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Otro mito que cae: el comportamiento de las segundas generaciones

Existen muchos estereotipos negativos asociados a la inmigración. Uno de los más persistentes es el que vincula la inmigración y la inseguridad. Pues bien, es fácil desmentir una de las implicaciones de este presupuesto: los hijos de los inmigrantes suelen tener un comportamiento menos problemático que los hijos de los autóctonos.

Los criminólogos y los sociólogos de la inmigración en diversos países han comprobado desde hace tiempo la existencia de un hecho aparentemente paradójico: el hecho de que los inmigrantes (y sus hijos) tienen un comportamiento menos problemático que el de los hijos de los autóctonos con los que son comparables (ver aquí).  Sería estupendo comprobar que también es el caso en España para dar más garantías a los agoreros. Sin embargo, como ya venimos denunciando en este blog, un país en el que tanto se gasta tanto en encuestas pre y post electorales carece de infraestructuras estadísticas que nos permitan hacerlo. Como siempre, Europa nos da algunas soluciones.

El estudio  CILS4EU es uno de los mejores para el estudio del comportamiento de los adolescentes con origen en la inmigración en cuatro países europeos: Alemania, Inglaterra, los Países Bajos y Suecia. Se trata de una muestra de algo menos de veinte mil menores nacidos entre 1994 y 1996. El cuestionario preguntó a estos adolescentes la frecuencia con la que tenían comportamientos que podríamos calificar de no deseables. Entre otros robar, llevar navajas o cualquier otra arma, la frecuencia con la que se emborrachaban, fumaban o consumían drogas o con la que dañaban objetos de otras personas intencionadamente. En pocas palabras: no existe una sola dimensión en la que los hijos de los inmigrantes tengan una mayor inclinación por comportarse de alguna de estas maneras los hijos de los autóctonos.

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¿Cuántas leyes son demasiadas?

Una de las funciones principales de los parlamentos es legislar. De hecho, lo principal, lo que más se conoce o por lo que suele destacar la labor de los parlamentos es por las leyes que se aprueban.  De igual forma, hay presidentes y primeros ministros que se juegan parte de su capital político en  la aproblación (o derogación) de ciertas leyes. Por ejemplo, el presidente Zapatero es mundialmente conocido por su empuje a la ley 13/2005, más conocida como la de matrimonios del mismo sexo. Justo recién, el parlamento australiano ha aprobado una ley en el mismo sentido que la española –no sin algún disgusto dentro del partido del primer ministro conservador Turnbull-, y esperemos sigan otros parlamentos en todo el globo. Caso contrario es el actual presidente de los Estados Unidos que está intentando derogar la obra legislativa de su antecesor. Por lo tanto, es evidente que las leyes son importantes.

No todas las leyes tienen el mismo impacto mediático - unas se conocen más que otras- y seguramente algunas desconocidas nos afectan de formas que ni siquiera pensamos. Pero todas ellas, las más vistosas y las menos, emanan de los parlamentos. En España, además de los diputados de la Carrera de San Jerónimo, también aprueban leyes los respectivos parlamentos autonómicos. Obviamente, el parlamento estatal es el que más leyes ha aprobado porque el estado de las autonomías se desarrolla unos años después de que se instaura la democracia, y porque mientras muchas competencias no estaban transferidas era el gobierno central quien legislaba. Desde 1980, un total de 1394 leyes.

En esta entrada, voy a presentar la evolución de la producción de leyes de algunos parlamentos autonómicos. Parece razonable esperar que aquellos territorios que proclaman tener un carácter o hecho diferencial legislarán más, en todas aquellas áreas que puedan y tengan competencias, que aquellos territorios que no la reclaman.  Como es sabido, en España el estado de las autonomías se desarrolló a dos velocidades. Por un lado, están las autonomías de vía rápida –País Vasco, Catalunya, Galicia y Andalucía- y, por otro, las de régimen general, el resto. De forma bastante precisa, esta clasificación se ajusta a la división entre aquellos territorios desde los que se proclama una especificidad y aquellos territorios en los que no. ¿Hay diferencias significativas respecto al número de leyes que han aprobado?

