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La Vanguardia cambia de director para descolgarse del proceso soberanista

Dos días antes del acuerdo sobre el referéndum de autodeterminación, el editor del diario, Javier Godó, sustituyó a José Antich por Màrius Carol

En los últimos años, el diario, considerado el medio de la burguesía catalana, ha sido uno de los principales aliados del Gobierno de Artur Mas

Carol tiene un perfil mucho más moderado y en su currículum destaca el haber sido corresponsal del diario para la Casa Real

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ESPAÑA-MAS-CONFERENCIA:B08. BARCELONA, 07/04/2011.-El presidente de la Generalitat, Artur Mas (i), conversa con el presidente Editor de la Vanguardia, Conde de Godó, a su llegada a mediodía de hoy al hotel de donde se celebra una comida-coloquio organizada por Barcelona Tribuna sobre sus 100 dias al frente de su gobierno de la Generalitat. EFE/Toni Garriga

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, y el editor de La Vanguardia, Javier Godó, conde de Godó. / Efe

El proceso para la convocatoria de un referéndum de autodeterminación en Catalunya se ha cobrado la primera víctima de peso en Barcelona. Y no ha sido precisamente por no apoyar el proyecto, sino todo lo contrario. El pasado martes se conoció que el propietario y editor de La Vanguardia, Javier Godó, conde de Godó, había decidido relevar al director del periódico, José Antich, por un hombre de la casa, Màrius Carol, hasta ahora director de comunicación del Grupo Godó.

La línea editorial de La Vanguardia durante los 12 años que Antich ha dirigido el diario ha estado en sintonía con las posiciones de Convergència i Unió, aunque, desde su nombramiento como director, el aún máximo responsable del periódico dedicó buena parte de sus esfuerzos a recuperar para la cabecera el papel de rotativo de referencia que había ido perdiendo en los años anteriores.

Además, durante el mandato de Antich ha salido a la calle la edición en catalán de La Vanguardia, una iniciativa que ha sido un éxito comercial, amén de las ayudas públicas de la Generalitat que le han granjeado.

La Vanguardia es el medio por excelencia de la burguesía catalana. Su posición empezó a complicarse a partir de la Diada del 11 de septiembre de 2012, cuando una masiva manifestación a favor de la autodeterminación de Catalunya acabó forzando a CiU a convocar elecciones apenas a media legislatura, con la esperanza de lograr una mayoría absoluta que le permitiera gestionar el estado de opinión de la población catalana.

La jugada le salió mal. CiU perdió 12 escaños y se quedó en una precaria mayoría relativa en el Parlament de Catalunya que le situaba en manos de Esquerra Republicana, una fuerza manifiestamente independentista que en el último año ha marcado la agenda del proceso soberanista.

La posición de La Vanguardia se dirigió entonces hacia esas posiciones maximalistas, más próximas a los sectores más radicales de CiU y, en ocasiones, a las de Esquerra Republicana. Una posición que en principio fue saludada por la audiencia más influyente de La Vanguardia, la burguesía catalana, como una estrategia destinada a resolver parte de los problemas de encaje de Catalunya en España.

A pesar de que el conde de Godó dejó hacer a Antich y a su equipo, ha tenido que resistir presiones procedentes incluso del propio monarca. En los días próximos a la Nochebuena de 2012, don Juan Carlos le afeó al editor de La Vanguardia las posiciones próximas al independentismo del diario y le recordó su condición de grande de España. Con anterioridad, el monarca había hecho llegar el mismo mensaje a Javier Godó a través del consejero delegado del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián.

Aunque tras la llamada de atención del rey al conde de Godó, La Vanguardia moderó sus posiciones soberanistas, no tardó en recuperar la línea editorial que había venido manteniendo antes del mensaje real. En los últimos meses, la inestabilidad política reinante en Catalunya ha evidenciado que la posibilidad de convocar la consulta está mucho más cerca de lo que parecía en un principio. El aldabonazo fue la cadena por la independencia celebrada el 11 de septiembre de este año y que una vez más volvió a sacar a cerca de un millón de personas a la calle.

La burguesía catalana ya no ve con la misma simpatía el proceso, ahora que es una realidad tangible. Las constantes advertencias de la Unión Europea sobre la salida de Catalunya ante un eventual proceso de independencia y, sobre todo, la animadversión que lo catalán está generando en España, mercado natural de la mayoría de empresas catalanas, hacen que los industriales vean ahora el proceso con honda preocupación.

Influencia de La Caixa

El pasado lunes 9, el presidente de La Caixa, Isidre Fainé, se reunió con el presidente de la Generalitat, Artur Mas, para pedirle que modere sus posiciones y retrase al máximo la convocatoria del referéndum. La respuesta de Mas fue un taxativo no.

La influencia de La Caixa sobre Godó es notoria y no parece casual que, al día siguiente de la reunión entre Fainé y Mas, el conde de Godó ejecutara el relevo de Antich por Màrius Carol, un hombre de la casa y de la máxima confianza del editor de La Vanguardia.

Aunque Carol, en algunas de sus intervenciones en la radio del Grupo Godó, RAC1, ha defendido durante el último año el proceso soberanista emprendido por el Gobierno de Catalunya con el apoyo de ERC, Iniciativa per Catalunya y la CUP, está considerado un moderado. Además cabe destacar que, antes de ser nombrado director de comunicación del Grupo Godó, ejerció durante años como corresponsal para la Casa Real.

El nuevo director de La Vanguardia tomará posesión de su cargo el día 17, después de que el conde de Godó cumpla los trámites de informar al consejo de administración.

A quien no comunicó el relevo fue al Gobierno de la Generalirat, al que ha cogido con el pie cambiado. Especialmente porque el jueves convocó una cumbre de urgencia con los partidos que apoyan la consulta para pactar la pregunta que se formulará, caso de celebrarse, y la fecha. La convocatoria será el 9 de noviembre de 2014 y la pregunta será mucho más alambicada de lo que pretendían los independentistas más radicales: “¿Quiere que Catalunya sea un Estado soberano?” y, en caso afirmativo, “¿Quiere que sea un Estado independiente?”.

La cuestión es si la pregunta pactada habría sido la misma de no haberse producido el relevo al frente de La Vanguardia, si los partidarios del referéndum hubieran contado con el apoyo del rotativo más influyente de Catalunya.

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