarle a tus finanzas personales una o dos horas cada mes significará mantener el control sobre tus gastos en lugar de dejar que tus gastos te controlen a ti. Recuerda: ¡la clave está en la constancia!

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