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El 2017 en 10 gráficos

Como cada año, los miembros de Piedras de Papel hemos querido seleccionar diez gráficos para resumir el 2017. Ha sido un año intenso. No están todos los que son, pero creemos que son todos los están. ¡Feliz 2018!

1. No es (sólo) la economía, es (sobre todo) la política...

Los ciudadanos no parecen que hayan compartido el triunfalismo económico del gobierno. Prácticamente, mes tras mes, la mayoría ha valorado de forma negativa la situación económica del país. Aunque la tendencia a lo largo del año ha sido hacia una valoración menos negativa. De este modo, si en enero casi un 59% calificaba como mala o muy mala la situación económica, en noviembre (último dato publicado por el CIS) ese porcentaje se reducía al 50,9%.  Este indicador contrasta con la valoración de la situación política, cuya evolución ha sido la contraria. A lo largo del año, y como ya venía ocurriendo desde 2016, la sociedad española se ha mostrado mucho más pesimista sobre la situación política que sobre la económica. El año acaba con una ciudadanía que está (aún) más descontenta con la situación política (casi un 76% de encuestados la valoraba de forma negativa en noviembre) que al comienzo del año (66,8%). Especialmente entre octubre y noviembre en el contexto del conflicto catalán, ha aumentado la distancia entre la valoración negativa que tienen los españoles de la coyuntura política, respecto a la económica. Habrá que ver si al comienzo de 2018 los mensajes sobre el impacto negativo que puede tener el conflicto catalán en el conjunto de la economía española se traducen en un aumento del pesimismo económico de los ciudadanos.

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La polarización era esto

La candidata de Ciutadans, Inés Arrimadas, ha votado sobre las 12:30 h en el colegio Ausias March del barrio de Les Corts junto a su marido, el exdiputado de CiU Xavier Cima.

Cuando se mira solo la evolución del voto independentista parece que el proceso soberanista catalán está llamado a tener más consecuencias en las cenas de Navidad que en las elecciones. Sin embargo, la polarización social que tantos dicen percibir sí deja un rastro claro en la evolución del voto no independentista. 

A medida que el eje nacionalista ha ido supliendo al eje izquierda-derecha como base de la competición electoral, los partidos más anti-nacionalistas catalanes (que son, además, los partidos más a la derecha con respecto a la media de Cataluña) han ido creciendo, impulsados por Ciudadanos, a expensas, en distinta medida, de casi todos los demás. La principal conclusión cualitativa es que hoy, por fin, es imposible un gobierno de izquierdas, ni aunque se intentara recomponer ese eje. Y ese es el resultado más llamativo de las elecciones catalanas, me parece a mí. 

Cuando algunos políticos (catalanistas) intentan desdeñar el ascenso de Ciudadanos como una simple reorganización "de la derecha" deberíamos re-preguntar. Lo que se está reorganizando es el no nacionalismo, con un refuerzo del polo más unionista, contra-nacionalista, nacionalista español o como se prefiera denominar... y, como consecuencia, se está reforzando el lado derecho del eje tradicional de la ideología. (Todas esas etiquetas pueden ser legítimas, ninguna es del todo adecuada; no hablo ya de las etiquetas despectivas al uso, empleadas por los más nacionalistas catalanes, al menos en la conversación de las redes sociales, precisamente cuando entienden que esto no es una reorganización de la derecha).

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Cinco cosas que aprendimos el 21D

Varias personas en el colegio electoral de la Plaza de la Universidad de la ciudad condal / EFE

¿En qué medida los resultados del 21-D se han desviado de los escenarios que anticipábamos hasta ayer?

