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El sol y el ladrillo ponen patas arriba la demografía española

Belén Carreño / Belén Picazo

La población en España se movilizó durante la crisis al calor del sol y el ladrillo, la peligrosa combinación que disparó el boom económico. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha dibujado hoy la radiografía de la distribución de los habitantes españoles y el panorama deja pocas dudas: un norte con su economía en declive y la industria en horas bajas que se queda despoblado y envejecido, frente a una costa y unos pueblos dormitorio en el centro de la península que crecen vertiginosamente.

De muestra, un botón. El municipio de España que más creció en términos relativos en la década 2001 y 2011 fue Yebes (Guadalajara), que multiplicó por diez su población, hasta los 2.099 habitantes. Yebes es desafortunadamente famoso por tener en su municipio el PAU de Valdeluz, una de los muchos PAU fantasma que salpican la geografía española. Yebes pasará a la historia por su polémica estación lanzadera del AVE, la tierra prometida que atrajo a miles de habitantes. Cuatro de los diez municipios que más crecieron en España en ese periodo se sitúan en la provincia de Guadalajara.

En el grueso de los municipios de más de 10.000 habitantes que vieron su población aumentar más en términos relativos en estos diez años se encuentran municipios también tristemente famosos por su pinchazo inmobiliario como Seseña, cuya población creció un 252% en la década. Las localidades dormitorio situadas en los aledaños de las provincias de Madrid, Guadalajara y Toledo son las que atrajeron más población en esos diez años. Una excepción corona esta estadística del INE, la del pueblo de Egüés, en Navarra, cuya población creció en un 407% en la década. En Egüés se encuentran las sedes de Acciona y Gamesa, dos empresas españolas centradas en las energías renovables que marcan un hecho diferencial en este listado de pueblos engordados por el ladrillo.

Pero donde se ve la consecuencia más triste de esta reorientación de la población ligada al modelo económico del país es en la huida de la población de las que fueron en una época las localidades con mayor tirón industrial. Así, siete de los diez municipios que perdieron más habitantes en la primera década del siglo están en Asturias.

En el listado de los veinte municipios mayores de 10.000 habitantes que más población han perdido solo hay una localidad que no se encuentra en la mitad norte peninsular española, Cádiz, que precisamente también acoge un importante foco industrial. El resto de las poblaciones dibuja un solitario arco por la cordillera cantábrica ya que se distribuyen por A Coruña, Asturias, Cantabria y País Vasco. Sin embargo, el pueblo que ha visto en términos relativos como un 18% de su población se perdía es Villabino, en León, un núcleo minero clave del siglo pasado.

Esta emigración de las pequeñas ciudadades industriales del norte ha dado también lugar a una agudización en el proceso de envejecimiento de la población que permanece. Asturias es la comunidad autónoma con edad media más elevada, 46,3 años, frente a los 41,5 de la media nacional. Le siguen Castilla y León, Galicia y País Vasco. De hecho, con excepción de Extremadura, todas las comunidades que superan la media nacional se sitúan en la mitad noroeste de la península. En el otro extremo las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, y Murcia cuyo residente medio tiene 38,7 años.

A raíz de la eclosión de la crisis y de la creciente destrucción de empleo en las provincias con más exposición al modelo de ladrillo y sol, se da la paradoja de que las regiones que han visto cómo huía su población y sus ciudadanos envejecían son ahora las que tienen una menor tasa de paro. Por el contrario, los jóvenes (con una gran presencia de extranjeros en este colectivo) que se desplazaron a la costa para encontrar un futuro mejor viven ahora en comunidades autónomas con altísimas tasas de desempleo.

En cualquier caso, el proceso de envejecimiento es imparable en toda España. Así, pese a la llegada de casi seis millones de inmigrantes en la década, la población española se ha envejecido en 1,5 años. Así, el INE destaca cómo ha aumentado el peso relativo del grupo de población de los españoles que tienen entre 40 y 64 años frente al grupo de 16 a 39 años cuya proporción ha disminuido abruptamente.

Esta variación ha hecho subir la conocida como tasa de dependencia, esto es, el número de españoles que no pueden trabajar frente a los que están en edad activa. Si en 2001 se situaba en un 0,485, en 2011 alcanzó el 0,500. Así, por cada persona en edad no activa hay dos en edad de trabajar. Esta ratio es muy importante porque se llegó a especular con su utilización para marcar la sostenibilidad del sistema de pensiones.

La llegada de extranjeros también ha modificado en gran medida el mapa de la población en España. La localidad más envejecida de España es Rojales, en Alicante, pero no por sus oriundos si no por el elevado número de extranjeros que han venido a disfrutar de su retiro en esta población. Se da el caso además de que los cinco municipios mayores de 10.000 habitantes con una proporción de población extranjera más elevada están en Alicante.

Sin embargo, esta influencia de la población extranjera es la excepción que cumple la regla ya que en general, los inmigrantes que han llegado a España en la última década lo han hecho para trabajar de forma humilde. Así, las diez provincias con mayor presencia de extranjeros se sitúan en el arco mediterráneo, desde Girona hasta Málaga. En el listado se cuela Guadalajara, que cierra la lista. Uno de cada cinco habitantes de Alicante, Girona, Baleares y Almería es extranjero. La cifra choca con la proporción de inmigrantes de Córdoba, por ejemplo, donde solo un 3% de la población ha venido de fuera. O también con el número de habitantes extranjeros en Ubrique (Cádiz) donde solo uno de cada cien es de fuera.

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