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El sueño americano del Gobierno vasco

Un libro analiza los intentos del Ejecutivo vasco en el exilio de influir  en el Gobierno de Estados Unidos para recuperar el autogobierno vasco y su desilusión al comprobar que este apostaba por la continuidad del franquismo

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El historiador David Mota.

El historiador David Mota posa con un ejemplar de su libro.

¿Qué hizo el Gobierno vasco en el exilio? ¿Cómo intento influenciar en el Ejecutivo de Estados Unidos para recuperar el autogobierno? David Mota, doctor internacional en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV), ha publicado recientemente el libro titulado ‘ Un sueño americano. El Gobierno vasco en el exilio y Estados Unidos (1937-1979)’, donde se analiza la acción exterior del Gobierno vasco en Estados Unidos entre 1937 y 1979.

La actividad del Ejecutivo de Vitoria entre 1937 y 1979 estuvo definida por la búsqueda de una relación privilegiada con el Gobierno de Estados Unidos para que le ayudase a recuperar el autogobierno vasco, una vez que se hubiese acabado con la dictadura. El trabajo del historiador reconstruye y analiza el proceso de diseño de esa estrategia, sus diferentes fases cronológicas y su evolución, atendiendo a los diversos agentes e instrumentos de la acción exterior del Gobierno vasco. Todo ello en el marco de las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos y la España franquista, y en el variable contexto internacional determinado por la II Guerra mundial y la Guerra Fría.

Mota analiza las relaciones políticas institucionales con el Departamento de Estado y otras agencias estadounidenses y las relaciones personales extraoficiales, mantenidas con figuras influyentes de la vida política y social estadounidense, en los que se conoce como una actividad de ‘lobby’.

El libro recoge desde los sondeos de los delegados vascos para encontrar simpatizantes para la causa antifranquista hasta la esperanza de los años de la II Guerra mundial, “un periodo durante el que creyeron que la entrada de Franco en el conflicto, seguida de una intervención aliada, acabaría con el franquismo”.

Pero de un estado de ánimo optimista se pasó a la progresiva y creciente desilusión. Primero, por la pérdida de las expectativas puestas en la ONU. Y en segundo lugar por la apuesta de los Estados Unidos por la continuidad del franquismo. “Este desencanto, agravado por la desaparición de Galíndez en 1956, el fallecimiento del presidente Aguirre en 1960 y por la distinta política implementada por Leizaola (1960-1979), su sucesor al frente de la presidencia vasca, se tornó en una adaptación a los nuevos tiempos”, se señala en el libro.

Así, los nuevos tiempos exigieron que los dirigentes vascos optaran por otro tipo de estrategia en los Estados Unidos, al margen del Departamento de Estado y del Gobierno. La estrategia consistió en acercarse a congresistas, sindicalistas y periodistas estadounidenses, todos ellos simpatizantes con la causa antifranquista, para así  presionar al Gobierno de Estados Unidos. La idea era que este condicionara los acuerdos que firmara con el Gobierno español al establecimiento de medidas liberalizadoras, que llevaran a España hacia un sistema democrático.

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