En primer lugar, hay que reconocer que las encuestas de las que disponíamos lo han hecho razonablemente bien. Si tomamos como referencia la encuesta preelectoral del CIS cuyo trabajo de campo se hizo antes de la campaña electoral, Ciudadanos ha obtenido 2,9 puntos porcentuales más de lo que allí se predijo; Junts Per Catalunya, 4,8 puntos más; Esquerra, 0,6 puntos más; PSC 2,1 menos; Catalunya-en-Comú-Podem, 1,2 menos; CUP 2,2 menos; y el Partido Popular, 1,4 menos. No son diferencias enormes, con la excepción quizá del partido de Puigdemont. Y es más, las encuestas que se hicieron durante la campaña posteriores a la del CIS marcaban tendencias muy claras que acabaron siendo consistentes con los resultados finales: Cs y JxC estaban creciendo, mientras que los partidos pequeños perdían apoyos. Así todo, dada la situación en la que se celebraron estos comicios, las encuestas nos dejaban varios interrogantes. Solo ayer por la noche pudimos resolverlos del todo.

1. La alta participación. En línea con lo que la mayoría de analistas anticipaban, la participación ha sido excepcionalmente alta. La contabilización del voto de los residentes ausentes hará que la cifra final esté en torno al 80%, en torno a 4/5 puntos superior a la de hace dos años. Son cifras extremadamente altas para un país donde el voto no es obligatorio.

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Fieles pero descontentos

Una de las principales cuestiones que subyacía a los análisis los eventos del otoño caliente catalán era en qué medida la escalada del conflicto entre el gobierno independentista catalán y el gobierno central provocaría un cambio en la famosa "correlación de fuerzas" en la sociedad catalana: ¿lograrían los independentistas que la reacción del gobierno español provocara una ampliación de su base social, que parecía estar estancada durante los últimos años? ¿O acaso el incremento de la tensión institucional y la incertidumbre política y económica provocaría un abandono del barco independentista por parte de algunos sectores, lo que haría que el soberanismo perdiera su hegemonía electoral?    

El escenario que dibujan la mayor parte de las encuestas -una alta estabilidad del voto dentro de cada bloque, y una posible ganancia del conjunto de partidos no independentistas como consecuencia de una altísima movilización de antiguos abstencionistas- parecería sugerir que ninguno de estos dos procesos se están produciendo ¿Podemos concluir por tanto que los últimos meses no han provocado fisuras ni en el bloque soberanista ni en el anti-independentista? Creo que sería una conclusión apresurada. 

La  encuesta preelectoral de GESOP para El Periódico del mes de Noviembre (hemos de dar nuevamente las gracias a estas empresas por poner a disposición de todos los datos generados por sus encuestas) nos permite valorar cómo los diferentes electorados han sido sensibles a eventos que podrían haber debilitado el atractivo de su propio "bloque" (esto es en esencia lo que implica la tesis de que la escalada produciría un cambio en la correlación de fuerzas), y cómo estas opiniones sobre estos eventos podrían estar relacionados con cambios en su comportamiento electoral futuro.

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21D: tras el voto joven

Unas horas antes de que comenzara (oficialmente) la campaña de las elecciones catalanas, el CIS publicó en su página web, el pasado lunes, los resultados de una encuesta preelectoral, realizada entre los días 23 y 27 de noviembre sobre la base de 3.000 entrevistas telefónicas en Cataluña.

Inevitablemente la atención mediática se ha centrado en conocer cómo se halla, a partir de los indicadores de estimación de voto y de escaños, el pulso que ofrece el CIS entre el bloque conformado por los llamados partidos constitucionalistas (Ciudadanos, PSC y PP) y el bloque de los partidos independentistas (ERC, Junts per Catalunya y la CUP), con Catalunya en Comú- Podem posicionado entre uno y otro bloque.

Como era de esperar, los resultados de esta encuesta preelectoral han dado lugar a diferentes lecturas, aunque en todas ellas ha imperado el mismo planteamiento de la política de bloques. Un planteamiento que forma parte de la lógica de unas elecciones que se vislumbran como una cita clave en el marco de una grave crisis institucional provocada por el desafío independentista y que ha supuesto el alineamiento de los partidos catalanes en dos bloques.

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'El Muro Invisible'. Divulgación sociológica del siglo XXI

Nuestros amigos de Politikon, uno de los blogs de divulgación en ciencias sociales más pujantes del panorama digital, han publicado una obra colectiva titulada  El Muro Invisible (Editorial Debate) sobre las vicisitudes de ser joven en España. En esta entrada queremos celebrar la aparición de este trabajo y destacar su enorme potencial para elevar el debate público. Pero también queremos invitar a nuestros lectores a hacer una reflexión crítica de algunos de sus argumentos centrales. Vamos a ser más sintéticos en el primero de estos objetivos que en el segundo.

