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Cinco gráficos para Celia Villalobos y cia.

El desconcierto dentro de las filas populares en relación a la reforma de la ley del aborto presentada por el gobierno tiene todo el sentido del mundo. No parece responder a una demanda nítida de sectores bien definidos dentro del PP, ni parece que tenga atractivo para votantes que, el día de mañana, podrían estar dispuestos a apoyar al partido del gobierno.

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Leyendo los últimos sondeos en varios medios de comunicación a cuentas del anteproyecto de ley para reformar la actual ley del aborto uno se queda con la sensación de que el partido del gobierno se ha metido en un buen aprieto. La reforma propuesta por Alberto Ruiz Gallardón no parece recoger una demanda nítida del conjunto la sociedad, pero tampoco del sentir general de los simpatizantes del Partido Popular. Hace pocos días, Marta Romero repasaba en este mismo blog estas últimas encuestas (ver aquí) para terminar por concluir que no hay un cálculo electoral, sino que esta reforma responde al objetivo de satisfacer a algunos grupos de presión cercanos al sector más conservador del PP.

No es de extrañar, pues, que varios dirigentes del PP hayan expresado su descontento con algún aspecto de la reforma promovida desde el Ministerio de Justicia. Hasta donde yo he contado, públicamente ya lo han hecho Celia Villalobos, José Antonio Monago, Alberto Núñez Feijóo, Cristina Cifuentes, Juan Vicente Herrera, Rosa Valdeón, Javier León de la Riva, Isabel Díaz Ayuso y Borja Sémper. No sabemos si son todos los que están o están todos los que son. Pero no son pocos ni totalmente irrelevantes.

¿Es la posición de la “díscola” Celia Villalobos y sus compañeros de aventura fuera de las fronteras partidistas una postura desconectada del electorado del PP? ¿Qué sabemos sobre la opinión de los votantes populares?

Dado que no podemos acceder a las tripas de las encuestas mencionadas más arriba, haremos uso de un estudio realizado por el CIS en Enero de 2011, cuando el Partido Popular todavía no había llegado al gobierno, pero la vigente Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo ya había sido aprobada por las Cortes. En este estudio titulado “preferencias sobre los procesos de toma de decisiones políticas” se les pide a los encuestados que sitúen su opinión sobre el aborto en una escala de 0 a 10, en la que 0 indica que está “totalmente en contra” y el 10 que está “totalmente a favor” de que las mujeres puedan abortar libremente y sin restricciones. Si bien esta escala no nos indica cuáles son las preferencias de los ciudadanos respecto a la reforma propuesta por Gallardón, sí nos da algunas pistas acerca de qué perfiles son más proclives a demandar más o menos restricciones a la hora de regular la interrupción de un embarazo y, por lo tanto, quienes son los que quedarán más satisfechos con la reforma en curso.

Como punto de referencia debemos mencionar que la media de esta escala para toda la muestra es de 5.9, es decir, una posición moderadamente más cercana a que la mujer pueda abortar libremente a que no. Pero, ¿cuál era la posición de los que votantes populares en relación al resto? El gráfico 1 despeja  dudas. Efectivamente existe una clara diferencia entre los votantes del Partido Popular y los que han votado a otro partido. El valor medio de la preferencia por el aborto libre de los que declararon haber votado al PP en las elecciones del 2008 es de casi dos puntos menos que la media de toda la muestra (4.1). Es llamativo el contraste incluso con partidos también conservadores como el PNV (6.4) o CiU (5.9). Esto confirma el hecho de que los votantes del PP tienen una opinión ciertamente particular sobre el aborto. En este sentido, parece lógico que el partido del gobierno se haya embarcado en una reforma que limite la libertad de las mujeres para interrumpir el embarazo.

¿Entonces cómo es que las encuestas más recientes señalan que incluso los simpatizantes del PP no acompañan de forma mayoritaria el proyecto de reforma? Caben varias explicaciones. Una de ellas es que la reforma de Gallardón vaya incluso más allá de las preferencias restrictivas de los votantes populares representada en ese 4.1 de la escala y que su opinión en las encuestas de hoy pretenda poner freno incluso a los de su partido. Otra opción es que los cambios en la composición del electorado del PP en los últimos tres años hayan hecho mover la posición media de los simpatizantes populares, y que los apoyos ganados por el PP en el 2011 tengan una posición menos restrictiva. Volveremos sobre esto más adelante. Pero la explicación que encabeza la lista de los analistas es que el partido en el gobierno se ha embarcado en esta reforma como respuesta a las presiones de algunos sectores más radicales.

¿Existía heterogeneidad entre los votantes del PP como para necesitar responder a una demanda de mayor restricción en la regulación del aborto? El gráfico 2 muestra que en el electorado “natural“ del PP no existen diferencias importantes. Independientemente de donde se ubiquen en la escala ideológica, los votantes populares del 2008 tenían una opinión bastante similar respecto al aborto. La desviación de cada grupo de la media para el conjunto de simpatizantes del PP es muy pequeña. Incluso los que se declaran de extrema derecha están solo medio punto por debajo.

Pero es que resulta que tampoco encontramos diferencias importantes si segregamos a los votantes populares de acuerdo a otras variables relevantes. El gráfico 3 muestra que ni las diferencias entre católicos y no católicos; activistas anti-aborto y no activistas; liberales y no liberales; o entre aquellos que le dan poca o mucha importancia al tema del aborto, son significativamente distintas. Ningún agregado se desvía más de 0.6 puntos de la media general para el PP.

Sin dudas el dato más llamativo de estos contrastes es el relativo a la religión. ¿Cómo es posible que no se distingan diferencias entre católico y no católicos del PP? La respuesta está en que muchos ciudadanos se declaran católicos aunque no sean practicantes, lo que, en ocasiones, puede que esté correlacionado con sus actitudes y preferencias en cuestiones como la que aquí tratamos. De hecho, si graficamos la media de la preferencia por el aborto libre en función de esta diferencia vemos que sí aflora un grupo que se distancia algo más de la media del votante popular (ver gráfico 4). Como es lógico, los católicos practicantes tienen una preferencia más cercana a estar totalmente en contra del aborto libre y sin restricciones. No obstante, esta diferencia es de 0.8 puntos.

Dentro del electorado del PP, pues, no parece existir un grupo numeroso que tenga preferencias tan distintas como para forzar un giro de timón como el que supone la reforma del Ministro de Justicia. Celia y compañía tienen razones para “descolgarse” de la posición del gobierno.


Pero si existe algún argumento que dé aún más razones para que los populares descontentos con la ley-Gallardón den la batalla dentro de sus filas, es que los potenciales votantes de un partido como el PP, que se autodefine como de centro-liberal, se encuentran en posiciones bastante alejadas al sentir medio del electorado popular. Si el PP se disputa con el PSOE los votantes de centro y/o liberales, debe saber que que movimientos como el de la reforma del aborto, aunque posiblemente contente a unos pocos dentro de su partido, no hacen más que alejarlo de este colectivo de potenciales votantes. El quinto gráfico compara las preferencias del PP y el PSOE en este respecto. Unas diferencias bastante significativas.


En resumidas cuentas, el desconcierto dentro de las filas populares en relación a la reforma de la ley del aborto presentada por el gobierno tiene todo el sentido del mundo. No parece responder a una demanda nítida de sectores bien definidos dentro del PP, ni parece que tenga atractivo para votantes que, el día de mañana, podrían estar dispuestos a apoyar al partido del gobierno.

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