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La policía de EEUU es más propensa a cachear, esposar o rociar con gas pimienta a personas negras

Protestas raciales en EEUU tras la muerte de dos jovenes negros a manos de la policia

Teguayco Pinto

Los recientes homicidios de hombres negros a manos de la policía que han tenido lugar en EEUU han reavivado los viejos problemas raciales que arrastra el gigante norteamericano. A nadie se le escapa el pasado racista de este país, pero ¿se puede decir que que estas muertes son debidas al racismo policial? Sin duda la pregunta es compleja, aunque la realidad es que sigue habiendo sesgos racistas entre la policía, tantos como los hay en el resto de la sociedad.

Muchos estudios han mostrado que los agentes de policía tienen los mismos sesgos inconscientes hacia las minorías, en particular hacia los negros, que el resto de la población estadounidense. La cuestión es cómo influyen estos sesgos racistas a la hora de ejercer la fuerza, especialmente cuando se hace un uso letal de la misma.

Los datos

Lo más habitual en estos casos es ir primero a los datos y los de personas fallecidas a manos de la policía son los más evidentes. Durante 2015 la policía estadounidense mató a 1.146 personas, según los datos publicados por el diario británico the guardian. Del total de fallecidos, más de la mitad, 581, eran blancos, 346 negros, 195 latinos, 24 asiáticos y 13 nativos americanos, más otros 27 sin identificar.

Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de porcentajes respecto a cada grupo de población. La mayor proporción de muertes se la lleva la población negra, con 7,27 fallecidos por millón de habitantes, seguida de los latinos con un 3,51, los nativos con un 3,4, los blancos con un 2,93 y los asiáticos con un 1,34. Proporciones similares a las que se han dado en lo que va de año.

Además, la situación es especialmente crítica entre los jóvenes afroamericanos de entre 15 y 34 años, que pese a suponer apenas un 2% de la población del país, registran el 15% de las muertes a manos de la policía. Finalmente, cabe destacar que un tercio de los fallecidos fueron identificados como personas desarmadas según las autoridades.

¿Hay racismo a la hora de disparar?

Sin embargo, los datos en bruto no indican en sí mismos si las muertes son debidas o no al racismo de la policía o si se deben a otros factores sociales. Varios investigadores, fundamentalmente estadounidenses, han abordado este tema durante los últimos años, sin embargo, un estudio reciente del que se ha hecho eco el New York Times ha levantado cierto revuelo estos días.

El estudio en cuestión, realizado por el profesor de economía de Harvard Roland Fryer y publicado el pasado lunes por la Oficina Nacional de Investigación Económica, muestra como los hombres y las mujeres negras son tratados de manera diferente por las fuerzas del orden.

Según Fryer, la policía es más propensa a cachear, esposar, tirar al suelo o rociar con gas pimienta a individuos afroamericanos, independientemente de la situación en la que se encuentren. Sin embargo, y ahí viene la controversia, con respecto a la utilización de armas de fuego el estudio no ha encontrado ningún sesgo racista.

Fryer analizó los informes policiales de más de 1.300 tiroteos que tuvieron lugar en 10 ciudades del país, de los que unos 900 no resultaron en muerte. Según los resultados de este investigador, los agentes son más propensos a disparar cuando los sospechosos son blancos.

Este resultado parece entrar en contradicción con los datos de fallecidos e incluso con resultados de estudios anteriores, como el que se publicó en noviembre del pasado año en la revista PLoS One, que determinó que un hombre negro desarmado tiene 3,5 veces más probabilidades de recibir un disparo de la policía que un blanco en su misma situación.

Los datos provienen de la policía

El autor de aquel estudio, el profesor de antropología de la Universidad de California, Cody Ross, ha asegurado a eldiario.es que el estudio de Fryer es un “buen trabajo de investigación”, pero añade que tiene “importantes defectos”, que el propio Fryer reconoce.

Efectivamente, el economista de Harvard realiza varias advertencias en su artículo a la hora de interpretar los resultados, como que éstos se basan en los datos ofrecidos por los propios departamentos de policía. “Es como si hiciéramos un análisis de discriminación racial en el mundo laboral a partir de los datos ofrecidos por los departamentos de recursos humanos de las empresas”, advierte Fryer en su artículo.

“Simplemente no me fío de los datos que la policía ha decidido distribuir”, afirma Ross. Este investigador insiste en que “solo porque en algunos departamentos (que eligieron publicar algunos de sus datos) no se muestran prejuicios raciales, no significa que en promedio no exista un sesgo racial”. Precisamente para evitar este posible sesgo en los datos, el estudio de Ross no se basó en informes policiales, sino en una base de datos abierta sobre tiroteos en EEUU.

A pesar de ello, el estudio de Fryer es más exhaustivo, pues cuenta con mayor número de datos con los que realizar en análisis. Este investigador insiste en que sus resultados no implican que no exista racismo entre los agentes, sino todo lo contrario. Fryer llama la atención sobre las grandes diferencias en el trato cotidiano que la policía da a la población negra. Una violencia no letal, aunque constante y constatada, sobre la que apenas hay consecuencias.

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