 

Por fin divulgación moderna

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Las listas del 21D: ¿En qué partido hay más paridad?

Las candidaturas que se presentan a elecciones a Parlamentos autonómicos deben cumplir con las cuotas de género previstas en la ley orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres aprobada en 2007. Todas las listas deben contar con un 40% de mujeres candidatas y tiene que haber como mínimo dos mujeres en cada tramo de cinco candidatos. Dentro del cumplimento de la ley, los partidos tienen cierto margen para dar un trato mejor o peor a las mujeres en las listas. Este artículo analiza las diferencias en la paridad de género de las candidaturas que se presentarán a las elecciones al Parlament de Catalunya el 21 de diciembre y descubre qué partidos tratan peor a sus mujeres al confeccionar las listas.

Un primer indicador de paridad es el porcentaje total de mujeres que se presentan en las listas, que puede quedarse en del mínimo del 40% marcado por la ley o puede acercarse o superar el 50%, un umbral psicológico y efectivo importante. Sin embargo, es evidente que dentro de cada lista hay candidatos con muchas más posibilidades de ser elegidos que otros. Los que se presentan en los últimos tramos no tienen ninguna posibilidad de ser elegidos, por tanto es particularmente importante examinar la composición de las listas en los puestos de salida. En contextos con circunscripciones pequeñas y sistemas de partidos muy fragmentados, como el de las elecciones del 21D, los partidos sólo esperan obtener uno, dos o tres candidatos en muchos tramos. Si colocan estratégicamente a hombres en las primeras posiciones dentro de cada tramo, el número total de diputadas elegidas puede acabar bajando significativamente del 40% mínimo que marca la ley.

El siguiente gráfico muestra el porcentaje total de mujeres en las candidaturas a las elecciones de cada partido y el porcentaje de mujeres en puestos de salida. Para establecer cuáles son estos puestos de salida se han usado las previsiones de cuántos candidatos de cada partido pueden ser elegidos según los sondeos de opinión – siendo conscientes que la diferencia entre las previsiones y el resultado final puede ser elevada. Para casi todos los partidos, en las circunscripciones de Lleida, Tarragona y Girona sólo el cabeza de lista y como mucho el segundo candidato están en posiciones de salida.

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El eje territorial, la ideología y el cambio

Mapa de España en que se presenta la división territorial con la clasificación de todas las Provincias de la Monarquía según el régimen legal especial común en ellos (Jorge Torres Villegas, 1852)

Al hacerse eminente la cuestión territorial, el poco o mucho impulso de cambio político y reformas institucionales que pudiera haber hace un par de años parece amortiguarse. Lo acuciante del problema mismo podría abrir una nueva oportunidad de cambio constitucional, pero la falta de templanza a la hora de competir sobre ese eje parece bloquearlo.

Con todo, algunos sostienen que es la izquierda, o cierta izquierda, quien quiere utilizar la cuestión territorial para romper un supuesto consenso constitucional.  (Es el  argumento que defiende, por ejemplo,  Jorge San Miguel desde Ciudadanos, a quien escojo por respeto). Veamos algunos datos de opinión pública que iluminan este asunto.

En primer lugar, la inspección de las posiciones medias de los partidos confirma al sentido común: la izquierda de España es la más interesada en que haya consenso sobre la organización territorial del Estado, y que sea lo más amplio posible. En segundo lugar, la crisis de la cuestión catalana ha mostrado cómo, en muy poco tiempo, lo que una vez pareció un posible motor de cambio político de amplia base -el rechazo a la corrupción y a cierto tipo de actores- se difumina, sobre todo, hacia la derecha. En tercer lugar, subrayemos que, por efecto combinado de la acción de las élites y del estado de la opinión pública, la insatisfacción con la democracia se ha convertido en un asunto tan fuertemente vinculado con el reparto de poder territorial que parece irresponsable contentarse con un país en el que solo algunos centralistas se sienten realmente cómodos.

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